En una nueva columna de salud de Enlace de Noticias, el doctor Juan Carlos Singereisky dialogó con la neuróloga Adriana Pinzone sobre una de las enfermedades neurodegenerativas más frecuentes. La especialista explicó cómo se desarrolla el Parkinson, cuáles son los síntomas que deben motivar una consulta médica y por qué la detección precoz permite mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta patología. También advirtió sobre algunos mitos que todavía persisten en torno a la enfermedad y destacó la importancia del acompañamiento interdisciplinario.
Cada vez que una figura pública comunica que convive con el Parkinson, la enfermedad vuelve a ocupar un lugar en la agenda pública. Sin embargo, más allá de esos momentos de mayor visibilidad, continúa siendo una patología rodeada de dudas, falsas creencias y diagnósticos que muchas veces llegan de manera tardía.
Con el objetivo de aportar información confiable, el doctor Juan Carlos Singereisky entrevistó a la médica neuróloga Adriana Pinzone, quien explicó que el Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa cuya principal característica es la pérdida progresiva de neuronas encargadas de producir dopamina, un neurotransmisor indispensable para coordinar los movimientos del cuerpo. Esa alteración, aclaró, no debe confundirse con el envejecimiento normal ni asociarse automáticamente a un origen hereditario.
En ese sentido, la especialista señaló que una de las primeras aclaraciones que suele realizar a sus pacientes tiene que ver justamente con el origen de la enfermedad. “La acumulación de una proteína llamada alfa-sinucleína produce la muerte de neuronas en una zona específica del cerebro donde se genera la dopamina. Esa pérdida neuronal provoca la disminución de este neurotransmisor, que es fundamental para el control de los movimientos”, explicó. A su vez, remarcó que los casos hereditarios representan un porcentaje muy reducido y que, en la práctica clínica cotidiana, “son muy poco frecuentes”.
Mucho más que un temblor
Aunque socialmente el Parkinson suele asociarse casi exclusivamente con los temblores, Pinzone sostuvo que esa imagen resulta incompleta y puede retrasar el diagnóstico. De hecho, explicó que no todas las personas comienzan la enfermedad con ese síntoma y que existen otras manifestaciones igual de importantes que deben ser evaluadas por un neurólogo.
La profesional indicó que los tres signos cardinales de la enfermedad son el temblor de reposo, la rigidez muscular y la lentitud para iniciar o ejecutar movimientos. Sin embargo, aclaró que ninguno de ellos, por sí solo, alcanza para confirmar un diagnóstico. “Nunca vamos a diagnosticar Parkinson únicamente porque una persona tiene temblor. Para establecer el diagnóstico necesitamos evaluar el conjunto de los síntomas y su evolución clínica”, precisó.
Esa evaluación también contempla otros cambios que suelen aparecer de manera progresiva, como las dificultades para caminar, la disminución del balanceo natural de los brazos, la pérdida de expresión facial y los trastornos del equilibrio. Sobre este último punto, Pinzone recordó que antiguamente se describía al paciente con Parkinson como “el jugador de póquer”, justamente porque la rigidez de la musculatura facial limita la expresión de las emociones.
La importancia de consultar a tiempo
Uno de los conceptos que atravesó toda la entrevista fue la necesidad de derribar la idea de que determinados síntomas forman parte inevitable del envejecimiento.
Según explicó la neuróloga, muchas personas normalizan alteraciones motoras que, en realidad, deberían motivar una consulta médica. “Una cosa es envejecer y otra muy distinta es presentar temblores, alteraciones de la marcha o inestabilidad postural. Esos signos no forman parte del envejecimiento normal y es importante que sean evaluados por un especialista”, sostuvo.
Para la profesional, la consulta temprana resulta determinante porque permite iniciar tratamientos cuando todavía es posible preservar durante más tiempo la autonomía del paciente y retrasar la aparición de complicaciones funcionales.
En ese sentido, remarcó que el abordaje actual del Parkinson ya no se limita únicamente a la medicación, sino que incorpora estrategias de rehabilitación física, actividad física supervisada, terapia ocupacional y acompañamiento interdisciplinario. “Implementar un tratamiento precoz permite mejorar los síntomas y acompañar el proceso con herramientas que ayudan a conservar la calidad de vida”, afirmó.
Tratamientos que mejoran la calidad de vida
Si bien actualmente no existe una cura definitiva para el Parkinson, Pinzone explicó que la medicina dispone de tratamientos capaces de controlar gran parte de los síntomas durante varios años.
La levodopa continúa siendo el medicamento de referencia porque reemplaza parcialmente la dopamina que el cerebro deja de producir. Según detalló, durante los primeros años suele observarse una respuesta muy favorable. “Existe lo que llamamos una especie de ‘luna de miel’ con la levodopa. En los primeros años los pacientes experimentan una mejoría muy importante y eso les permite recuperar gran parte de su autonomía”, explicó.
No obstante, aclaró que cada tratamiento debe adaptarse a las características individuales de cada persona. La edad, el momento evolutivo de la enfermedad, la presencia de otras patologías y el estilo de vida del paciente son variables que el neurólogo analiza antes de definir la estrategia terapéutica más adecuada.
Informar para derribar mitos
Hacia el cierre de la entrevista, Pinzone insistió en que una de las principales herramientas para mejorar el pronóstico continúa siendo la información. A su entender, todavía persisten numerosas ideas erróneas que llevan a minimizar los primeros síntomas o a retrasar la consulta con el especialista.
“Como ocurre en muchas enfermedades neurológicas, cuanto antes podamos hacer el diagnóstico, mayores posibilidades tenemos de ofrecer tratamientos que permitan preservar la calidad de vida. Por eso es tan importante consultar frente a los primeros síntomas y no asumir que todo forma parte del paso del tiempo”, concluyó.
Más allá de los avances científicos, la entrevista dejó un mensaje claro: aunque el Parkinson continúa siendo una enfermedad sin cura, el diagnóstico precoz, el tratamiento adecuado y el acompañamiento interdisciplinario permiten que miles de personas mantengan durante años su autonomía y desarrollen una vida activa. En ese escenario, la información y la consulta temprana siguen siendo las herramientas más valiosas.





