En su columna de política internacional, Adriana “La Tana” Rossi analizó el origen y la evolución del conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán. Las tensiones por el programa nuclear iraní, el rol de las potencias globales y el impacto económico mundial —especialmente en el precio del petróleo— configuran un escenario de creciente inestabilidad internacional.
El conflicto entre Estados Unidos e Irán volvió a escalar en las últimas semanas y se transformó en uno de los principales focos de tensión internacional. En su columna de análisis geopolítico, la especialista en política internacional Adriana “La Tana” Rossi explicó las raíces de este enfrentamiento, los intereses en juego y las posibles consecuencias que podría tener tanto para Medio Oriente como para la economía global.
Según detalló, el origen inmediato de la crisis está vinculado al histórico debate en torno al programa nuclear iraní y a la sospecha de que el país pueda desarrollar armamento atómico. Irán posee instalaciones destinadas al enriquecimiento de uranio y sostiene que ese proceso se realiza con fines pacíficos, principalmente para generar energía. Sin embargo, el nivel de enriquecimiento del material nuclear es el punto que despierta preocupación en Estados Unidos, Israel y otras potencias occidentales.
“Irán ha enriquecido uranio hasta niveles cercanos al 60%, lo que ellos argumentan que responde a un uso energético pacífico. Pero la preocupación internacional surge ante la posibilidad de que ese enriquecimiento llegue al 90%, lo que permitiría producir material apto para una bomba atómica”, explicó Rossi.
La tensión por este tema no es nueva. En 2015 se había logrado un acuerdo internacional entre Irán y las principales potencias del mundo —entre ellas Estados Unidos, Francia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia y China— para limitar el desarrollo nuclear iraní. Ese acuerdo buscaba establecer controles y supervisión internacional sobre el programa atómico del país.
Sin embargo, el escenario cambió drásticamente cuando el entonces presidente estadounidense Donald Trump decidió retirarse del pacto nuclear durante su primer mandato. “Trump pateó el tablero y se retiró del acuerdo, lo que terminó debilitando completamente ese esquema de negociación internacional”, señaló la analista.
Desde entonces, las negociaciones se volvieron intermitentes y el clima de desconfianza fue creciendo. En ese contexto, Israel —que considera a Irán su principal enemigo estratégico en la región— comenzó a presionar con mayor fuerza para impedir que el país persa avance en su programa nuclear.
“Irán es una potencia intermedia en Medio Oriente y puede disputar el liderazgo regional. Israel ve en ese crecimiento una amenaza directa”, explicó.
En ese marco de tensión permanente, los ataques militares comenzaron a intensificarse. En el último año se produjeron intercambios de bombardeos entre Israel e Irán, con participación directa de Estados Unidos en algunas operaciones.
Uno de los objetivos principales de esos ataques fue destruir instalaciones vinculadas al desarrollo nuclear iraní. Sin embargo, Adriana Rossi advirtió que detrás de esas acciones militares también existe un objetivo político más amplio.
“Además de frenar el desarrollo nuclear, hay una estrategia que apunta a generar un cambio de régimen en Irán, es decir, reemplazar al actual gobierno por uno más cercano a los intereses occidentales”, explicó.
Irán funciona como una república islámica donde el poder político está fuertemente influenciado por la autoridad religiosa del ayatolá, la máxima figura espiritual y política del país. Aunque existe un gobierno civil, el liderazgo religioso tiene una influencia determinante en las decisiones estratégicas del Estado.
En medio de los ataques, algunos sectores internacionales esperaban que la población iraní se levantara contra el régimen, pero ese escenario no se produjo. “La población que en otros momentos había cuestionado al gobierno no salió a las calles. El régimen se mantuvo firme y la estructura de poder no se desmoronó”, explicó.
Mientras tanto, el conflicto comenzó a expandirse más allá de las fronteras iraníes. Irán respondió con misiles dirigidos hacia Israel, algunos de los cuales lograron atravesar el sistema de defensa conocido como “Cúpula de Hierro”, provocando daños en ciudades como Tel Aviv.
Pero la estrategia iraní no se limitó a Israel. También se produjeron ataques contra bases militares estadounidenses y contra infraestructura petrolera en países del Golfo Pérsico.
