La psicóloga Valeria Baldoncini analizó en Enlace de Noticias los desafíos que enfrentan hoy las instituciones educativas para acompañar a los adolescentes.
¿Qué lugar ocupa hoy la escuela en la vida de un adolescente? ¿Alcanza con enseñar contenidos o también debe ofrecer un espacio donde los jóvenes puedan construir vínculos, ser escuchados y encontrar referencias adultas? ¿Cómo dialogan las instituciones educativas con una generación que habita un mundo profundamente distinto al de hace apenas dos décadas?
Esas preguntas atravesaron la entrevista que Enlace de Noticias mantuvo con la psicóloga Valeria Baldoncini, quien participó de la charla abierta “La escuela en tiempos de violencia”, organizada en Pueblo Esther. Lejos de reducir el debate a episodios de conflictividad escolar, la profesional propuso una mirada más amplia sobre el rol de la escuela como institución formadora de subjetividades y advirtió que muchas de las tensiones actuales reflejan una distancia creciente entre la experiencia cotidiana de los adolescentes y las respuestas que ofrecen las instituciones educativas.
La escuela como espacio de construcción subjetiva
Para Valeria Baldoncini, uno de los aspectos más valiosos del encuentro fue, precisamente, que distintos actores de la comunidad educativa pudieran reunirse para poner en palabras una problemática que atraviesa a estudiantes, docentes y familias: “me parece súper importante celebrar que exista un espacio de encuentro. Ojalá pueda repetirse con mayor frecuencia, porque sin la palabra no vamos a llegar a ningún lado. Lo primero que necesitamos es encontrarnos para conversar sobre lo que está pasando”, expresó al comenzar la entrevista.
Sin embargo, también planteó que la jornada dejó en evidencia algunos desafíos pendientes. Según explicó, durante buena parte del debate predominó un discurso centrado en las carencias estructurales —la falta de recursos, de políticas públicas o de acompañamiento institucional— mientras que quedó relegada una pregunta que considera central: cómo reconstruir el vínculo cotidiano entre la escuela y los adolescentes.
“Es muy fácil caer rápidamente en todo lo que falta. Pero hoy me parece imprescindible que podamos revisar cómo nos acercamos al otro. Hay mucho para trabajar ahí y ese trabajo empieza, antes que nada, por escuchar”, sostuvo.
La psicóloga recordó que la escuela no es solamente un lugar donde se transmiten conocimientos académicos. Es también uno de los principales escenarios donde niños y adolescentes construyen identidad, aprenden a convivir y desarrollan los vínculos que marcarán buena parte de su vida adulta: “cuando un chico sale de su casa y llega a la escuela, aparece otra figura adulta que ocupa un lugar simbólico muy importante. La escuela tiene un porqué como institución obligatoria. Ahí se sigue construyendo la subjetividad de las personas”, explicó.
“Hay una distancia muy grande entre lo que viven los adolescentes y lo que dicen las instituciones”
Uno de los conceptos que atravesó toda la conversación fue la necesidad de escuchar con mayor profundidad la experiencia de los propios estudiantes. A partir de su trabajo clínico con adolescentes y familias, la profesional sostuvo que percibe una brecha significativa entre los relatos que recibe en el consultorio y la imagen que muchas veces transmiten las instituciones escolares sobre esa misma realidad.
“Lo que encontré en la charla fue una distancia demasiado grande entre lo que dicen los chicos y lo que dicen las instituciones. No creo que una sola versión sea la verdad. Lo que digo es que existen dos percepciones muy distintas de una misma realidad y ahí tenemos un problema que debemos empezar a trabajar”, señaló.
Desde una perspectiva clínica, aclaró que no se trata de determinar quién tiene razón, sino de comprender cómo viven esa experiencia los adolescentes: “cuando un paciente llega al consultorio y me habla de un elefante verde, yo no salgo a comprobar si existe o no. Trabajo con esa realidad porque esa es su subjetividad. Con los adolescentes pasa algo parecido: primero hay que escuchar cómo están viviendo ellos la escuela. Después veremos cómo construir respuestas”, explicó.
Para la profesional, esa tarea debe comenzar desde las propias instituciones: “creo que el movimiento tiene que ser de arriba hacia abajo. Las escuelas necesitan salir a hablar con los chicos, salir a escucharlos. Después, por supuesto, están las familias y todas las dificultades que también atraviesan los docentes. Pero hoy el primer desafío es reconstruir ese puente.”
