La joven futbolista de 13 años juega como defensora central en la Sub-14 de Rosario Central y contó en “Garra y Gambeta” cómo comenzó a jugar a los cuatro años, su paso por Cajú y el camino que la llevó a probarse en el Canalla. También habló sobre la rutina de entrenamientos, la escuela y el crecimiento del fútbol femenino en la región.
Paulina Carrizo tiene 13 años y actualmente forma parte de la Sub-14 de Rosario Central, donde juega como defensora central, generalmente como número 2. Su historia con el fútbol comenzó mucho antes, cuando tenía apenas cuatro años y empezó a jugar en Cajú, en equipos mixtos. Permaneció allí hasta los 11, en una etapa que recuerda como el punto de partida de su recorrido futbolístico. “Me trataban bien. De vez en cuando había algún problema, pero después terminábamos todo bien”, contó durante la entrevista en Garra y Gambeta.
En sus primeros años llegó a desempeñarse como lateral derecha, pero el salto a cancha de 11 significó también un cambio de posición. Fue entonces cuando comenzó a jugar como defensora central y terminó encontrando un lugar en el que se siente cómoda. Es diestra y puede desempeñarse tanto de 2 como de 6, aunque reconoce que jugar con el perfil cambiado le resulta más difícil cuando tiene que utilizar la zurda. En la actualidad, además de su participación en Rosario Central, disputa la Copa de Oro de la Rosarina.
El paso hacia Rosario Central llegó a través de un contacto futbolístico de la zona. Según relató Paulina, le facilitaron a su mamá el contacto de las entrenadoras y, después de comunicarse con ellas, recibió una invitación para realizar una prueba. Pero no se trató de un único entrenamiento: durante una semana concurrió a entrenar con el plantel hasta que finalmente le comunicaron que había quedado. “Es un entrenamiento normal y te van viendo cómo es tu proceso”, explicó al describir cómo fue aquella experiencia.
Desde entonces, su rutina combina escuela, entrenamiento y descanso. Paulina cursa primer año de secundaria y entrena cuatro veces por semana, de martes a viernes, en el predio de Cristalería Baigorria, mientras que los domingos juega y los lunes quedan destinados al descanso. Después de regresar de los entrenamientos todavía tiene que hacer tareas, cenar y preparar todo para el día siguiente, una rutina exigente para una adolescente que sostiene como prioridad sus estudios. “El estudio, el primero; después el fútbol”, resumió durante la charla.
Como defensora central, además, asumió una característica que parece formar parte de su manera de jugar: habla permanentemente con sus compañeras. Paulina contó que suele indicarles que se acomoden, que adelanten las líneas o que se muevan cuando las encuentra demasiado estáticas. Incluso fue capitana durante la primera parte del torneo, una responsabilidad que coincide con las exigencias propias de su posición, desde donde tiene una visión amplia del campo y debe colaborar con el orden defensivo.
Su historia también permite mirar una realidad de la zona: las chicas que quieren jugar al fútbol muchas veces tienen que trasladarse a otras localidades porque no encuentran espacios de fútbol femenino en sus propios clubes. Durante la entrevista se mencionaron alternativas en Arroyo Seco, mientras que otras jugadoras se trasladan hacia Rosario; Paulina, por su parte, comenzó en Cajú cuando todavía podía participar en equipos mixtos. La propia conversación puso de relieve la necesidad de contar con más espacios para que las niñas y adolescentes puedan practicar fútbol femenino cerca de sus lugares de residencia.
Para quienes quieran seguir un camino similar al suyo, Paulina explicó que las jugadoras interesadas en llegar a Rosario Central deben comunicarse primero con la coordinadora y, a partir de allí, reciben los horarios para concurrir a entrenar y ser evaluadas. Su propia experiencia muestra que el proceso puede extenderse durante varios días, algo que permite que las entrenadoras observen a la futbolista en distintas situaciones y no solamente en una jornada puntual.
Entre sus referentes futbolísticos, Paulina eligió a Lisandro Martínez, mientras que cuando le preguntaron qué es lo que más disfruta de jugar como defensora central destacó justamente la posibilidad de ordenar al equipo y ayudar a sus compañeras. También contó que todavía trabaja el juego aéreo, especialmente la técnica para cabecear, aunque aseguró que no tiene temor de ir a disputar la pelota. Su objetivo inmediato pasa por seguir creciendo, mientras mantiene una idea que quedó clara durante toda la entrevista: el fútbol forma parte de su vida, pero la escuela ocupa el primer lugar.





