En una columna especial para Enlace de Noticias, la corresponsal de General Lagos, Ornella Toledo, reflexionó sobre el impacto que generó en la comunidad el doble filicidio ocurrido días atrás. El acompañamiento a la familia, el trabajo de las instituciones, el duelo de los compañeros de escuela y la necesidad de seguir construyendo conciencia sobre la violencia de género aparecen como algunos de los desafíos que enfrenta la localidad.
La conmoción sigue atravesando a General Lagos. A varios días del trágico hecho que terminó con la vida de dos niños de la localidad, el dolor continúa presente en las calles, las escuelas, los espacios culturales y cada uno de los ámbitos donde las víctimas compartían su vida cotidiana.
Durante una columna en Enlace de Noticias, la corresponsal de La República, Ornella Toledo, aportó una mirada centrada en la dimensión humana y comunitaria de la tragedia, alejándose del impacto policial para poner el foco en cómo una pequeña localidad intenta procesar colectivamente una pérdida que dejó una huella profunda.
“Yo creo que la primera reacción de toda la comunidad al enterarse fue un estado de shock total. Después empezó a aparecer una mezcla de tristeza, vacío y también bronca. Era algo que se respiraba en todo el pueblo”, describió Ornella al relatar las primeras horas posteriores al hecho.
La magnitud de la conmoción llevó a que la localidad atravesara tres días de duelo. Instituciones públicas, comercios y espacios comunitarios suspendieron actividades como forma de acompañamiento y respeto hacia la familia afectada. El Centro Cultural interrumpió sus talleres y la Comuna dispuso distintas acciones de acompañamiento para la madre de los niños, vecina y comerciante de General Lagos.
Uno de los aspectos que más impactó a los habitantes de General Lagos es que las víctimas formaban parte activa de la vida comunitaria. Los niños asistían a la escuela primaria local, participaban de actividades culturales y eran conocidos por docentes, compañeros, familias y vecinos. Esa cercanía hizo que el dolor trascendiera el ámbito familiar para convertirse en un duelo compartido.
Ornella contó que compañeros del niño mayor organizaron una concentración en la plaza principal de la localidad para homenajearlo, un gesto que reflejó la necesidad colectiva de encontrar espacios para expresar el dolor y despedirlo: lo que nos queda ahora es seguir acompañando. Las instituciones tienen que seguir presentes desde el lugar que cada una pueda, porque esto dejó una marca muy profunda en toda la comunidad”, señaló.
Más allá del dolor: las preguntas que una comunidad no puede dejar de hacerse
Si algo dejó en evidencia esta tragedia es que la violencia de género no es un problema privado ni una cuestión que afecte únicamente a quienes la padecen de manera directa. Sus consecuencias alcanzan a familias enteras, instituciones, comunidades y, en casos extremos como este, terminan destruyendo vidas inocentes.
Durante la entrevista, Ornella Toledo insistió en la necesidad de que el impacto emocional que atraviesa hoy General Lagos pueda transformarse también en una instancia de reflexión colectiva: “sabemos que esto fue producto de una venganza hacia la mamá, que fue un acto de violencia de género que ya venía teniendo antecedentes. Creo que también tenemos que invitarnos a reflexionar como comunidad, a pensar cómo se pueden evitar estas situaciones y qué cosas estamos viendo todos los días y muchas veces naturalizamos”, expresó.
La reflexión adquiere una dimensión aún más profunda porque las víctimas fueron dos niños. Dos infancias que formaban parte de la vida cotidiana de General Lagos y cuya ausencia hoy interpela a toda la comunidad: “nos arrebataron algo que es sagrado y muy puro, que son las infancias”, sintetizó la corresponsal al intentar explicar por qué el impacto trascendió rápidamente las fronteras de la localidad y conmovió a toda la región.
Uno de los aspectos que surgió durante la conversación fue la necesidad de recuperar la capacidad de escuchar y de intervenir cuando aparecen señales de alerta.
Ornella planteó que muchas veces las situaciones de violencia no irrumpen de manera repentina sino que suelen estar precedidas por conductas, amenazas, actitudes o manifestaciones que pueden pasar inadvertidas o ser minimizadas por el entorno. Por eso, consideró fundamental que las comunidades desarrollen una mayor capacidad de observación y acompañamiento: “si vemos alguna situación o sabemos que alguien está atravesando un problema, no podemos mirar para otro lado. A veces escuchar ya es una forma de acompañar”, sostuvo.
La reflexión también alcanza a las instituciones educativas, culturales, deportivas y de salud, espacios donde niños, niñas y adolescentes construyen vínculos cotidianos y donde muchas veces pueden aparecer señales que requieren atención. En ese sentido, la corresponsal remarcó la importancia de generar ámbitos donde las infancias puedan expresarse, sentirse escuchadas y saber que cuentan con adultos dispuestos a acompañarlas.
El rol de los varones en una transformación necesaria
Otro de los puntos centrales de la entrevista estuvo vinculado al papel que deben asumir los varones en la construcción de una sociedad libre de violencia.
Durante años, gran parte de las campañas y espacios de reflexión estuvieron dirigidos principalmente a las mujeres. Sin embargo, cada vez más voces sostienen que la transformación cultural requiere una participación activa de los hombres, no solamente evitando ejercer violencia, sino también cuestionando las prácticas que la sostienen.
Ornella recuperó una discusión que volvió a cobrar fuerza en las últimas movilizaciones de Ni Una Menos: la necesidad de que los propios varones interpelen a otros varones: “no se trata solamente de reaccionar cuando ocurre una tragedia. Se trata de intervenir antes, cuando aparece un comentario machista, un chiste que degrada a una mujer, una actitud posesiva o una conducta violenta que muchas veces se naturaliza”, planteó.
La violencia extrema no surge de un día para otro. Se construye sobre una serie de prácticas, discursos y formas de vincularse que muchas veces son toleradas socialmente. Por eso, el desafío no pasa únicamente por condenar los hechos una vez consumados, sino por revisar aquellos comportamientos cotidianos que contribuyen a sostener desigualdades y situaciones de violencia.
Acompañar el duelo y construir memoria colectiva
Mientras la investigación judicial sigue su curso, General Lagos enfrenta ahora otro desafío: acompañar a quienes quedaron atravesados por el dolor y encontrar formas colectivas de elaborar una pérdida que difícilmente pueda comprenderse.
Las escuelas, los clubes, los talleres culturales y los espacios comunitarios se convierten hoy en lugares fundamentales para sostener a niños, niñas, familias y docentes que también intentan procesar lo ocurrido.
La tragedia dejó heridas profundas. Pero también dejó una pregunta que atraviesa a toda la región: qué estamos dispuestos a hacer como sociedad para que la violencia no siga encontrando espacio para crecer en silencio.
Porque acompañar el duelo implica abrazar, escuchar y contener. Pero también animarse a hablar de aquello que incomoda, revisar prácticas naturalizadas y asumir que la prevención de la violencia es una responsabilidad colectiva que involucra a toda la comunidad.





