Hipertensión arterial: la importancia de controlar una condición que muchas veces no da síntomas

En su columna de salud, el doctor Juan Carlos Singereisky dialogó con el cardiólogo Mariano Athie sobre la hipertensión arterial, sus factores de riesgo, los órganos que puede afectar y la importancia de no abandonar los tratamientos. También remarcaron el papel de la actividad física, la alimentación y los controles periódicos.

La hipertensión arterial fue el tema central de la columna de salud del doctor Juan Carlos Singereisky, quien conversó con el cardiólogo Mariano Athie sobre una condición que puede avanzar durante años sin presentar síntomas evidentes. Desde el comienzo del diálogo, el especialista planteó una pregunta sencilla para dimensionar el problema: cuántas personas saben realmente cuál es su presión arterial en este momento. La respuesta permite entender uno de los principales desafíos de la hipertensión: muchas veces se descubre recién cuando ya produjo consecuencias en el organismo.

Athie explicó que la presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de los vasos sanguíneos y remarcó que sus valores varían permanentemente. Durante la entrevista señaló que las recomendaciones fueron modificándose con el tiempo y que actualmente una presión de alrededor de 12/7 se considera normal, mientras que valores cercanos a 13/8 requieren control, aunque no necesariamente tratamiento. También aclaró que las cifras deben interpretarse de acuerdo con la edad y las características de cada persona.

Uno de los principales conceptos que dejó el cardiólogo fue que la hipertensión generalmente no produce síntomas, por lo que medir la presión es la herramienta fundamental para detectarla. En ese sentido, sostuvo que los controles deberían formar parte de las consultas médicas habituales y planteó también la posibilidad de aprovechar controles ocasionales en una farmacia para conocer los propios valores. El objetivo, explicó, es detectar la alteración antes de que pueda producir daño en órganos importantes.

Según los datos mencionados durante la conversación, alrededor de una de cada tres personas en el mundo tendría hipertensión y una proporción importante no lo sabe justamente porque no presenta síntomas. Athie planteó además que prefiere hablar de la hipertensión como una condición que puede provocar enfermedad cuando no es controlada, más que reducirla a una cifra determinada de presión. Cuando permanece sin tratamiento, puede afectar órganos que el especialista identificó como “órganos blanco”: cerebro, corazón, riñones y ojos.

Entre las consecuencias mencionadas durante la entrevista aparecen los accidentes y daños cerebrovasculares, las enfermedades cardíacas, el deterioro de la función renal y la retinopatía hipertensiva. Por eso, Athie insistió en que el problema no debe reducirse a “tener alta” una medición aislada, sino que debe observarse como una condición que puede mantenerse en el tiempo y afectar progresivamente al organismo. La detección temprana y el seguimiento médico ocupan, en ese esquema, un lugar central.

¿Por qué aumenta la presión? La explicación del cardiólogo fue que no existe una única causa. Habló de una condición multifactorial, en la que intervienen factores genéticos y ambientales, además de cuestiones vinculadas con la alimentación, el sedentarismo y la manera en que las personas se relacionan con su entorno. También cuestionó la idea de que exista simplemente una “hipertensión emotiva” y señaló que el estrés y otros factores psicoambientales pueden formar parte de un conjunto mucho más amplio de elementos.

En materia de alimentación, Athie hizo especial hincapié en el consumo de sodio. Recomendó prestar atención a los alimentos procesados y leer los rótulos para conocer cuánto sodio se incorpora a través de productos que, además de la sal agregada durante la preparación, ya pueden contener cantidades importantes. Durante la entrevista citó como referencia los 2 gramos diarios de sodio, equivalentes a unos 5 gramos de sal, y utilizó una comparación concreta: aproximadamente el contenido de un sobre individual de sal.

La conversación también abordó la hipertensión en niños y adolescentes. Athie explicó que en los menores pueden adquirir mayor relevancia las causas secundarias, vinculadas con otras condiciones o alteraciones del organismo, y remarcó que las cifras deben analizarse de acuerdo con la edad y las características físicas del niño. En ese punto advirtió sobre otro error frecuente: interpretar automáticamente una determinada cifra de presión como hipertensión sin tener en cuenta el contexto del paciente.

Otro de los ejes fue la actividad física. Para el especialista, el ejercicio resulta importante no solamente para prevenir o controlar la hipertensión, sino también frente a otras enfermedades metabólicas y para mantener la masa muscular. Singereisky y Athie coincidieron en que se trata de un componente fundamental de una estrategia de cuidado de la salud que no debería limitarse a la medicación.

La entrevista también ingresó en un aspecto cotidiano del tratamiento: el costo y la continuidad de los medicamentos. Athie señaló que los fármacos utilizados para controlar la presión no suelen representar, en su experiencia cotidiana, tratamientos particularmente costosos, pero advirtió que el problema económico puede crecer cuando una persona acumula distintas enfermedades crónicas y necesita varios medicamentos. En ese contexto, sostuvo que la hipertensión debería contar con mayores mecanismos de cobertura para evitar que los pacientes abandonen los tratamientos.

Hacia el final del diálogo apareció una de las advertencias más importantes para quienes ya tienen un diagnóstico: sentirse bien o registrar una presión normal no significa que se pueda abandonar la medicación por cuenta propia. Athie explicó que los tratamientos funcionan justamente para mantener los valores controlados y que la decisión de modificarlos debe quedar en manos del profesional que realiza el seguimiento. También señaló que cambios importantes en el peso, la actividad física u otros hábitos pueden modificar las necesidades de tratamiento y requieren una nueva evaluación.

La charla terminó con una idea que atravesó buena parte de la conversación: la prevención no depende de una sola medida. Controlar periódicamente la presión, cuidar la alimentación, realizar actividad física, mantener hábitos saludables y sostener los tratamientos indicados forman parte de un mismo proceso. Y, como planteó Athie al despedirse, cuidar la salud también implica encontrar espacios para disfrutar y reducir el estrés cotidiano.