La economista Lucila Rivolta, integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) Rosario, analizó en Enlace de Noticias los principales indicadores económicos de la provincia de Santa Fe. La caída del empleo registrado, el cierre de empresas, la pérdida del poder adquisitivo, la disminución de la coparticipación y el creciente endeudamiento de las familias conforman, según explicó, un escenario de deterioro que ya se refleja en la vida cotidiana de miles de santafesinos.
Los números de la economía suelen presentarse como estadísticas frías. Sin embargo, detrás de cada indicador hay familias que llegan con dificultad a fin de mes, trabajadores que perdieron su empleo, comercios con menos ventas y municipios que deben afrontar cada vez más obligaciones con menos recursos.
Ese fue el punto de partida de la entrevista que Enlace de Noticias mantuvo con Lucila Rivolta, economista e integrante del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) Rosario. A partir de los últimos informes elaborados por el organismo, la especialista trazó un diagnóstico sobre la situación económica de Santa Fe y advirtió que el deterioro ya no puede medirse únicamente en variables macroeconómicas, sino que se expresa en el consumo, el mercado laboral, las finanzas públicas y el endeudamiento creciente de los hogares.
“La realidad es que la gente claramente no la está pasando bien”
Consultada sobre el presente económico de la provincia, Rivolta fue categórica. Antes de mencionar cualquier indicador, eligió partir de una imagen cotidiana: recorrer la calle y hablar con los vecinos: “la única verdad es la realidad. Uno tiene que caminar un poco la calle para saber que la gente claramente no la está pasando bien y que no está llegando a fin de mes. Eso es consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo desde que asumió este gobierno nacional y también provincial. Cuando analizamos los datos vemos que el ajuste implementado a nivel nacional también se replica en la provincia de Santa Fe.”
Según explicó, esa pérdida de ingresos repercute directamente sobre el consumo y termina impactando en toda la economía. Menos compras significan menos recaudación tributaria, menos recursos para las provincias y, finalmente, mayores dificultades para sostener el funcionamiento del Estado.
La caída de la coparticipación y el efecto dominó sobre provincias y municipios
Uno de los ejes centrales de la entrevista estuvo vinculado con la disminución de la coparticipación federal, un fenómeno que comienza a sentirse con fuerza en las administraciones provinciales y municipales.
Rivolta explicó que los principales impuestos coparticipables —como el IVA y el Impuesto a las Ganancias— vienen mostrando una caída en términos reales debido al menor nivel de consumo y actividad económica: “hace nueve meses que el Gobierno nacional venía perdiendo recaudación. Los impuestos que más cayeron fueron el IVA y Ganancias, que son justamente los impuestos coparticipables. El IVA está directamente relacionado con el consumo: si el consumo está deprimido, el Estado recauda menos. Y si recauda menos, las provincias reciben menos recursos.”
La economista señaló que, de acuerdo con los relevamientos realizados por CEPA, la provincia de Santa Fe registró hasta abril una caída promedio del 12% en los recursos de origen nacional medidos en términos reales.
Pero el problema no termina allí. “La provincia también recauda menos por Ingresos Brutos, que es su principal fuente de financiamiento y también depende del nivel de actividad económica. Cuando cae el consumo y cae la facturación, también cae la recaudación provincial.”
Superávit fiscal con menos inversión pública
Frente al anuncio del Gobierno provincial sobre el superávit fiscal alcanzado durante 2025, Rivolta planteó una mirada crítica respecto de cómo se obtuvo ese resultado.
Según explicó, el equilibrio de las cuentas públicas no responde a una mejora de los ingresos sino, fundamentalmente, a un ajuste del gasto: “si la provincia viene recaudando menos desde hace tiempo y aun así muestra superávit fiscal, eso ocurre a costa de reducir el gasto. Nosotros analizamos la ejecución presupuestaria y observamos que en 2025 el ajuste real fue del 9,3% respecto de 2023. Los principales recortes estuvieron en educación, salud, jubilaciones y empleo público.”
Para la economista, ese ajuste termina trasladándose a la vida cotidiana de la población.”La pérdida del poder adquisitivo de trabajadores estatales y jubilados, junto con la reducción de recursos destinados a áreas sensibles, termina repercutiendo directamente en la calidad de vida de la población”, explicó.
