El endeudamiento de los hogares dejó de ser una cuestión vinculada únicamente al sistema financiero formal y comienza a extenderse hacia mecanismos informales de crédito, según advirtió Lucila Rivolta, integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) Rosario. En diálogo con Enlace de Noticias, analizó los últimos datos sobre morosidad, pérdida de empleo y caída del poder adquisitivo, y explicó cómo estas variables se relacionan con las dificultades que atraviesan las familias de la región. Además, anticipó un relevamiento que CEPA está realizando en distintos barrios de Rosario para conocer de qué manera se están endeudando los hogares y qué lugar ocupan los préstamos informales en ese proceso.
La situación económica de las familias de la región vuelve a quedar bajo la lupa a partir de los datos relevados por CEPA Rosario sobre endeudamiento, morosidad, empleo y evolución del poder adquisitivo. En diálogo con Enlace de Noticias, Lucila Rivolta explicó que el aumento de las deudas familiares no puede analizarse de manera aislada ni atribuirse simplemente a decisiones individuales de consumo, sino que debe ser relacionado con la pérdida de ingresos y de puestos de trabajo registrada durante los últimos años. “Lo que tratamos de demostrar con el informe de morosidad es esto, de que la caída del salario real que empuja obviamente a la familia a endeudarse para llegar a fin de mes no es por compras o gastos de compras irresponsables”, sostuvo. Para la integrante de CEPA, el endeudamiento aparece así como una consecuencia de una situación económica más amplia, en la que los ingresos ya no alcanzan para cubrir los gastos cotidianos.
Los datos que presentó Rivolta permiten dimensionar el impacto de esa situación sobre el mercado laboral. Según el relevamiento citado durante la entrevista, a mayo de 2026 se habían cerrado más de 30.000 empresas en Argentina y se habían perdido más de 411.000 puestos de trabajo registrados, de los cuales más de 97.000 correspondían al sector industrial. En Santa Fe, el escenario también muestra una fuerte contracción: CEPA contabilizó 3.065 empresas cerradas y 20.412 trabajadores registrados menos, con más de 11.000 puestos perdidos específicamente en la industria. La economista remarcó que el dato resulta particularmente significativo para Santa Fe porque la industria y el comercio representan aproximadamente el 45% del empleo registrado provincial y se encuentran entre los sectores más afectados por el cierre de empresas. “Todo es consecuencia del aumento de la morosidad en las familias”, explicó al vincular el deterioro del mercado laboral con el crecimiento del endeudamiento.
La morosidad alcanza niveles que no se registraban desde la crisis de 2001
Uno de los indicadores que más preocupación genera dentro del análisis de CEPA es la evolución de la morosidad de las familias con el sistema financiero. De acuerdo con los datos relevados por la organización a partir de información de la Central de Deudores del Banco Central, en junio de 2026 la mora bancaria alcanzó el 12,8%, un nivel que Rivolta ubicó como el más elevado desde la crisis de 2001. La comparación permite dimensionar la magnitud del fenómeno: después de aquella crisis, la morosidad llegó a un pico de 32,7% en 2003, mientras que después de la pandemia se había ubicado alrededor del 5%. “Hoy estamos, junio de 2026, en un 12,8% de morosidad de la familia”, señaló.
El endeudamiento, además, está estrechamente relacionado con instrumentos utilizados habitualmente para financiar el consumo cotidiano. Rivolta explicó que una parte importante de los créditos corresponde a préstamos personales y tarjetas de crédito, mientras que el uso de estas últimas para realizar compras en supermercados también aumentó de manera significativa. Según los datos que presentó, el uso de tarjetas de crédito en supermercados pasó del 36,9% en 2023 a alrededor del 44-45% en la actualidad. El dato adquiere mayor relevancia porque ese incremento se produce al mismo tiempo que cae el consumo general y aparecen otros indicadores de retracción, como el bajo consumo histórico de carne vacuna. “La gente está usando muchísimo más la tarjeta de crédito para comprar productos de consumo básico”, explicó Rivolta.
