Los pioneros de la radio en Pueblo Esther: una historia de voces, folclore y comunidad

Carlos Pierrad y Liliana Ortíz fueron protagonistas de los primeros años de la radiofonía en Pueblo Esther. En una charla cargada de recuerdos, repasaron cómo se hacía radio cuando todo empezaba, los primeros programas, los oyentes que se convirtieron en amigos y el camino que llevó al nacimiento de Radio Enlace 102.3.

Hablar de los comienzos de la radio en Pueblo Esther es también hablar de una época en la que hacer radio significaba mucho más que encender un micrófono. Era construir equipos, conseguir una antena, armar un estudio en una casa, buscar anunciantes y, sobre todo, generar una comunidad alrededor de una frecuencia. Carlos Pierrad y Liliana Ortíz fueron parte de ese proceso y, en una entrevista, recuperaron recuerdos de aquellos años en los que la radio comenzó a ocupar un lugar propio en la vida de la localidad.

La historia tiene un antecedente fundamental: la primera radio FM del pueblo, vinculada a Graziani. Allí, quienes tenían ganas de hacer radio podían alquilar un espacio y experimentar con sus propios programas. Carlos llegó a ese lugar a través de Mónica Villanueva y Alejandro Acosta, quienes ya tenían un programa, y poco después comenzó su propio recorrido frente al micrófono.

Del folclore a una comunidad de oyentes

Carlos Pierrad recordó que inicialmente no tenía pensado dedicarse a la radio. Su vínculo con el folclore venía de antes: había bailado en un ballet y tenía una fuerte identificación con la cultura criolla. Una invitación para participar de un programa relacionado con la Fiesta de la Tradición terminó despertando una inquietud que cambiaría su historia personal.

“Siempre fui un escucha de radio”, recordó Carlos, quien contó que aquella primera experiencia lo cautivó. Después de ese primer reportaje pidió volver y, poco tiempo más tarde, ya tenía un programa propio los sábados al mediodía. El formato era sencillo pero efectivo: durante dos horas sonaba folclore y los oyentes comenzaron a llamar para pedir canciones y participar del programa.

Ese vínculo fue creciendo hasta convertirse en una verdadera comunidad. Carlos Pierrad recordó que muchos oyentes no solo llamaban a la radio, sino que también querían conocer personalmente a quien escuchaban detrás del micrófono. En una época en la que no existían las redes sociales ni las posibilidades de interacción actuales, el conductor decidió ir a visitar a algunos de ellos a sus propias casas.

“Yo soy Carlitos Pierrad, yo soy el que vos me escuchás en la radio”, relató sobre esos encuentros. Para él, la clave estaba en mantener una relación cercana, pero siempre desde el respeto: hacer reír, compartir un momento y acompañar a quienes estaban del otro lado.

Una radio que también hacía comunidad

Aquellos vínculos terminaron generando encuentros fuera del aire. Los oyentes comenzaron a organizar reuniones y asados, donde cada uno aportaba para cubrir sus propios gastos, mientras Pierrad se encargaba de cocinar. La radio había logrado algo que excedía la transmisión: había creado una comunidad.

También aparecieron propuestas solidarias y actividades para toda la familia. Entre ellas, Carlos recordó especialmente una gran barrileteada que reunió a chicos y familias de la zona. Durante varios sábados se sortearon barriletes entre los niños que participaban del programa y, finalmente, todos fueron convocados a encontrarse para remontarlos juntos.

La actividad terminó transformándose en una verdadera fiesta popular. Hubo talleres para enseñar a fabricar barriletes, comerciantes que colaboraron con los materiales y familias que se sumaron al encuentro. “Fue una fiesta ese día”, recordó Pierrad al reconstruir aquella jornada que, para él, representa buena parte del espíritu que tenía aquella radio.

El nacimiento de Radio Enlace

La idea de tener una radio propia comenzó a tomar forma a partir de toda esa experiencia. Pierrad recordó que, en un momento, surgió la pregunta de por qué no hacer su propia emisora. El proyecto comenzó literalmente desde cero, con la compra de equipos usados que luego debieron ser reconstruidos y puestos en condiciones.

Un técnico que finalmente revisó la instalación fue contundente: la consola, el equipo transmisor y la antena no servían. Había que empezar nuevamente. Con ayuda de distintas personas y mediante un esfuerzo económico importante, pudieron adquirir nuevos equipos y poner en marcha la emisora.

Las primeras transmisiones de Radio Enlace 102.3 se realizaron desde un estudio armado en la propia casa de Pierrad, en la zona de calle Cabildo. La radio fue construyendo desde allí una identidad vinculada al folclore, la música popular argentina y la difusión de artistas locales y regionales.

Pero también hubo espacio para la creatividad. Carlos recordó jingles y mensajes de concientización que buscaban interpelar a los vecinos, como aquel que invitaba a mantener limpio el pueblo: “No te pedimos que vengas a limpiar nuestro pueblo, solamente te pedimos que no lo ensucies”. Para el histórico conductor, esos mensajes formaban parte de una concepción de la radio como herramienta para mejorar la vida comunitaria.

La magia de la radio

Con el paso del tiempo, la emisora incorporó diferentes voces y programas. Carlos recordó a numerosos colaboradores y compañeros que fueron parte de aquella etapa y también destacó el compromiso de comerciantes e instituciones que acompañaron las iniciativas.

Uno de los recuerdos que aparece con especial fuerza es el de Maximiliano Ojeda, quien comenzó como operador siendo muy chico y que, según Pierrad, ya mostraba desde entonces una enorme creatividad. De aquella época quedaron jingles, sonidos y recursos que buscaban construir una identidad propia para la emisora.

“Yo pensaba que la radio tenía la función de ser mágica”, explicó Pierrad al recordar su manera de entender el medio. Esa magia estaba justamente en que el oyente pudiera imaginar lo que ocurría del otro lado del micrófono, sin necesidad de verlo todo.

Por eso también resistió durante mucho tiempo algunas de las transformaciones tecnológicas que comenzaban a modificar la manera de escuchar radio. Incluso cuando aparecieron posibilidades como el streaming, su prioridad seguía siendo otra: que la radio estuviera vinculada principalmente con la gente de Pueblo Esther y la región.

Una historia que todavía tiene capítulos por contar

La entrevista dejó en claro que la historia de la radiofonía local está atravesada por muchas más voces que las de sus fundadores. Hay operadores, conductores, colaboradores, comerciantes, instituciones y, especialmente, oyentes que fueron construyendo ese recorrido a lo largo de los años.

Carlos y Liliana recuperaron parte de esa memoria desde las anécdotas, los nombres y las experiencias que quedaron grabadas en quienes participaron de aquellos primeros años. Una historia que comenzó con programas de folclore, teléfonos sobre una mesa y estudios improvisados, y que terminó convirtiéndose en una parte de la identidad de Pueblo Esther.

Y quizás por eso, cuando el tiempo de la entrevista comenzó a agotarse, quedó una certeza: lo contado hasta ese momento apenas representa una parte de todo lo vivido. “Llegaste a un cuarto de la historia de la radio”, le señalaron a Carlos entre risas. Porque detrás de una frecuencia, una antena y un micrófono hay, en definitiva, una historia mucho más grande: la de una comunidad que durante años se encontró del otro lado de la radio.