Valeria Baldoncini: “Derogar la ley de etiquetado frontal significa quitarle información a quienes consumen”

La psicóloga y nutricionista Valeria Baldoncini cuestionó la posible derogación de la Ley de Etiquetado Frontal y defendió el derecho de los consumidores a acceder a información clara sobre los productos que consumen.

La posible derogación de la Ley de Etiquetado Frontal volvió a instalar el debate sobre el derecho a la información alimentaria, el rol de las grandes industrias y las políticas públicas de prevención en salud. En su columna de salud mental en Enlace de Noticias, la psicóloga y licenciada en Nutrición Valeria Baldoncini analizó los argumentos que circulan en torno a la normativa y cuestionó la iniciativa impulsada por el Gobierno nacional.

La profesional planteó que la discusión suele partir de una confusión conceptual entre alimentos y productos ultraprocesados. “Cuando hablamos de los octógonos no estamos hablando de alimentos. Estamos hablando de productos procesados y ultraprocesados. Un alimento es lo que encontramos en una verdulería, una carnicería o una pescadería. Lo otro son productos elaborados industrialmente con múltiples ingredientes y aditivos”, explicó.

Durante la columna, Baldoncini sostuvo que la ley surgió como una herramienta sanitaria destinada a garantizar información clara y accesible para toda la población, especialmente para quienes tienen mayores dificultades para interpretar tablas nutricionales o listados de ingredientes. “Es una de las pocas leyes sanitarias construidas desde profesionales de la salud sin conflictos de intereses. Lo que intenta es que las personas puedan elegir con información adecuada”, señaló.

La nutricionista recordó que antes de la implementación del etiquetado frontal gran parte de la información nutricional quedaba relegada a textos pequeños, difíciles de leer o comprender para la mayoría de los consumidores. “Muchas veces la información está en letra diminuta o en envases que ni siquiera llegan al consumidor final. Los octógonos simplificaron el acceso a esa información”, explicó.

El debate sobre los alimentos y los ultraprocesados

Uno de los argumentos utilizados por sectores que cuestionan la ley sostiene que los sellos negros terminan “demonizando” determinados productos. Baldoncini rechazó esa interpretación y consideró que el verdadero problema es la creciente presencia de ultraprocesados en la alimentación cotidiana.

“Nadie va a desarrollar un trastorno alimentario por ver un octógono negro. Lo que hace el etiquetado es informar. Después cada persona decidirá qué consume”, afirmó. La profesional remarcó además que la alimentación no puede analizarse únicamente desde una perspectiva nutricional sino también cultural y social. “Comer es un acto cultural. Lo importante es que las personas sepan qué están consumiendo y puedan decidir con información”.

En ese sentido, explicó que muchas personas desconocen que los ingredientes en los envases aparecen ordenados según la cantidad presente en el producto, por lo que resulta habitual encontrar azúcar, harinas refinadas o grasas entre los primeros componentes de numerosos ultraprocesados.

Para Baldoncini, la ley permitió visibilizar una realidad que antes pasaba inadvertida para buena parte de la población. “Muchos consumidores comenzaron a descubrir que productos promocionados como saludables tenían niveles elevados de azúcar, sodio o grasas. Eso generó un cambio importante en la forma de comprar y consumir”, sostuvo.

Salud mental y trastornos alimentarios

Otro de los aspectos abordados durante la columna fue la utilización de los trastornos de la conducta alimentaria como argumento para cuestionar el etiquetado frontal. La psicóloga consideró que se trata de una asociación incorrecta y que puede generar confusión sobre problemáticas complejas de salud mental.

“Los trastornos de la conducta alimentaria son padecimientos de salud mental. No aparecen porque una persona vea un octógono negro en un envase. Son problemáticas mucho más profundas que requieren abordajes interdisciplinarios”, explicó.

Desde su doble formación profesional, Baldoncini señaló que la nutrición acompaña esos tratamientos, pero que las causas de estos trastornos exceden ampliamente la información presente en los productos alimenticios. “Sería tan absurdo como pensar que podemos diagnosticar una depresión observando qué come una persona”, ejemplificó.

La especialista adelantó además que en futuras columnas profundizará sobre trastornos alimentarios, con el objetivo de desmontar mitos frecuentes y aportar herramientas para comprender una problemática que afecta especialmente a adolescentes y jóvenes.

“Sin etiquetado quedamos más desprotegidos”

Baldoncini también destacó que la implementación de los octógonos generó cambios dentro de la propia industria alimentaria. Según explicó, muchas empresas reformularon productos para reducir excesos de azúcar, sodio o grasas y así evitar los sellos de advertencia.

“Las industrias tuvieron que mejorar parte de sus productos porque los consumidores empezaron a prestar atención. Eso demuestra que la ley produjo efectos concretos”, señaló.

Por ese motivo, consideró que una eventual derogación implicaría un retroceso en materia de derechos de los consumidores. “La mayoría de las personas modificó de alguna manera sus decisiones de compra a partir de esta información. Si los sellos desaparecen, volvemos a quedar a ciegas frente a productos que muchas veces se presentan como saludables cuando no lo son”, afirmó.

Para la profesional, el debate de fondo excede a una ley específica y se vincula con el modelo alimentario predominante. “Tenemos que volver a poner el foco en los alimentos reales, en cocinar más, en recuperar la relación con lo que comemos y en reducir la dependencia de los ultraprocesados”, concluyó.

La discusión sobre el futuro de la Ley de Etiquetado Frontal continúa abierta, pero para Baldoncini existe una premisa central que no debería perderse de vista: garantizar información clara es una condición indispensable para que las personas puedan ejercer plenamente su derecho a elegir qué consumen.