La combinación entre caída del salario y mayor utilización del crédito es, para CEPA, uno de los puntos centrales para comprender la situación. Rivolta explicó que los datos muestran una relación directa entre la pérdida de poder adquisitivo y el aumento de la morosidad: cuanto más cae el salario real, mayor es la necesidad de recurrir al crédito para cubrir los gastos. Esa dinámica aparece reflejada también en una práctica cada vez más habitual entre los hogares que utilizan la tarjeta para atravesar la segunda mitad del mes. “No se llega al 15, al día 15 del mes”, sintetizó al describir una situación que obliga a muchas familias a financiar incluso la compra de alimentos. Según los datos presentados, el salario real cayó 8,7% desde noviembre de 2023 si se lo mide con el IPC oficial, mientras que la pérdida alcanza el 18,7% cuando se utiliza una canasta que, según CEPA, representa mejor el peso actual de los servicios en el consumo familiar.
Cuando la tarjeta deja de ser una herramienta de consumo y pasa a ser una forma de sostener el mes
La discusión sobre el endeudamiento también pone en cuestión el discurso que atribuye la morosidad a decisiones irresponsables de las familias. Rivolta cuestionó particularmente la interpretación según la cual los hogares se habrían endeudado por realizar compras innecesarias, y planteó que los datos muestran otra realidad. “La realidad es que, bueno, también un poco es el discurso del gobierno nacional, de que la morosidad es culpa de la compra de televisores en el mundial”, afirmó. Frente a esa explicación, la integrante de CEPA contrapuso los datos sobre salarios, empleo y consumo, que muestran que el crédito está siendo utilizado crecientemente para adquirir bienes básicos.
La situación también se relaciona con la evolución de los precios y con la diferencia entre los indicadores macroeconómicos y aquello que las familias efectivamente perciben cuando realizan sus compras. Rivolta explicó que la inflación que mide el INDEC no necesariamente refleja de manera idéntica la evolución de todos los productos y servicios que forman parte del presupuesto familiar. Señaló especialmente el peso creciente de servicios como la electricidad, el alquiler y las comunicaciones, cuyos aumentos tienen una incidencia significativa sobre los ingresos disponibles. “Los servicios pesan muchísimo más, lo que es la luz, el alquiler, comunicación”, explicó, y sostuvo que esos gastos pueden estar aumentando por encima del promedio general utilizado para medir la inflación.
En este punto, la discusión sobre el endeudamiento deja de ser exclusivamente financiera y pasa a convertirse en una cuestión relacionada con la capacidad de las familias para sostener su vida cotidiana. Cuando el salario no alcanza, la tarjeta aparece como una herramienta para diferir el pago, pero ese mecanismo tiene un límite. Si los ingresos no se recuperan, la deuda acumulada se transforma en morosidad y posteriormente puede convertirse en una deuda difícil de refinanciar. “Si acá no hay signos de recuperación en cuanto al poder adquisitivo y al consumo, por más que bajen las tasas o refinancias, cuotas, la gente no va a poder pagar ese crédito y se va a seguir endeudando”, advirtió Rivolta.
El problema que aparece detrás de los números: el endeudamiento informal
Uno de los aspectos más relevantes de la entrevista fue la advertencia sobre una segunda etapa del proceso de endeudamiento. Cuando una persona acumula atrasos en bancos o tarjetas, su capacidad para acceder a nuevos créditos dentro del sistema formal comienza a reducirse. En ese escenario, explicó Rivolta, algunas familias terminan recurriendo a mecanismos de financiamiento informales, entre ellos los conocidos prestamistas de barrio. “Va a llegar un momento que no se van a poder seguir endeudando con estos organismos formales, los bancos formales o las fintech, y van a acceder al prestamista del barrio, como está sucediendo”, señaló. Para CEPA, esta situación constituye un indicador todavía más preocupante porque implica que el endeudamiento comienza a desplazarse hacia circuitos con condiciones diferentes a las del sistema financiero regulado.
