Valentina Da Silva Alves: la voz de Pueblo Esther que llegó a la final del Pre Cosquín

Acompañada por el guitarrista Gastón Hermier, la joven cantora fue finalista en el rubro Solista Vocal en el certamen más importante del folklore argentino. En diálogo con Radio Enlace, repasó el camino recorrido, la experiencia en el escenario Atahualpa Yupanqui y el valor del trabajo colectivo.

Llegar al escenario mayor de Cosquín no es un hecho menor para ningún músico argentino. Mucho menos cuando se trata de una primera experiencia en el certamen. Valentina Da Silva Alves, vecina de Pueblo Esther, lo logró en su debut: fue finalista del Pre Cosquín 2026 en el rubro Solista Vocal, acompañada en guitarra por Gastón Hermier, tras superar una extensa y exigente instancia que reunió a representantes de 58 sedes de todo el país.

La noticia generó un fuerte impacto en la comunidad local, que siguió con orgullo cada paso del proceso. Sin embargo, como contó la propia Valentina, su recorrido venía gestándose desde hacía meses. “Gané la sede Rosario en octubre y nadie se enteró en ese momento. Después, de a poco, se empezó a difundir y llegaron muchísimas felicitaciones”, relató.

El Pre Cosquín es un certamen federal que funciona como antesala del Festival Nacional de Folklore. Cada sede selecciona a sus representantes en distintos rubros de música y danza, quienes luego compiten en Cosquín por un lugar en el escenario Atahualpa Yupanqui. En el caso del rubro Solista Vocal, es el único que permite hasta dos ganadores por sede, sin distinción de género.

“Este año hubo 58 sedes en todo el país. Solo en mi rubro éramos más de 100 participantes. Llegar a la final y quedar entre los últimos 22 ya fue muchísimo”, explicó Valentina, dimensionando la magnitud del certamen y el nivel de exigencia al que se enfrentó.

Junto a Gastón Hermier, con quien trabaja desde 2022, viajaron a Cosquín el 10 de enero sin saber exactamente qué día les tocaría cantar. “Me enteré recién el mismo 11 que cantaba el 12. Ese día se dieron los resultados y pasamos a la siguiente ronda. Todo fue muy intenso”, recordó.

A pesar de la carga simbólica del lugar y de la historia que pesa sobre ese escenario, la experiencia fue distinta a lo que imaginaba. “Pensé que me iba a dar un ataque de pánico. El escenario es enorme, muy imponente, y uno sabe quiénes pasaron por ahí. Pero la verdad es que estuvimos tranquilos, relajados. Subimos, cantamos y lo disfrutamos mucho más de lo que esperaba”, confesó.

El repertorio fue otro de los grandes desafíos. Para el certamen, cada participante debe presentar una lista de seis canciones, que luego pueden ser requeridas en distintas instancias. “Hay que buscar temas que no estén tan quemados, pero que a la vez te gusten y te representen. Yo soy muy quisquillosa: si no me gusta un tema, no me sale igual”, explicó. Sambas, chacareras, chamamé y huella formaron parte de una selección pensada para destacar la voz y transmitir emoción.

Aunque fue su primera vez en un concurso de este tipo, Valentina llegó lejos. Y eso no estaba en sus planes iniciales. “Yo no soy de los concursos. De hecho, fui porque me insistieron muchísimo. Les decía a Gastón: vamos, cantamos, lo disfrutamos y nos volvemos. Nunca pensé en llegar hasta la final”, reconoció.

El acompañamiento fue clave. En especial, el de la comunidad artística que integra El Aparcero, espacio cultural de Pueblo Esther del que forma parte desde muy joven. “Ellos fueron los que insistieron, los que me empujaron. Viajamos todos juntos, éramos como una familia. Eso te sostiene mucho”, destacó.

La música atraviesa la vida de Valentina desde la infancia. Comenzó a estudiar piano a los ocho años, pasó por la Escuela Municipal de Música de Rosario y continuó su formación en el profesorado. Más tarde sumó la guitarra de manera autodidacta y el canto, encontrando en la interpretación vocal un espacio de expresión que la libera de su timidez. “Para hablar soy bastante tímida. Cuando canto me suelto más”, admitió.

El paso por Cosquín dejó huellas, tanto emocionales como físicas. “Hubo mucha ansiedad. No dormía bien, comía poco. Cuando volví me di cuenta de que había bajado varios kilos”, contó. Aun así, el balance fue profundamente positivo. “Las devoluciones de los jurados fueron muy buenas. Saber que distintas personas, en distintos momentos, valoraron lo que hago, te da confianza”.

Por ahora, no piensa en volver a competir. “Hoy te digo que no. Fue hermoso, pero también muy estresante. Capaz más adelante cambio de idea”, dijo entre risas. Lo que sí continúa es el camino artístico: ya tiene presentaciones confirmadas, entre ellas una peña en Pueblo Esther y actuaciones en Arroyo Seco y Rosario.

Sin ganar el certamen, Valentina Da Silva Alves logró algo igual de valioso: vivir una experiencia transformadora, validar su recorrido y llevar la voz de Pueblo Esther a uno de los escenarios más emblemáticos del folklore argentino. Un logro colectivo, construido con trabajo, compromiso y pasión por la música.