En su columna de salud mental en Radio Enlace, la psicóloga Valeria Baldoncini propuso revisar una idea que suele asociarse automáticamente con la dieta, el ejercicio y los hábitos saludables. Cuidarse, sostuvo, implica mucho más: preguntarnos qué necesitamos, cómo nos vinculamos con nuestro cuerpo y qué lugar ocupan nuestra historia, nuestros deseos y los demás en ese proceso.
¿Qué significa cuidarnos? La pregunta parece sencilla, pero cuando intentamos responderla aparecen ideas que vale la pena revisar. Muchas veces, la primera asociación es la alimentación: hacer dieta, restringir determinados alimentos, bajar de peso o modificar el cuerpo para alcanzar un ideal. Sin embargo, ¿cuidarse es solamente hacer aquello que supuestamente nos hace bien?
En su columna de salud mental en Radio Enlace, la psicóloga Valeria Baldoncini invitó a detenerse en esa pregunta y a cuestionar las respuestas automáticas que incorporamos al lenguaje cotidiano. Desde su experiencia profesional, planteó que el cuidado no puede reducirse a una lista de hábitos ni a una serie de indicaciones generales aplicables a todas las personas.
“¿A qué nos referimos cuando hablamos de cuidarnos?”, propuso como punto de partida. Para Valeria Baldoncini, la respuesta exige mirar más allá de lo que hacemos con el cuerpo y atender también a la relación que construimos con él, con nuestros deseos y con nosotros mismos.
Más allá de la idea de “hábitos saludables”
Uno de los primeros conceptos que la psicóloga puso en discusión fue el de “saludable”, una palabra que suele funcionar como sinónimo de algo necesariamente bueno, sin que siempre nos preguntemos para quién, en qué contexto y bajo qué condiciones.
La alimentación permite ver con claridad esa complejidad. Comer es una necesidad biológica, pero también es una práctica atravesada por la cultura, la historia personal, los recursos económicos, los horarios laborales y la organización familiar. No todas las personas comen lo mismo, tienen las mismas posibilidades ni responden de igual manera a determinados alimentos.
Desde su experiencia como profesional de la nutrición en el Hospital de Villa Gobernador Gálvez, donde trabaja desde hace dos décadas, Valeria señaló que para comprender la alimentación de una persona es necesario conocer su realidad: con quién vive, quién prepara la comida, cuántas personas trabajan en el hogar y qué posibilidades concretas existen para modificar los hábitos.
Por eso, cuestionó las recomendaciones universales que presentan una única forma de alimentarse o de cuidar el cuerpo. La propuesta no es negar la importancia de la alimentación ni de las indicaciones médicas, sino evitar que esas cuestiones se conviertan en recetas descontextualizadas. El cuidado, en ese sentido, no consiste simplemente en restringir, comer más o comer menos. También involucra el descanso, el movimiento, las necesidades cotidianas y las condiciones materiales en las que cada persona desarrolla su vida.
Saber qué nos hace bien no siempre alcanza
Durante la columna, Valeria Baldoncini compartió situaciones de su práctica profesional que muestran una dificultad frecuente: conocer una recomendación o una indicación médica no significa necesariamente poder llevarla adelante.
Relató el caso de una paciente que, pese a contar con un diagnóstico y necesitar medicación, rechazaba la posibilidad de tener esa enfermedad. En lugar de aceptar la situación, buscaba otra respuesta que confirmara lo que quería escuchar. La profesional utilizó este ejemplo para señalar que el cuidado no puede explicarse únicamente en términos de voluntad, información o decisiones racionales. Frente a una situación de salud intervienen también la subjetividad, los vínculos, las experiencias previas y la manera en que cada persona logra relacionarse con aquello que le sucede.
Desde esa perspectiva, acompañar a alguien no significa juzgarlo por lo que hace o deja de hacer, sino intentar comprender qué está en juego y construir las condiciones para que pueda afrontar su situación.
La misma pregunta aparece en otros escenarios cotidianos: ¿por qué seguimos trabajando cuando necesitamos descansar?, ¿por qué sentimos culpa cuando no estamos haciendo algo productivo?, ¿por qué las exigencias sobre nuestro cuerpo parecen no tener un límite? Para Valeria Baldoncini, estas situaciones invitan a pensar que no todo lo que hacemos responde a una decisión consciente. A veces repetimos conductas, sostenemos exigencias o buscamos resolver el malestar sin detenernos a preguntar qué nos está pasando.
El cuerpo, el malestar y las exigencias sociales
La psicóloga también se refirió a la presión por alcanzar determinados ideales corporales y a la tendencia a sumar exigencias vinculadas con la alimentación, la apariencia y el cuidado personal. En lugar de producir bienestar, esas demandas pueden convertirse en una carrera en la que la meta se aleja cada vez que parece estar cerca.
En esa lógica, descansar puede vivirse como una pérdida de tiempo y las vacaciones pueden llenarse de actividades hasta perder su sentido. Incluso cuando los estudios médicos no muestran alteraciones, una persona puede experimentar dolor o malestar que necesita ser escuchado y atendido.
La invitación de Baldoncini fue a no desestimar esas experiencias ni reducirlas a una cuestión de voluntad. Preguntarse qué nos sucede, qué intentamos resolver y qué lugar ocupa el malestar en nuestras decisiones permite abrir otras formas de comprender lo que vivimos.
En ese proceso, destacó la importancia de poner en palabras aquello que nos pasa y, cuando sea necesario, contar con el acompañamiento de un profesional.
Cuidarse también es escuchar a los demás
Otro aspecto central de la columna fue la dimensión social del cuidado. Aunque muchas veces se presenta como una responsabilidad exclusivamente individual, la posibilidad de cuidarnos también está relacionada con nuestros vínculos y con el contexto en el que vivimos.
Las condiciones económicas, el trabajo, las relaciones familiares y las personas con las que compartimos la vida influyen en nuestras decisiones y en las posibilidades concretas de atender nuestras necesidades. Por eso, no alcanza con preguntarnos qué tenemos que hacer: también es necesario considerar qué condiciones nos permiten hacerlo y qué apoyos necesitamos.
En el cierre, Baldoncini propuso pensar el cuidado como una forma de escucha. Escuchar el cuerpo, reconocer las necesidades, prestar atención a los deseos y también aceptar la mirada de quienes nos rodean cuando advierten algo que quizá nosotros no estamos pudiendo ver.
La pregunta inicial, entonces, queda abierta. Cuidarnos no es cumplir de manera automática con un ideal ni responder a una fórmula universal. Es construir, día a día, una relación con nosotros mismos que nos permita reconocer lo que nos pasa, revisar nuestras exigencias y comprender que el bienestar no se define de la misma manera para todas las personas.
Escuchá la columna completa de la psicóloga Valeria Baldoncini en Radio Enlace.