Precisamente para conocer la dimensión de ese fenómeno en Rosario, CEPA Santa Fe está realizando actualmente un relevamiento en distintos barrios de la ciudad. Rivolta explicó que el objetivo es identificar cómo se están endeudando las familias y cuáles son las principales fuentes a las que recurren para sostener sus gastos. El relevamiento busca ampliar la información disponible porque los datos de la Central de Deudores del Banco Central permiten observar el endeudamiento formal, pero no necesariamente reflejan todas las obligaciones económicas que tienen los hogares. “Muchas familias se están endeudando, no solamente tienen deudas con los bancos o las billeteras virtuales, sino también con un prestamista de barrio”, explicó.
La investigación sobre los barrios de Rosario puede aportar, en ese sentido, una fotografía más cercana de lo que está ocurriendo en la denominada economía real. Detrás de los porcentajes de morosidad aparecen familias que deben decidir qué gastos pagar primero, trabajadores que perdieron empleos registrados y pasaron a la informalidad y hogares que utilizan tarjetas y billeteras virtuales para financiar consumos que anteriormente podían afrontar con sus ingresos mensuales. Rivolta explicó que también se observa un crecimiento de modalidades de trabajo informal y de plataformas, en un proceso que definió como una suerte de “uberización” del empleo. Para la especialista, si la cantidad de personas que necesitan esos trabajos continúa aumentando mientras la demanda se mantiene estable, el propio mercado podría terminar generando una situación todavía más compleja.
El empleo, la informalidad y la pérdida de poder adquisitivo
El debate sobre el desempleo también requiere, según Rivolta, mirar más allá del porcentaje general. La integrante de CEPA sostuvo que el problema no se reduce únicamente a cuántas personas aparecen estadísticamente como desempleadas, sino también a qué tipo de empleo consiguen quienes pierden sus puestos registrados. En muchos casos, explicó, trabajadores con años de antigüedad son despedidos cuando las empresas cierran o reducen sus líneas de producción y posteriormente deben aceptar empleos informales para sostener sus ingresos. “Uno para sobrevivir accede quizás a empleos irregulares, estos famosos empleos en negro, que la informalidad en el empleo ha crecido mucho”, señaló.
La consecuencia de esa transformación laboral es que una persona puede dejar de aparecer como desempleada porque consiguió una actividad informal, pero eso no significa que haya recuperado las condiciones laborales o los ingresos que tenía anteriormente. Para Rivolta, esta diferencia resulta fundamental para interpretar correctamente los datos económicos. Una persona que pierde un empleo industrial registrado y posteriormente trabaja en una plataforma puede seguir teniendo una fuente de ingreso, pero enfrenta una situación laboral completamente diferente. Esa precarización también puede impactar sobre su capacidad para acceder a crédito, pagar sus obligaciones y sostener un nivel de consumo similar al que tenía antes.
En definitiva, el análisis presentado por Lucila Rivolta muestra que el endeudamiento familiar no aparece como un fenómeno aislado, sino como el resultado de una cadena en la que se combinan pérdida de empleo, caída del salario real, aumento de los gastos básicos, utilización creciente de tarjetas y dificultades para afrontar las obligaciones financieras. La preocupación se profundiza cuando el crédito formal comienza a agotarse y las familias recurren a mecanismos informales para seguir cubriendo sus necesidades. El próximo relevamiento de CEPA Santa Fe sobre distintos barrios de Rosario buscará justamente ponerle números y características concretas a esa realidad que, como explicó Rivolta, muchas veces no aparece en las estadísticas financieras tradicionales. “No solamente tienen deudas con los bancos o las billeteras virtuales, sino también con un prestamista de barrio”, advirtió, dejando planteado uno de los interrogantes centrales para la economía de los hogares de la región.





