El estudiante de quinto año de la Escuela de Educación Técnico Profesional N° 650 “Sara Barfield Rietti” se ubicó entre los mejores competidores de Iberoamérica en una exigente competencia de programación. Desde la institución destacaron su esfuerzo, el acompañamiento docente y el valor de promover estos espacios para despertar vocaciones científicas y tecnológicas.
La Escuela de Educación Técnico “Sara Barfield Rietti” de General Lagos volvió a convertirse en motivo de orgullo para la región. El estudiante de quinto año Joaquín Fabra obtuvo la medalla de bronce en la Olimpiada Iberoamericana de Informática, desarrollada el pasado 20 de junio bajo la organización de Cuba y con la participación de jóvenes de Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, El Salvador, España, México, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y Argentina.
Aunque la competencia fue organizada por Cuba, se desarrolló de manera virtual. Joaquín rindió desde la propia escuela luego de superar un extenso proceso de clasificación que comenzó con instancias provinciales y nacionales. “Esto viene de varias etapas de la Olimpiada de Informática. Primero está la instancia provincial, donde clasifican dos participantes por provincia; después viene la nacional y quienes obtienen medallas acceden a la instancia iberoamericana. En la competencia hay cuatro problemas para resolver en cuatro horas y el desafío no es solamente encontrar una solución, sino diseñar un algoritmo que sea eficiente, implementarlo correctamente y lograr que funcione dentro de los tiempos establecidos”, explicó Joaquín al describir una disciplina donde la lógica y la programación van de la mano.
El joven contó además que el mayor atractivo de estas competencias radica precisamente en el desafío intelectual que representan. “Todos los problemas son difíciles, pero justamente eso es lo entretenido. Siempre aparece algo distinto para pensar y resolver. En la instancia nacional, además, pude compartir con chicos de todas las provincias y conocer personas a las que les gusta lo mismo que a mí. En programación competitiva no es tan fácil encontrar gente con los mismos intereses, por eso esas experiencias también son muy valiosas”, relató.
Su interés por la informática nació mucho antes de llegar a la escuela secundaria. Recordó que desde pequeño sentía curiosidad por las computadoras y disfrutaba descubrir cómo resolver los problemas que se le presentaban mientras experimentaba con distintos programas. Más tarde, ya en segundo año, un docente lo invitó a participar de las Olimpíadas de Informática. “Yo en realidad estaba por decir que no, pero un amigo me dijo ‘vamos’ y terminé anotándome. Al final me gustó muchísimo y seguí participando”, recordó. Actualmente proyecta continuar sus estudios en la Universidad Nacional de Rosario para cursar la Licenciatura en Ciencias de la Computación, aunque reconoce que todavía le queda un año y medio para definir su futuro.
Para David Amado, jefe del Departamento de Informática de la institución, el logro de Joaquín también representa un paso importante para una escuela que todavía no tiene una larga trayectoria, pero que ya comienza a destacarse en competencias de nivel internacional. El docente explicó que la participación en olimpíadas forma parte de un proyecto institucional que busca acercar a los estudiantes a este tipo de desafíos desde los primeros años. “La idea es ir formando un pequeño semillero. Invitamos a chicos y chicas desde los primeros cursos para que conozcan de qué se trata, porque muchas veces no participan simplemente porque no saben cómo funcionan estas competencias. Todo el trabajo es extracurricular, suma muchas horas de práctica y requiere un enorme compromiso de quienes deciden participar. Tener un alumno como Joaquín también ayuda muchísimo porque se convierte en un ejemplo cercano que demuestra que estos objetivos son posibles”, sostuvo.
David Amado remarcó además que las olimpíadas no buscan únicamente premiar conocimientos técnicos, sino desarrollar capacidades de razonamiento y resolución de problemas. “Los desafíos están escritos en un lenguaje cotidiano y representan situaciones reales. Primero hay que entender el problema, pensar cómo resolverlo desde la lógica y recién después traducir esa solución a un algoritmo. Lo importante es incentivar a los estudiantes a enfrentarse con problemas complejos, desarrollar pensamiento crítico y descubrir potencialidades que muchas veces ellos mismos desconocen”, explicó.
Durante la entrevista también se abordó el impacto de la inteligencia artificial en la enseñanza de la programación. En ese sentido, Amado consideró que estas herramientas son un complemento valioso, aunque advirtió que nunca reemplazan el razonamiento humano. “Para preguntarle correctamente a una inteligencia artificial primero hay que saber qué se quiere resolver. Si no existe ese conocimiento previo, es muy difícil obtener una respuesta útil. Por eso insistimos en trabajar la lógica, el pensamiento crítico y el uso ético de estas herramientas, porque la responsabilidad siempre sigue siendo de la persona y no de la inteligencia artificial”, afirmó.
Por su parte, el vicedirector Sergio Cuello destacó que este tipo de logros también reflejan el proyecto educativo que dio origen a la Escuela Sara Barfield Rietti. Recordó que la orientación en Programación es única en la provincia de Santa Fe y surgió luego de consultar a empresas y sectores productivos sobre las necesidades laborales de la región. “Cuando pensamos la escuela recorrimos empresas, hablamos con el sector productivo y detectamos una fuerte demanda vinculada a la programación y al desarrollo tecnológico. Decidimos apostar por una orientación que permitiera incorporar las nuevas tecnologías sin perder una formación sólida. Hoy ver que estudiantes como Joaquín llegan a competencias internacionales confirma que ese camino fue el correcto”, expresó.
Mientras se prepara para una nueva edición de las Olimpíadas Jurisdiccionales de Informática, Joaquín ya piensa en los próximos desafíos. “Cada año las competencias se renuevan y ahora estoy en el nivel más alto, así que será más difícil. Pero la idea es volver a intentarlo y seguir aprendiendo”, concluyó el joven, que con apenas 16 años ya se convirtió en uno de los referentes de la programación competitiva argentina.





