Nuestro último gran héroe colectivo

Por Camila Solari

Que solo y vacío se hubiera sentido el mundo si no existieran tus poesías. Con palabras elegantes te pusiste a contar secuencias de esquina. Aquello que solo pasa estando en el barro. Un barro habitado por rotos y mal parados. Fuiste capaz de tocar esos nervios
profundos, que solo muestran lo que cargan cuando llega la noche. Y si la noche llega, supiste decirnos que, al contrario de lo que todos piensan, sí es una buena y necesaria consejera.

Nos obligaste a hacernos cargo. De nuestros dolores, nuestras angustias, de nuestras nostalgias más sombrías. Pusiste al desnudo las miserias de la especie humana. Podemos hacernos los tontos, pero a la melancolía que oculta verdades nadie puede escaparle.
Entendimos entonces, que el dolor también podía ser cantado y bailado.

Nos enseñaste la finitud y la fragilidad de nuestra especie como nadie más pudo hacerlo. Esa delgada línea entre estar vivo y querer estarlo. Nos mostraste que la calle es nuestra mejor aliada para aprender cómo transitar la vida, porque ahí es donde se cocina el caldo.

Nos hablaste de Dios y del diablo. De la fé y del infierno. Y es que, en definitiva, todos somos un puñado de fé y un pedazo de infierno. Siempre me pregunte porque te gustaba tanto dialogar con Dios y coquetear con la muerte. Ahora entiendo que la muerte es parte de la vida. Pero acá abajo, los simples mortales de carne y hueso, los siempre rotos y mal parados, no somos más que una sopa de lágrimas.

El arte fue tu mejor trinchera para hablar de lo que había que hablar, cuando había que hacerlo. De cuajo nos asomaste al mundo para ver qué pasaba, y pasaba de todo. Había mucho mas que solo un baión para el ojo idiota. Noticias de ayer, buenas noticias y uno que pedía siempre temas en la radio (y nunca los quería oír). La historia la contaste sin manuales de escuela, sin libros de doctrina. La contaste con sentido común y conciencia de clase, camuflada entre metáforas ingeniosas y elegantes.

La muerte, esa tonta te vino a buscar ayer, vestida de negro y se llevo tu piel. Por eso hoy todos nos despertamos sintiéndonos un poco más solos en este mundo donde priman los odios, la guerras y los dolores, pero nos queda el consuelo que, de tu mano, aprendimos que en la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida, y que el futuro llego hace rato.

¿Cómo despedir a alguien que no se ha ido? Porque tu cuerpo no está, pero tu presencia está en el aire, no se ha ido aún. Difícilmente podría hacerlo. Todavía nos susurra al oído.

Así como nadie puede explicar a Dios, nosotros no podríamos explicarte. Porque no viniste a decir cómo entenderte, tan solo había que sentirte. Hoy este suelo bendito que supo temblar al ritmo de tu pogo, en una eterna misa, llora tu partida en una suerte de orfandad que hoy duele el doble, porque en tiempos en donde nuestro amo juega al esclavo, los rotos y mal parados, lloramos a nuestro último héroe colectivo.

Un héroe colectivo es aquel que une las masas para enfrentar las adversidades. No cualquiera puede serlo. Muchos pueden ser referentes, pero un héroe colectivo es otra cosa. Es esencia, es lucha, es dignidad, es comunidad, es justicia social. Todo eso se hizo carne en vos.

Hoy enfrentamos la adversidad de tu muerte, que estando juntos no es tristeza, es jolgorio. Hoy nuestra cultura purga ricota y el infierno está más encantador que nunca. Hoy fuiste una vez más, nuestro único héroe en este lío. La banda sí que suena tan linda hoy…

Gracias por hacernos sentir ricos gratis, en cada asado con amigos, en cada viaje, en cada tribuna compartida en una cancha. Gracias por decirnos que violencia es que nos mientan, que los vencedores también pueden ser vencidos. Gracias por nunca servirle a este sistema nefasto. Gracias por enseñarnos que la moda no es vanguardia, y que la dicha no es una cosa alegre. Gracias por decir que los muchachos no nacen malos, y que hay que prestar atención a lo bueno que estamos haciendo las muchachas. Gracias por hablar de los nietos que aún seguimos buscando, y de aquellos que aún purgan condena privados de su libertad. Gracias por defender nuestro derecho a la educación, y al aborto legal seguro y gratuito. Gracias por ser un artista peronista que dio la gracia que tenía para dar.

Los pibes te seguirán pintando en trapos y banderas, te seguirán haciendo remera como lo hicieron desde muchísimo antes de tu partida, y seguirán yendo corriendo a ver que escribe en la pared la tribu de su calle.

En los momentos de penumbra seguirás siendo nuestro ángel para tu soledad, y en los de algarabía, nuestra gran bestia pop. Te llevamos en el cuerpo y en la vida como una marca indeleble. Porque ciertos fuegos no se encienden frotando dos palitos (ni se apagan con solo soplar).

Hoy nuestro héroe colectivo, las cuentas, las deudas que entretenía, ya pagó. Se siente en paz… Adieu! Bye bye, aufwidersehen!