Estados Unidos, Medio Oriente y una nueva disputa por el control global: el análisis de Adriana Rossi

En su columna de política internacional, la analista Adriana Rossi abordó el escenario abierto por el conflicto entre Estados Unidos e Irán, las dificultades para alcanzar un acuerdo de paz y la disputa por el control del petróleo y de rutas estratégicas como el estrecho de Ormuz. También analizó el creciente despliegue estadounidense en América Latina, la situación de Argentina frente a Washington y China, y el avance de la inteligencia artificial como herramienta de guerra, vigilancia y control de datos. En la última parte de la columna, Rossi advirtió además sobre el avance de posiciones conservadoras en Estados Unidos y su impacto sobre los derechos de las mujeres.

La situación en Medio Oriente continúa ocupando un lugar central en la agenda internacional y, según el análisis de Adriana Rossi, lejos de encaminarse hacia una resolución definitiva, el conflicto entre Estados Unidos e Irán mantiene abiertos numerosos interrogantes. La analista explicó que se cumplió el plazo de 60 días establecido como tregua para avanzar en negociaciones y alcanzar un eventual acuerdo de paz, pero que ese objetivo continúa lejano. Para Rossi, la principal dificultad radica en que ninguna de las expectativas que Estados Unidos había planteado al iniciar la ofensiva contra Irán logró concretarse: no se produjo la caída del régimen de los ayatollah, tampoco hubo un acuerdo sobre el programa nuclear iraní y Washington no consiguió imponer completamente sus condiciones. “El acuerdo de paz sigue siendo un sueño lejano”, sostuvo durante su columna, al describir un escenario en el que la confrontación continúa condicionando buena parte de la política internacional.

Uno de los elementos que, para Rossi, limita las posibilidades de una nueva ofensiva estadounidense es la disponibilidad de armamento. La analista señaló que el propio Pentágono reconoce que Estados Unidos no cuenta actualmente con armas suficientes para desarrollar un ataque masivo contra Irán, ya que buena parte del material disponible debe ser destinado a sostener la defensa de las distintas bases militares desplegadas en Medio Oriente. Esta situación representa una limitación concreta para las amenazas que Donald Trump viene realizando respecto de una eventual ampliación de las operaciones militares. En ese contexto, Rossi consideró que el presidente estadounidense aparece cada vez más errático en sus declaraciones y decisiones, particularmente alrededor del estrecho de Ormuz. “No hay posibilidad de un ataque masivo para destruir a Irán, como decía Trump”, afirmó.

El estrecho de Ormuz y la disputa por el petróleo

La situación alrededor del estrecho de Ormuz constituye otro de los puntos de tensión analizados durante la columna. Rossi explicó que Irán alcanzó un acuerdo con Omán para establecer una vía que permita el paso de determinados buques petroleros, en un contexto en el que el tránsito por esa zona estratégica se encuentra fuertemente condicionado. La respuesta de Estados Unidos, según relató la analista, fue amenazar con bombardear Omán si el acuerdo avanza, mientras Irán sostiene que el estrecho se encuentra bajo su control y acusa a Washington de ser quien efectivamente está bloqueando el tránsito. El conflicto no solamente tiene consecuencias militares y diplomáticas, sino que afecta directamente al mercado energético internacional y obliga a buscar rutas alternativas para el transporte del petróleo. “La búsqueda claramente de alternativas para la ruta del petróleo”, explicó Rossi, se convirtió así en uno de los aspectos centrales de la disputa.

Dentro de ese escenario aparece nuevamente América Latina como una región estratégica. Rossi señaló que Venezuela posee importantes reservas petroleras, aunque con la particularidad de contar con un crudo pesado que requiere procesos específicos de refinación. Al mismo tiempo, destacó el interés que existe sobre los recursos energéticos de la región y particularmente sobre Vaca Muerta, en Argentina. La disputa energética global puede generar así nuevas presiones sobre los países latinoamericanos y convertir sus recursos naturales en piezas importantes dentro de una confrontación que excede ampliamente a Medio Oriente. En ese marco, la analista vinculó la situación internacional con el creciente interés de Estados Unidos sobre Argentina y otros países de la región.

