El cardiólogo Mariano Athie habló en Enlace de Noticias sobre hipertensión arterial, prevención, alimentación, estrés y las consecuencias que esta condición produce sobre órganos vitales como el corazón, el cerebro y los riñones.
En una nueva columna de salud en el programa Enlace de Noticias, el médico clínico y columnista Dr. Juan Carlos Singereisky entrevistó al cardiólogo Mariano Athie para abordar una problemática que atraviesa a millones de personas: la hipertensión arterial. En el marco de la Semana Mundial de la Hipertensión, el especialista explicó cómo esta condición se relaciona no sólo con factores biológicos, sino también con el estrés social, las condiciones laborales y los hábitos alimentarios impuestos por la vida cotidiana.
La entrevista comenzó atravesada por el contexto político y sanitario actual. Mientras en distintas ciudades del país se desarrollaban movilizaciones en defensa de la salud pública, Athie describió el impacto que también atraviesa al personal médico. “Nosotros somos los amortiguadores de una sociedad que está rota, dañada. Padecemos los embates del pluriempleo y además tenemos que contener problemas de salud mental y situaciones sociales complejas mientras nosotros mismos estamos atravesados por las mismas dificultades”, sostuvo.
En ese marco, el cardiólogo planteó que la hipertensión no debe entenderse solamente como una enfermedad aislada, sino como una “condición multifactorial” vinculada directamente a las formas actuales de vida. “Vivimos en una sociedad atravesada por la sobreinformación, las crisis económicas, las guerras, el estrés laboral, la mala alimentación y el poco tiempo para las necesidades básicas. Todo eso repercute directamente sobre el cuerpo”, explicó.
Athie detalló que actualmente los parámetros médicos consideran normal una presión arterial menor a 130/80 y remarcó que la hipertensión suele avanzar de manera silenciosa. “La presión arterial no es estática. Cambia continuamente según el estrés, el dolor físico, las emociones o la actividad diaria. Una persona puede tener la presión elevada por una situación puntual y eso no significa necesariamente que sea hipertensa. Pero cuando esos valores se sostienen en el tiempo, el daño empieza a producirse”, afirmó.
Durante la charla, el especialista insistió en la importancia de los controles periódicos y cuestionó incluso la falta de controles básicos en algunas consultas médicas. “Muchos médicos no toman los signos vitales y eso es esencial. Con uno o dos controles al año bien realizados se podría detectar a tiempo muchísimos casos”, indicó. También desarmó algunos mitos habituales: “La hipertensión generalmente no da síntomas. El dolor de cabeza o la tensión muscular muchas veces elevan momentáneamente la presión, pero no necesariamente significan hipertensión”.
El cuerpo empieza a adaptarse al daño
Uno de los puntos centrales de la entrevista estuvo vinculado a las consecuencias que la hipertensión produce sobre distintos órganos vitales. Athie explicó que el organismo va modificándose lentamente frente a la presión elevada y que esas adaptaciones terminan generando enfermedades severas.
“El corazón cambia de forma, se engrosan sus paredes, se dilatan cavidades. El cerebro sufre pequeños infartos silenciosos, los vasos se dañan, los riñones empiezan a deteriorarse y las retinas muestran signos claros del impacto de la hipertensión”, describió.
En ese sentido, explicó que uno de los estudios fundamentales para detectar daño es el fondo de ojo. “La retina es el único lugar donde podemos observar las arterias directamente. Ahí podemos ver si ya existe daño vascular producido por la presión elevada”, señaló.
Además enumeró algunas de las enfermedades asociadas: infartos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia renal, arritmias cardíacas y problemas visuales severos. “Cuando la hipertensión deja de ser una condición y pasa a ser una enfermedad aparecen todas estas complicaciones, muchas veces evitables con prevención y controles tempranos”, remarcó.
Alimentación, estrés y sal: los factores que más influyen
El cardiólogo también hizo foco en los hábitos cotidianos y especialmente en el consumo de sodio. Explicó que muchas personas creen que reducen la sal simplemente dejando de agregarla a la comida, aunque gran parte del sodio ya está presente en productos industrializados.
“Todo tiene sodio: los conservantes, los realzadores de sabor, los alimentos ultraprocesados, incluso muchas aguas minerales. Si a eso se le suma poca hidratación y predisposición genética, el resultado termina siendo hipertensión”, advirtió.
Athie señaló que el riñón cumple un rol central en este proceso porque interpreta el exceso de sal y la falta de agua como una situación de deshidratación. “Entonces el cuerpo activa mecanismos hormonales para retener agua y sal. Ese sistema está pensado para sobrevivir, pero hoy se activa por hábitos de consumo completamente alterados”, explicó.
El especialista insistió además en la importancia de la actividad física, la hidratación y la reducción del sedentarismo como pilares fundamentales del tratamiento junto a la medicación cuando es necesaria.
Hacia el cierre, la entrevista dejó planteada una idea que atravesó toda la conversación: la hipertensión no puede analizarse únicamente desde una perspectiva individual. El deterioro de las condiciones de vida, la precarización laboral, el estrés social y las dificultades para acceder a una alimentación saludable aparecen como factores estructurales que impactan directamente sobre la salud de la población.
La prevención, coincidieron los profesionales, sigue siendo la herramienta más importante para evitar que una condición silenciosa termine transformándose en enfermedades graves e irreversibles.