La tensión escaló aún más cuando Irán decidió bloquear el estrecho de Ormuz, uno de los puntos estratégicos más importantes para el comercio energético mundial.
Por ese estrecho marítimo circula aproximadamente el 25% del petróleo que se comercializa en el planeta. Su bloqueo generó una inmediata reacción en los mercados internacionales.
“La consecuencia directa fue una crisis energética global. El precio del petróleo se disparó y eso impactó inmediatamente en el costo de los combustibles en muchos países”, explicó.
El efecto de esta situación no se limita a Medio Oriente. La suba del petróleo tiene consecuencias directas sobre la inflación mundial, ya que el aumento del combustible repercute en los costos de transporte, producción y distribución de bienes.
“Cuando sube el petróleo, sube prácticamente todo. Y una vez que los precios suben, rara vez vuelven a bajar”, advirtió la especialista.
La guerra también está generando tensiones dentro del propio bloque occidental. Algunos países europeos han mostrado reticencias a involucrarse militarmente en el conflicto.
España, por ejemplo, anunció que no autorizará el uso de sus puertos para operaciones militares estadounidenses vinculadas a esta guerra. Otros países, como Italia, mantienen una postura ambigua.
Gran Bretaña, por su parte, permitió el uso de algunas bases militares pero evitó comprometer tropas propias.
Estas diferencias reflejan la complejidad del escenario internacional y las dificultades para construir una respuesta unificada frente al conflicto.
Mientras tanto, el enfrentamiento sigue ampliando su radio de acción. Israel continúa bombardeando posiciones vinculadas a la milicia Hezbollah en el sur del Líbano, organización que mantiene vínculos estratégicos con Irán.
Los ataques en territorio libanés provocaron una fuerte crisis humanitaria, con miles de personas desplazadas que intentan escapar hacia Siria.
“La situación en Líbano es dramática. Hay ciudades prácticamente vaciándose por los bombardeos”, describió Adriana Rossi.
En paralelo, el gobierno estadounidense analiza nuevas estrategias militares para debilitar al régimen iraní. Una de las posibilidades mencionadas por el propio Trump es el envío de fuerzas especiales con el objetivo de tomar control del uranio iraní.
Para la especialista en política internacional, una decisión de ese tipo podría agravar aún más la situación.
“Irán no es un país pequeño. Tiene más de 90 millones de habitantes, una historia milenaria y una identidad cultural muy fuerte. Invadir o intervenir militarmente un territorio así podría desencadenar un conflicto mucho más grande”, advirtió.
El conflicto también tiene implicancias geopolíticas para América Latina. Según explicó la analista, Estados Unidos está impulsando nuevas alianzas regionales bajo el argumento de combatir el narcotráfico.
“Trump está proponiendo una especie de coalición internacional contra el narcotráfico que involucraría a varios países de América Latina, entre ellos Argentina”, señaló.
Para Rossi, este tipo de estrategias pueden traducirse en una mayor presencia militar estadounidense en la región y en una pérdida de autonomía política para los países latinoamericanos.
“La preocupación es que terminemos cada vez más alineados con la política exterior de Estados Unidos, perdiendo margen de decisión propio”, sostuvo.
En Estados Unidos, además, el conflicto genera fuertes divisiones internas. Las encuestas muestran que una mayoría de la población rechaza la política exterior de Trump en relación con Irán, especialmente entre los sectores jóvenes.
“El rechazo entre los jóvenes supera el 70%. Hay un fuerte cuestionamiento a la idea de embarcarse en otra guerra en Medio Oriente”, explicó Rossi.
En este contexto de tensiones múltiples, el desenlace del conflicto sigue siendo incierto. Las declaraciones oficiales hablan de una posible finalización en las próximas semanas, pero los enfrentamientos militares continúan.
Para Rossi, el escenario sigue abierto y cargado de interrogantes.
“Estamos ante un conflicto que involucra a muchas potencias, que tiene impacto económico global y que puede reconfigurar el equilibrio político en Medio Oriente. Nadie puede asegurar hoy cómo va a terminar”, concluyó.
Mientras tanto, el mundo observa con preocupación el desarrollo de un enfrentamiento que no sólo redefine el mapa geopolítico de una región estratégica, sino que también impacta directamente en la economía y la estabilidad global.