La creciente presencia de Estados Unidos en América Latina

Otro de los ejes centrales de la columna fue la creciente presencia estadounidense en distintos países latinoamericanos. Rossi puso especial atención en el rol que está desempeñando el embajador de Estados Unidos en Argentina y cuestionó sus intervenciones sobre decisiones económicas y comerciales del país. La analista consideró particularmente relevante que el representante diplomático haya expresado posiciones sobre empresas argentinas y sus vínculos comerciales con compañías chinas. “Me parece impresionante que ya directamente, con total libertad, el embajador llama y aprieta a empresas argentinas”, sostuvo Rossi, al advertir sobre lo que considera una creciente injerencia estadounidense en decisiones que deberían corresponder al Estado argentino y al sector privado nacional.

La presencia de organismos estadounidenses en la región también fue señalada como un dato relevante. Rossi puso el foco en la llegada del FBI a distintos países latinoamericanos y marcó como especialmente significativo que la agencia estadounidense tenga una oficina permanente en Ecuador. Según explicó, mientras la CIA tiene históricamente funciones vinculadas con la inteligencia exterior, el FBI es una agencia federal asociada fundamentalmente con investigaciones internas de Estados Unidos. Para la analista, su creciente presencia en América Latina debe ser observada en relación con un proceso más amplio de expansión de las capacidades de inteligencia y seguridad estadounidenses sobre la región. “Estados Unidos piensa que el Ecuador, que la Argentina y ahora Colombia son territorios de ellos”, afirmó.

Rossi también analizó la situación de Ecuador y Colombia en relación con la cooperación militar y la lucha contra el narcotráfico. En el caso ecuatoriano, recordó que la población rechazó en un referéndum la posibilidad de permitir la presencia militar extranjera, pese a lo cual posteriormente se avanzó en distintas formas de cooperación y operaciones con participación estadounidense. También mencionó la existencia de antecedentes vinculados con la presencia militar de Estados Unidos en Ecuador, particularmente en Manta, donde una instalación que originalmente funcionaba como centro operativo terminó transformándose en una base militar estadounidense. Para Rossi, estos antecedentes permiten observar cómo determinados mecanismos de cooperación pueden terminar ampliando la presencia de Washington en territorios latinoamericanos.

Argentina, China y la disputa por los datos

La disputa entre Estados Unidos y China adquiere una dimensión particular cuando se incorpora la cuestión tecnológica. Rossi explicó que Washington observa con preocupación los contratos entre empresas argentinas y compañías chinas como Huawei, bajo el argumento de que detrás de esas empresas existe una estructura política vinculada al Partido Comunista chino que podría permitir el acceso a determinados datos. Para la analista, esta situación coloca a Argentina en medio de una disputa entre dos grandes potencias que no necesariamente coincide con sus propios intereses nacionales. “Nos va a poner a los argentinos en una lucha entre Estados Unidos y China, que nosotros no tenemos nada que ver”, sostuvo. Rossi remarcó además que Argentina debería conservar la libertad de establecer relaciones comerciales con distintos países de acuerdo con sus propios intereses.

En ese punto, la columna ingresó en uno de los temas que Rossi considera centrales para comprender la nueva disputa geopolítica: el control de los datos y la inteligencia artificial. La analista explicó que la competencia internacional ya no se limita a cuestiones territoriales, militares o económicas, sino que incluye el dominio de enormes volúmenes de información y la capacidad tecnológica para procesarlos. En ese escenario ubicó a empresas como Palantir, OpenAI y Anthropic, que desarrollan herramientas de inteligencia artificial con diferentes aplicaciones. “La guerra ahora es una guerra híbrida”, señaló Rossi, al describir un escenario donde conviven soldados en territorio, drones, sistemas automatizados y herramientas de inteligencia artificial capaces de procesar información para fines militares.