Del límite al encuadre: una propuesta para repensar la autoridad
Otro de los ejes más desarrollados durante la entrevista fue la manera en que la escuela ejerce la autoridad. Baldoncini cuestionó que buena parte del debate educativo siga planteándose exclusivamente en términos de límites y castigos, cuando considera más útil hablar de “encuadre”, un concepto que incorpora responsabilidades compartidas y reglas construidas colectivamente.
“A mí me gusta más hablar de encuadre que de límite. El encuadre implica saber cuáles son las reglas, cuáles son las responsabilidades de cada uno y qué compromiso asume cada parte. Eso también ordena los vínculos”, explicó.
La psicóloga remarcó que esa propuesta no significa diluir la autoridad del adulto ni convertir la relación entre docentes y estudiantes en un vínculo de pares: “el docente no es amigo del estudiante. La relación sigue siendo asimétrica y eso está bien. Lo que necesitamos revisar es cómo se construye esa autoridad. No desde el castigo permanente, sino desde un encuadre claro, compartido y sostenido en el tiempo.”
En ese sentido, planteó que abrir espacios de participación para que los estudiantes puedan expresar sus necesidades no implica renunciar al rol docente, sino fortalecerlo. “Sentarse al comienzo del año y construir entre todos un acuerdo de convivencia no significa que los estudiantes decidan todo. Significa que comprendan por qué existen determinadas reglas y qué responsabilidad tiene cada uno para que la escuela funcione.”
Una escuela que también necesita transformarse
Durante la entrevista, Baldoncini sostuvo que muchas de las estructuras escolares continúan respondiendo a un modelo pensado para otra época y para formas de aprender que ya no representan la realidad de las nuevas generaciones.
“¿De verdad seguimos creyendo que podemos tener treinta o cuarenta estudiantes sentados dos horas en silencio prestando atención? Hoy las subjetividades cambiaron y eso exige otro trabajo por parte de las instituciones”, reflexionó.
La profesional recordó además su experiencia como docente universitaria para señalar que la actualización permanente resulta indispensable en cualquier profesión: “hace veinte años que trabajo en el sistema público de salud y nunca recibí una capacitación obligatoria. Sin embargo, es imposible atender hoy a un paciente de la misma manera que hace veinte años. Lo mismo ocurre con la escuela: si cambió la sociedad, también tienen que cambiar nuestras herramientas para enseñar y acompañar.”
Las familias también forman parte del encuadre
Valeria Baldoncini consideró que cualquier transformación educativa requiere incorporar activamente a las familias y construir acuerdos comunes: “el encuadre no es solamente con el estudiante. También incluye a las familias. La escuela necesita poder decir qué espera de los padres y los padres también necesitan saber cómo acompañar ese proceso”, afirmó.
En ese sentido, lamentó que varios padres que participaron de la charla manifestaran no sentirse representados por el diagnóstico realizado desde algunas instituciones. “No digo que las escuelas estén equivocadas. Lo que digo es que existe una distancia muy grande entre los discursos institucionales y lo que viven muchas familias. Esa distancia es la que necesitamos acortar.”
La escuela como espacio donde se termina de construir la subjetividad
Hacia el final de la entrevista, la psicóloga volvió sobre una idea que terminó sintetizando toda su mirada. La adolescencia, explicó, constituye una etapa decisiva en la construcción de la identidad y la escuela ocupa allí un lugar que ninguna otra institución puede reemplazar completamente.
“Cuando nacemos hay un adulto que nos recibe simbólicamente. Esa subjetividad empieza a construirse en la infancia y termina de consolidarse durante la adolescencia. Mirá entonces el lugar que tiene la escuela. Ahí se fortalece —o se debilita— el lazo con los otros.” Por eso, concluyó, el debate sobre educación no debería reducirse únicamente a programas, contenidos o infraestructura. También implica preguntarse qué tipo de vínculos construyen hoy las instituciones, qué lugar encuentran los adolescentes para ser escuchados y cómo los adultos —docentes, familias y Estado— asumen la responsabilidad de acompañarlos en una de las etapas más complejas y decisivas de la vida.





