El recuerdo de Néstor al Negro Rada: candombe, rock y emoción

En “El Show debe continuar”, Néstor dedicó un homenaje a Rubén “El Negro” Rada y destacó su aporte a la música rioplatense. Recordó cómo el candombe se incorporó al rock nacional y reivindicó las canciones del músico uruguayo por su capacidad para hacer bailar, pero también para pensar.

Antes de comenzar formalmente con su programa “El Show debe continuar”, Néstor decidió hacer un pequeño paréntesis para despedir y homenajear a Rubén “El Negro” Rada, uno de los músicos más reconocidos de la cultura rioplatense. Su recuerdo partió de una reflexión sobre los diferentes géneros musicales y sobre la manera en que algunos artistas consiguen romper esas fronteras para crear nuevas formas de expresión. En ese recorrido, ubicó a Rada como una figura fundamental en la incorporación del candombe a la identidad del rock nacional.

Néstor comenzó repasando la diversidad de estilos que forman parte de la música popular, desde el jazz y el rock and roll hasta el tango, el folclore, las baladas y el pop. Sin embargo, destacó que en Argentina apareció un fenómeno capaz de reunir muchas de esas influencias y construir un nuevo espacio musical: el rock nacional, cuyo nacimiento situó en la década del 60 y cuya gran expansión se produjo durante los años 80, después de la Guerra de Malvinas. En ese proceso de intercambio cultural con Uruguay, señaló, apareció un nuevo componente que terminaría enriqueciendo esa escena: el candombe.

El candombe y la llegada de Rada al rock nacional

Para Néstor, el aporte de Rada estuvo precisamente en esa capacidad de unir mundos musicales. El candombe cruzó el Río de la Plata y encontró un lugar dentro del rock argentino, generando una combinación que amplió las posibilidades sonoras del género. “Este ritmo se incorporó al rock nacional de la mano de El Negro Rada”, destacó durante su homenaje.

La referencia al apodo tampoco fue casual. Néstor hizo hincapié en la forma de nombrarlo y en la singularidad que, a su criterio, tiene dentro de la historia del rock: “Negro como apodo en el rock nacional hay un montón, pero el Negro uno solo, Rada”. Con esa frase buscó remarcar el lugar particular que ocupó el músico uruguayo dentro de una cultura musical atravesada por grandes figuras y apodos que se convirtieron en parte de la identidad de sus protagonistas.

Para Néstor, Rada ya forma parte de esa historia de músicos que permanecen más allá de su propia vida. Por eso definió su despedida como un agradecimiento por todo aquello que el artista dejó en sus canciones y en quienes las escucharon durante décadas. “Hoy mínimamente quisiéramos con esto agradecerle por lo mucho que nos hizo bailar y pensar”, expresó.

Una canción para recordar qué lugar ocupa la música

El homenaje tuvo además un segundo componente: la elección de una de las canciones de Rada como vehículo para recuperar algunas de sus ideas más profundas. Néstor destacó especialmente “¿Quién va a cantar?”, una canción que utiliza preguntas y metáforas para reflexionar sobre el futuro de la humanidad y el lugar de la imaginación en una sociedad cada vez más atravesada por el trabajo, el consumo y la uniformidad.

En su lectura, una de las cuestiones centrales de la canción es la defensa de la poesía y de la fantasía. La letra plantea qué sucede cuando las personas dejan de imaginar y cuando el cansancio termina imponiéndose sobre la alegría, una preocupación que Néstor recuperó como parte del legado que Rada dejó en su música. Para el conductor, allí aparece justamente esa segunda dimensión del artista: el músico capaz de hacer bailar, pero también de provocar preguntas.

La canción también plantea una crítica a la uniformidad del pensamiento y a una sociedad en la que todo puede terminar reducido a un mismo relato. Néstor eligió recuperar esa dimensión porque considera que las canciones de Rada mantienen una vigencia que excede ampliamente el momento en que fueron escritas. El homenaje, de esta manera, no quedó solamente en el recuerdo de una trayectoria artística, sino que se convirtió en una reivindicación de la música como espacio para pensar.

Contra el racismo y la desigualdad

Otro de los aspectos que Néstor destacó de la canción fue su mirada sobre la desigualdad, la identidad de los pueblos y el racismo. La letra imagina un mundo en el que los gobiernos puedan representar verdaderamente a sus sociedades y en el que un reparto más justo permita construir un planeta con identidad. También plantea el deseo de una humanidad capaz de superar el racismo y colocar el amor por encima de los conflictos.

Ese contenido fue central para el conductor porque permite entender por qué eligió esa canción para despedir al artista. Más allá de su ritmo y de su carácter popular, Rada aparece en el homenaje como un músico que utilizó sus canciones para transmitir una mirada sobre el mundo. La música, en esa concepción, no está separada de la realidad: puede divertir, emocionar y al mismo tiempo cuestionar aquello que parece natural.

Por eso, el homenaje de Néstor terminó funcionando como una reivindicación de la capacidad de los artistas para dejar algo más que canciones. “Gracias, Negro”, expresó al cerrar su recuerdo, antes de saludar también a otros músicos que ya no están, entre ellos Gustavo, Pappo, Miguel, el Indio, Mercedes Sosa, Moro y el Flaco.

Un legado que sigue haciendo cantar

El cierre recuperó nuevamente el espíritu de la canción elegida. Néstor dejó que la pregunta “¿Quién va a cantar?” se transformara en un momento de participación al aire, invitando a quienes estaban escuchando a acompañar el coro. Así, el homenaje dejó de ser solamente una reflexión sobre la muerte de un músico y se convirtió en una celebración de aquello que permanece: sus canciones y las emociones que todavía pueden provocar.

La despedida tuvo entonces una lógica sencilla: recordar a Rada a través de aquello que mejor representa su legado, la música. Un legado que cruza el Río de la Plata, mezcla géneros, incorpora el candombe al rock y utiliza las canciones para hablar de temas que siguen siendo actuales. En definitiva, Néstor eligió despedir al “Negro” Rada no desde la solemnidad, sino desde el lugar que probablemente más le hubiera correspondido: con música, con preguntas y con ganas de cantar.