La utilización de inteligencia artificial con fines militares plantea además interrogantes sobre el nivel de control humano existente sobre esas tecnologías. Rossi puso como ejemplo el papel que atribuyó a Palantir en operaciones militares y señaló que estas herramientas pueden ser utilizadas para identificar objetivos y procesar grandes cantidades de información. También mencionó episodios en los que datos desactualizados podrían haber contribuido a la identificación errónea de objetivos. Más allá de la discusión sobre casos específicos, la analista planteó que el problema central es que la inteligencia artificial está adquiriendo capacidades cada vez mayores en un contexto de competencia tecnológica entre grandes empresas y potencias. “Hay todas unas problemáticas que hay que resolver porque puede ser peligrosísima, puede desencadenar una guerra”, advirtió.

Una tecnología que también abre el debate sobre regulación

La discusión sobre inteligencia artificial no se limita al ámbito militar. Rossi señaló que también existe una preocupación creciente respecto del uso comercial y gubernamental de grandes cantidades de datos y de la posibilidad de que estas tecnologías actúen sin suficiente supervisión humana. Durante la entrevista se mencionaron episodios en los que sistemas de inteligencia artificial habrían excedido los parámetros previstos al interactuar con bases de datos y procesar información. Para Rossi, la competencia entre las grandes compañías tecnológicas por desarrollar sistemas cada vez más avanzados aumenta los riesgos y obliga a discutir mecanismos de control. En ese sentido, consideró necesario que Argentina avance en una legislación que establezca límites y reglas claras para el desarrollo y utilización de la inteligencia artificial.

El avance de posiciones conservadoras y el debate sobre los derechos de las mujeres

La última parte de la columna estuvo atravesada por otro fenómeno que Rossi considera significativo dentro de la política estadounidense: el avance de posiciones sociales y culturales conservadoras. La analista cuestionó discursos que promueven el retorno de las mujeres al ámbito doméstico y plantean una visión tradicional de la familia y de los roles de género. Según explicó, este fenómeno no se limita al discurso político formal, sino que también aparece en redes sociales a través de contenidos que idealizan una vida doméstica tradicional y presentan el regreso de las mujeres al hogar como una respuesta a los problemas de la sociedad contemporánea. Rossi interpretó esta tendencia como parte de un giro conservador más amplio que busca revisar derechos y conquistas alcanzadas durante las últimas décadas.

En ese contexto, también hizo referencia a propuestas que plantean modificar el sistema electoral estadounidense para establecer una modalidad de voto por familia, en la que un único integrante del hogar sea quien emita el sufragio. Rossi cuestionó fuertemente esa posibilidad porque, desde su perspectiva, significaría retroceder en términos de participación política individual y derechos ciudadanos. “Estamos volviendo a los tiempos medievales”, sostuvo durante la conversación, al cuestionar la idea de que una familia pueda ser considerada una única unidad política y electoral. La analista planteó que detrás de estas propuestas existe una concepción de sociedad que busca recuperar estructuras familiares tradicionales y reducir la autonomía individual de las mujeres.

La columna de Adriana Rossi dejó así un panorama internacional atravesado por conflictos militares, disputas energéticas, expansión de las capacidades de inteligencia, competencia tecnológica y una creciente confrontación entre Estados Unidos y China. Para la analista, estos procesos no deben ser observados como fenómenos aislados, porque forman parte de una disputa global por recursos, territorios, información y capacidad de influencia política. Medio Oriente aparece como uno de los principales focos de tensión, pero sus consecuencias se proyectan sobre América Latina y particularmente sobre países como Argentina, que poseen recursos estratégicos y mantienen relaciones comerciales con diferentes potencias. En ese escenario, Rossi advirtió sobre la necesidad de observar con atención tanto las decisiones de política exterior como el impacto que tendrán sobre la soberanía, la economía, la tecnología y los derechos conquistados.