Mauricio Banchero analizó el impacto del aumento del boleto interurbano entre Pueblo Esther y Rosario y advirtió que el transporte ya consume más de un tercio de un salario promedio.
El nuevo aumento del transporte interurbano volvió a poner en evidencia una realidad que miles de trabajadores, estudiantes y familias de la región enfrentan cada mes: el creciente peso del costo de movilidad sobre los ingresos. En su análisis en Enlace de Noticias, Mauricio Banchero abordó el impacto concreto que tiene el valor actual del boleto entre Pueblo Esther y Rosario y lo vinculó con las políticas nacionales implementadas desde fines de 2023.
Según los cálculos presentados durante el programa, una persona que viaja todos los días desde Pueblo Esther a Rosario para trabajar debe destinar actualmente alrededor de 240.000 pesos mensuales solamente en transporte. Tomando como referencia un salario promedio de 700.000 pesos, el gasto representa cerca del 34% de sus ingresos.
“Estamos hablando de un servicio esencial que hoy consume más de un tercio de un sueldo promedio. Es muchísimo si se compara con otros gastos básicos como la luz o el gas”, señaló Banchero durante la emisión.
El conductor remarcó que el problema no puede analizarse únicamente desde el valor nominal del boleto, sino en relación con la evolución de los salarios. “Lo importante no es solamente cuánto valen las cosas, sino cuánto vale tu sueldo frente a esos aumentos”, sostuvo.
Un boleto que aumentó casi 600% en dos años y medio
Durante el análisis se repasó la evolución de la tarifa interurbana desde diciembre de 2023 hasta la actualidad. En aquel momento, el boleto entre Pueblo Esther y Rosario costaba 840 pesos. En marzo de 2024 superó los 2.000 pesos, en diciembre de ese mismo año alcanzó los 3.400 pesos y actualmente ronda los 5.800 pesos por tramo.
Según los datos expuestos en el programa, el incremento acumulado supera el 597% en poco más de dos años.
Para Banchero, el salto más brusco se produjo durante los primeros meses posteriores al cambio de gobierno nacional y respondió principalmente a dos decisiones políticas: la eliminación de los subsidios nacionales al transporte del interior del país y la liberación del precio de los combustibles.
“La quita del Fondo Compensador al Transporte y el aumento constante del gasoil explican gran parte de lo que pasó con el boleto”, afirmó.
En contraste, señaló que los salarios evolucionaron a un ritmo considerablemente menor. “Los ingresos aumentaron muy por debajo de lo que aumentó el transporte. Ahí aparece una de las explicaciones de por qué cada vez cuesta más llegar a fin de mes”, planteó.
El impacto sobre trabajadores y estudiantes
La columna puso especial atención en las consecuencias que esta situación genera sobre quienes deben trasladarse diariamente para trabajar o estudiar.
Banchero mencionó el caso de una joven trabajadora que percibe un salario cercano a los 600.000 pesos mensuales y debe viajar regularmente a Rosario mientras cursa estudios superiores.
“Cuando empezás a sumar transporte, materiales de estudio, alimentación y otras necesidades básicas, el sueldo prácticamente desaparece”, explicó.
La situación también afecta a las familias que sostienen económicamente a estudiantes universitarios. Aunque continúan vigentes beneficios como el medio boleto estudiantil, el incremento general de los costos vinculados a la educación superior genera una presión cada vez mayor sobre los presupuestos familiares.
En ese contexto, el conductor recordó datos recientes que muestran un crecimiento de estudiantes que combinan trabajo y estudio para poder sostener su formación académica.
“Antes eran más los jóvenes que podían dedicarse exclusivamente a estudiar. Hoy la realidad muestra que la mayoría necesita trabajar para mantenerse”, sostuvo.
El debate sobre subsidios y rentabilidad empresarial
Otro de los ejes planteados durante el análisis fue el rol del Estado en el financiamiento del transporte público.
Banchero cuestionó el concepto de “sinceramiento tarifario” utilizado en distintos momentos por gobiernos nacionales para justificar aumentos. Según explicó, cuando se eliminan subsidios estatales, el costo deja de distribuirse colectivamente y pasa a recaer directamente sobre los usuarios.
“Lo que antes era absorbido parcialmente por el Estado hoy lo paga cada trabajador con su salario”, señaló.
Asimismo, planteó la necesidad de abrir una discusión sobre la rentabilidad de las empresas concesionarias del transporte.
“Siempre se habla de costos, combustibles o subsidios, pero pocas veces se debate cuánto ganan las empresas y cuál es el margen de rentabilidad que mantienen mientras el servicio sigue aumentando”, expresó.
La reflexión final apuntó a una preocupación que atraviesa a buena parte de las ciudades dormitorio del área metropolitana rosarina: el acceso al transporte como condición indispensable para estudiar, trabajar y sostener proyectos de vida.
“Cuando el costo de trasladarse se vuelve inaccesible, lo que se pone en discusión no es solamente una tarifa. Se pone en discusión la posibilidad de acceder al trabajo, a la educación y a oportunidades que muchas veces están fuera de la ciudad donde uno vive”, concluyó.



