La psicóloga Valeria Baldoncini abordó en su columna la pregunta que aparece con frecuencia en el consultorio: por qué una persona vuelve a elegir vínculos, situaciones o conductas que reconoce como perjudiciales. Desde el psicoanálisis, planteó el concepto de compulsión a la repetición y remarcó que reconocer un patrón es apenas el primer paso para poder modificarlo.
“¿Por qué vuelvo a hacer aquello que sé que me hace mal?”. La pregunta puede aparecer frente a una relación de pareja, una amistad, un trabajo o incluso determinados hábitos. Muchas veces la persona reconoce que el resultado será parecido al de experiencias anteriores, se promete no volver a atravesar lo mismo y, sin embargo, termina nuevamente en un escenario conocido. Para la psicóloga Valeria Baldoncini, esa repetición no necesariamente responde a una decisión consciente ni significa que alguien elija deliberadamente aquello que le provoca sufrimiento.
La profesional explicó que, desde el psicoanálisis, una de las claves para comprender este mecanismo está en la diferencia entre repetir y recordar. Mientras recordar implica poder asociar, poner en palabras y elaborar una experiencia, la repetición aparece cuando aquello no pudo ser elaborado psíquicamente y retorna en la acción. “El sujeto, en la acción, en lugar de recordar, repite”, sintetizó Valeria Baldoncini al explicar uno de los conceptos centrales de la teoría freudiana.
Ese planteo permite mirar de otra manera situaciones que suelen definirse rápidamente como “malas decisiones”. Una persona puede advertir que todas sus parejas terminan atravesando conflictos similares, que sus trabajos suelen terminar de la misma manera o que vuelve a encontrarse con el mismo problema en distintas amistades. En lugar de pensar solamente que existe mala suerte o que siempre son los demás quienes provocan esas situaciones, la pregunta puede dirigirse hacia el propio patrón: qué posición ocupa esa persona en esos vínculos y qué es lo que insiste, aun cuando conscientemente quiera obtener otro resultado.
La compulsión a la repetición
Valeria Baldoncini recordó que Freud desarrolló el concepto de compulsión a la repetición en Más allá del principio del placer, publicado en 1920. El planteo parte de una aparente contradicción: si el aparato psíquico tiende a evitar el displacer, ¿por qué algunas personas vuelven una y otra vez a situaciones que les generan angustia, dolor, frustración o fracaso? La respuesta no sería que están buscando conscientemente sufrir, sino que pueden quedar atrapadas en una repetición vinculada con aquello que no ha podido ser elaborado.
Por eso, para la psicóloga, no siempre se trata simplemente de “elegir mal”. En determinados casos existe una posición subjetiva que se mantiene, aunque cambien las personas o las circunstancias. Puede ser, por ejemplo, alguien que en todos sus vínculos se coloca en el lugar de quien espera ser elegido, o alguien que da todo por los demás y termina olvidándose de sí mismo. “No se trata de elegir esos vínculos de una manera inadecuada, sino lo que pasa es que en esa persona hay algo que insiste”, explicó.
La noción de inconsciente también resulta central en esta explicación. La psicologa señaló que no se trata de un lugar físico donde se almacenan recuerdos, sino de un funcionamiento psíquico que permite, entre otras cosas, que no tengamos presente permanentemente todo lo vivido. El problema aparece cuando determinadas experiencias no pueden ser tramitadas: entonces pueden reaparecer de otras maneras y expresarse a través de aquello que hacemos, de los vínculos que construimos o de situaciones que terminamos repitiendo.
Sin embargo, la repetición no significa estar condenado a repetir para siempre. Ese fue uno de los puntos que la psicóloga buscó remarcar durante la columna: reconocer un patrón puede abrir la posibilidad de modificarlo. Para explicarlo, recurrió también a una película que había visto recientemente y en la que una mujer termina reproduciendo en su vida adulta situaciones de violencia que había conocido durante su infancia. Valeria utilizó ese ejemplo para hablar de aquello que se aprende y, con el tiempo, puede llegar a naturalizarse.
En ese proceso, la terapia puede ofrecer un espacio para que aquello que se repite empiece a ponerse en palabras. La psicóloga remarcó que no se trata de que otra persona le diga al paciente qué está haciendo mal, sino de que pueda comenzar a escucharse y construir su propia reflexión. Por eso formuló una diferencia que considera fundamental: pasar del “¿por qué me pasa?” al “¿qué tengo que ver con esto que me pasa?”. Ese cambio de pregunta implica dejar de mirar exclusivamente hacia afuera y empezar a interrogar la propia participación en las elecciones y los resultados.
El proceso, además, no tiene el mismo ritmo para todas las personas. Valeria Baldoncini sostuvo que cada paciente tiene sus tiempos y que incluso puede permanecer durante años en la queja si todavía no está dispuesto a tomar decisiones diferentes. “La vida es una decisión continua”, planteó hacia el final de la columna, al señalar que incluso acciones cotidianas implican decisiones, aunque algunas estén condicionadas por obligaciones.
En definitiva, reconocer que una historia se repite no significa haber encontrado automáticamente la solución. Pero sí puede constituir un punto de partida: dejar el modo automático, observar aquello que insiste y preguntarse qué lugar ocupa cada uno en esa repetición. Para Valeria Baldoncini, ese movimiento puede resultar incómodo porque implica “mover estanterías”, revisar lo conocido y volver a ordenar aquello que durante mucho tiempo pareció estar ubicado de una determinada manera.





