“El Druida”: un espacio gastronómico libre de gluten que combina salud, cultura y calidez

En una entrevista con Gabriel, uno de sus impulsores, conocimos el corazón de “El Druida”, un comercio familiar que nació como una alternativa saludable para personas con celiaquía y que hoy es mucho más que una casa de té: es un lugar de encuentro, cultura, inclusión alimentaria y compromiso con la comunidad.

El silencio de la siesta en Pueblo Esther contrasta con la calidez que se respira al entrar a “El Druida”, un lugar que invita no solo a tomar el té, sino a compartir una experiencia distinta. Entre el aroma a pan recién horneado, la estética cuidada con aires antiguos y el murmullo suave de quienes eligen el espacio para leer, charlar o simplemente disfrutar, se va desplegando una historia de esfuerzo, sensibilidad y visión.

Gabriel, uno de sus creadores, nos recibió para contar cómo nació este proyecto que se convirtió en un punto de referencia local. “El Druida nació hace muchos años como una iniciativa familiar”, explicó. La historia comienza con la elaboración casera de dulces, mermeladas, jaleas y frutas en almíbar. Pero todo tomó un nuevo rumbo a partir de un diagnóstico que atravesó profundamente a la familia: primero su hija y luego él fueron diagnosticados con celiaquía.

Esta noticia cambió no sólo su alimentación, sino también su forma de habitar la cocina. “Tuvimos que aprender a cocinar de nuevo, literalmente. El primer pan de arroz que hice te podía lastimar un pie”, recuerda entre risas. Lo que comenzó como una necesidad se transformó en pasión y desafío. La familia se capacitó intensamente, haciendo cursos de noche en Rosario, especialmente en panificación sin TACC. Así, lo que originalmente iba a ser una gran cocina para producción se convirtió en una casa de té sin gluten, única en la zona.

En poco tiempo, el espacio superó las expectativas. “La idea era que sea un proyecto a largo plazo, algo para tener andando cuando nos jubilemos. Pero explotó en el primer año”, relata Gabriel. Lo que empezó con él, Alejandra y una ayudante, hoy involucra a un equipo consolidado, que creció junto con la demanda y el cariño de los clientes. A lo largo del tiempo, se sumaron espacios, mesas, actividades y propuestas que transformaron a El Druida en un verdadero punto de encuentro.

En términos gastronómicos, el lugar no solo garantiza que todo es 100% libre de gluten, sino que cumple con los más altos estándares de seguridad alimentaria. Gabriel cuenta que participaron activamente del proceso de habilitación como comercio libre de gluten, incluso cuando aún no existía una legislación municipal específica al respecto. “Nos invitaron a participar de la Expo Libre de Gluten del Litoral, pero para eso teníamos que contar con una habilitación específica. En la Municipalidad nos dijeron que no existía esa legislación, entonces nos pusimos a trabajar juntos para crearla”, recuerda. Así, analizaron productos, hisoparon mesas, se hicieron controles de producción y se concretó la extensión de la habilitación con resultados totalmente satisfactorios.

Gracias a ese impulso, Pueblo Esther hoy cuenta con una ordenanza que promueve la seguridad del consumidor celíaco, fruto del trabajo conjunto entre emprendedores, funcionarios y concejales. Esta normativa no busca sancionar sino brindar herramientas, información y acompañamiento a todos los comercios que quieran sumar opciones sin TACC en condiciones seguras. “Está bueno que se abra el juego y que jueguen todos”, remarca Gabriel, convencido de que compartir el conocimiento es una manera de cuidar a la comunidad.

Pero El Druida no es solo gastronomía. Desde su concepción, la casa de té fue pensada como un espacio cultural. Bajo las cafeteras hay una pequeña biblioteca de libre acceso. Hay juegos para niños, libros a mano y una invitación permanente a quedarse, leer, conversar. En alianza con propuestas como Indómita, realizan actividades literarias para las infancias. También organizan cenas temáticas, como la que realizaron por su segundo aniversario con menú de cocina rusa adaptada sin gluten. “Se puede hacer todo sin gluten. Rico, sabroso y sano. Solo hay que animarse”, asegura Gabriel.

Y si hablamos de seguridad alimentaria, El Druida es sinónimo de garantía. “Acá no entra gluten. No hay contaminación cruzada posible porque directamente no usamos harina de trigo en ninguna parte del proceso. Todo está pensado para que quien venga, celíaco o no, pueda disfrutar sin preocuparse”, enfatiza. En ese sentido, destaca que los análisis incluyeron hisopados al azar y controles sobre máquinas, superficies y productos. “No confiamos en nadie que no sea el equipo. Controlamos todo”, dice con convicción.

La estética del lugar también es parte de su identidad. Con aberturas antiguas y detalles que remiten a una casa de campo, el ambiente fue cuidadosamente pensado. “No sabíamos bien qué iba a ser esto cuando lo armamos, pero queríamos que se sintiera como un lugar donde uno pueda relajarse, como si estuviera de vacaciones”, comenta. Y lo lograron. Muchos clientes coinciden en que El Druida es un refugio en medio del trajín diario.

Las redes sociales también fueron una pieza clave. Con imágenes cuidadas, descripciones cálidas y una comunicación cercana, lograron que la propuesta se viralice, especialmente entre personas que buscan espacios seguros para comer sin gluten. “Hoy todo pasa por las redes. Es la forma de mostrarnos, de contar lo que hacemos, de vincularnos”, sostiene Gabriel.

El horario de atención es otro aspecto particular: abren de jueves a domingo, con turnos por la mañana y por la tarde. Jueves y viernes de 17 a 20, y sábados y domingos de 9 a 12:30 y de 17 a 20. Y aunque durante la entrevista bromeaban con que ese día era “horario especial”, lo cierto es que el equipo está siempre en movimiento, creando nuevas recetas, planificando eventos y buscando seguir creciendo.

“El Druida” es una demostración de cómo una dificultad puede transformarse en una oportunidad. Con dedicación, conocimiento y corazón, esta familia construyó un espacio único en Pueblo Esther, donde la salud, la inclusión, la cultura y la calidez van de la mano. Un lugar donde se come rico, se charla, se aprende y, sobre todo, se celebra la posibilidad de compartir sin barreras.

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