Más horas de trabajo para sostener el mismo salario
Otro de los aspectos analizados fue la evolución de los salarios. Aunque el Gobierno nacional difundió recientemente una mejora en el índice salarial del sector privado registrado, Rivolta sostuvo que ese dato debe interpretarse con cautela.
“Nosotros tenemos un observatorio de paritarias donde seguimos la evolución de 27 convenios colectivos. Lo que vemos es una diferencia muy importante entre el índice salarial registrado y los aumentos reales de convenio. Eso ocurre porque el salario registrado incorpora horas extras y otros conceptos. En muchos casos los trabajadores están haciendo más horas para mantener el mismo ingreso.”
A esa situación se suma otro fenómeno que preocupa a CEPA: el crecimiento del empleo informal. Según explicó, aunque la desocupación mostró una leve baja interanual, ese descenso estuvo acompañado por un incremento de formas laborales más precarias, sin estabilidad ni derechos laborales plenos.
Santa Fe perdió más de 20 mil empleos registrados y más de tres mil empresas
Uno de los datos más contundentes presentados durante la entrevista surge del último informe elaborado por CEPA sobre empleo registrado. Entre noviembre de 2023 y marzo de 2026, Santa Fe perdió 3.018 empleadores y más de 20.000 puestos de trabajo registrados. La industria concentra una parte importante de esas pérdidas.
“No estamos hablando de una crisis coyuntural. Lo que muestran los datos es una decisión económica que termina provocando el cierre de empresas y la pérdida de empleo. De esos más de veinte mil puestos de trabajo destruidos, 8.240 corresponden al sector industrial, que es uno de los principales motores productivos de Santa Fe.”
La economista destacó que el impacto resulta especialmente preocupante porque la provincia posee uno de los entramados industriales más importantes del país.
El crecimiento del monotributo y la precarización laboral
La pérdida de empleo formal no implica necesariamente que esas personas queden completamente fuera del mercado laboral. En muchos casos, explicó Rivolta, terminan volcándose al trabajo independiente o a plataformas digitales.
“A nivel nacional se destruyeron cerca de 340.000 puestos de trabajo registrados entre el sector público y el privado. Al mismo tiempo aumentaron casi 150.000 monotributistas. Hay muchas personas que perdieron su empleo y comenzaron un emprendimiento o trabajan mediante aplicaciones para poder seguir teniendo algún ingreso y mantener sus aportes.”
Sin embargo, advirtió que ese proceso representa una degradación de la calidad del empleo: “la reforma laboral prometía generar más trabajo registrado, pero los datos muestran exactamente lo contrario: siguen cayendo los puestos de trabajo formales y aumenta la precarización”, afirmó.
Familias endeudadas para poder comer
Hacia el final de la entrevista, Rivolta puso el foco sobre otro fenómeno que comienza a extenderse con fuerza: el endeudamiento de los hogares.
Según explicó, cada vez más familias recurren a créditos personales, tarjetas o billeteras virtuales no para realizar inversiones o mejorar su vivienda, sino para afrontar gastos corrientes como alimentos y servicios básicos: “el problema de fondo sigue siendo el salario. Aunque refinancien las deudas con tasas más bajas, si una familia no recupera poder adquisitivo va a seguir sin poder pagar. Hoy vemos niveles de morosidad muy elevados, especialmente en el sistema financiero no bancario, incluso superiores a los registrados durante la crisis de 2001.”
Y concluyó con una reflexión que resume buena parte del diagnóstico elaborado por CEPA: “lo más preocupante es que las familias ya no se endeudan para construir una casa o comprar un bien. Se endeudan para pagar la luz, el supermercado o el almacén. Cuando el crédito empieza a utilizarse para garantizar la comida de todos los días, estamos frente a un problema económico y social muy profundo.”
El panorama que describe el último informe de CEPA muestra que detrás de la desaceleración de algunos indicadores macroeconómicos persisten problemas estructurales que continúan afectando la economía santafesina. La caída del empleo registrado, el retroceso del consumo, el cierre de empresas y el endeudamiento creciente de las familias configuran un escenario que, según Rivolta, exige políticas orientadas a recomponer ingresos y recuperar la actividad económica, ya que sin esa base —advirtió— será muy difícil revertir el deterioro que hoy atraviesan miles de hogares.





