Javier Abrate: “No siempre más entrenamiento es mejor; la clave está en la dosis adecuada”

El preparador físico Javier Abrate analizó los desafíos actuales de la actividad física, el síndrome metabólico, el entrenamiento y la importancia de encontrar la dosis adecuada de ejercicio.

La actividad física suele asociarse automáticamente con salud. Sin embargo, detrás de esa afirmación aparentemente simple existe un universo complejo de conocimientos vinculados al movimiento, la fisiología, los hábitos de vida y las necesidades particulares de cada persona. Sobre estos temas reflexionó Javier Abrate durante una entrevista en el programa Garra y Gambeta, conducido por Mauricio Banchero y Silvio Constantino.

A lo largo de la charla, el preparador físico abordó algunos de los debates más actuales vinculados al entrenamiento deportivo, la salud metabólica y los cambios culturales que modificaron la relación de las personas con el movimiento.

Uno de los conceptos que atravesó toda la entrevista fue la necesidad de abandonar las recetas universales. Para Abrate, cualquier recomendación vinculada al ejercicio físico debería comenzar con una pregunta fundamental: “¿Para quién?”.

Al referirse a las discusiones frecuentes sobre ejercicios aeróbicos, anaeróbicos o trabajos de fuerza, explicó que la respuesta depende siempre de las características de cada individuo. En ese sentido, señaló que actualmente gran parte de la población convive con problemas asociados al síndrome metabólico, una condición relacionada con la pérdida de masa muscular, la acumulación de tejido adiposo y hábitos de vida cada vez más sedentarios.

“Tenemos una sociedad atravesada por una dieta proinflamatoria, exceso de ultraprocesados, falta de exposición al entorno natural, déficit de movimiento y niveles de estrés muy altos”, sostuvo. Desde esa perspectiva, cuestionó la idea de que largas sesiones de ejercicio de baja intensidad sean siempre la mejor estrategia para mejorar la salud.

Según explicó, en muchos casos los entrenamientos intermitentes de corta duración y mayor intensidad pueden resultar más eficientes para producir cambios metabólicos positivos. “La persona cree que mientras más tiempo hace actividad física mejores resultados va a obtener, pero eso no siempre ocurre”, señaló.

Para Abrate, uno de los errores más frecuentes es pensar que el entrenamiento funciona bajo una lógica de acumulación permanente. “Lo más difícil, tanto en deportistas como en personas que buscan mejorar su calidad de vida, es encontrar la dosis necesaria para seguir mejorando. No siempre más es mejor”, afirmó.

El movimiento como herramienta de salud

Durante la entrevista también cuestionó algunas creencias muy instaladas dentro del mundo del deporte y el fitness. Una de ellas es la idea de que el sufrimiento físico garantiza mejores resultados.

“El movimiento es el fármaco por excelencia”, sostuvo. Sin embargo, aclaró que, al igual que cualquier medicamento, sus efectos dependen de la dosis. “El fármaco para los griegos era al mismo tiempo remedio y veneno. Lo único que cambia es la dosis. Con el movimiento ocurre exactamente lo mismo”.

Desde esa mirada, explicó que una carga excesiva de entrenamiento puede terminar generando efectos contraproducentes, alterando procesos metabólicos, incrementando la fatiga y disminuyendo el rendimiento.

“La cultura del ‘sin dolor no hay ganancia’ está muy lejos de lo que sabemos hoy sobre entrenamiento”, planteó. Y agregó que muchas veces los entrenadores tienen más posibilidades de perjudicar a una persona por exceso de estímulo que por falta de él.

Abrate también se refirió al concepto de resistencia física, una capacidad que históricamente estuvo asociada a soportar el cansancio durante períodos prolongados. Según explicó, los avances en ciencias del deporte modificaron esa mirada.

“Hoy entendemos que la resistencia no es aguantar la fatiga sino retrasar su aparición”, señaló. Cuando el agotamiento aparece, explicó, se acumulan residuos metabólicos que afectan la calidad del movimiento y reducen la eficiencia biomecánica.

“Cuando uno entra en fatiga, el movimiento pierde calidad. Se vuelve menos eficiente y aumenta el riesgo de lesión”, afirmó.

Una sociedad cada vez más sedentaria

Otro de los aspectos destacados de la conversación estuvo relacionado con las transformaciones culturales que modificaron la relación de las personas con el movimiento desde la infancia.

Durante el intercambio surgió el concepto de “analfabetismo motriz”, utilizado por algunos especialistas para describir las dificultades crecientes que presentan niños y adultos para resolver desafíos físicos simples.

Abrate coincidió con esa mirada y explicó que la reducción del juego al aire libre, la exposición permanente a pantallas y la disminución de experiencias motrices diversas generan consecuencias que se observan a largo plazo.

“Antes los chicos trepaban árboles, corrían, se caían y aprendían a resolver situaciones físicas todo el tiempo. Hoy gran parte de esos estímulos desaparecieron”, sostuvo.

Según explicó, el movimiento no puede reducirse únicamente al desarrollo muscular porque involucra directamente al sistema nervioso. “Nosotros respondemos al entorno a través del movimiento. Cuando hay menos estímulos, también hay menos información para resolver los desafíos que aparecen en la vida cotidiana”.

Desde esa perspectiva, consideró que muchas dificultades observadas actualmente no son exclusivamente deportivas sino también sociales y culturales.

El desafío de recuperar el movimiento

Para Abrate, el principal desafío no pasa únicamente por aumentar la cantidad de ejercicio físico sino por recuperar una relación más saludable con el movimiento.

“La persona que decide empezar a moverse ya está dando un paso enorme. Lo importante es encontrar cuál es la herramienta adecuada para lo que le está pasando en ese momento”, sostuvo.

La reflexión final de la entrevista dejó una idea que atraviesa tanto al deporte de alto rendimiento como a la salud cotidiana: moverse es necesario, pero hacerlo de manera inteligente resulta tan importante como la actividad misma.

“Lo fundamental no es hacer más. Lo fundamental es hacer lo que corresponde para cada persona y en la dosis adecuada”, concluyó.