En una extensa columna en Radio Enlace, la psicóloga Valeria Baldoncini reflexionó sobre el aumento de los cuadros depresivos, la crisis del diálogo familiar y las consecuencias emocionales del aislamiento social y digital. También habló sobre la importancia de pedir ayuda profesional y presentó un nuevo espacio interdisciplinario de atención en Pueblo Esther.
La salud mental dejó de ser un tema periférico para transformarse en una preocupación cada vez más presente en la vida cotidiana. La angustia, el agotamiento emocional, la ansiedad y la depresión atraviesan hoy a personas de todas las edades, aunque muchas veces todavía cuesta hablar de ello, reconocer síntomas o pedir ayuda.
En ese contexto, la psicóloga Valeria Baldoncini participó de una extensa columna en Radio Enlace donde abordó las diferencias entre tristeza, angustia y depresión, y analizó cómo la hiperconectividad, el aislamiento y la pérdida de espacios de diálogo están impactando en la salud emocional de las personas, especialmente de adolescentes y jóvenes.
“La angustia tiene muy mala prensa. Parece que está mal angustiarse, está mal llorar o decir que uno no está bien”, señaló la profesional al comienzo de la entrevista. Y agregó: “Vivimos en una época donde nadie se permite sentirse mal. Todo tiene que ser rápido, funcional y productivo”.
“La depresión es una enfermedad y no simplemente tristeza”
Uno de los puntos centrales de la charla fue la necesidad de diferenciar estados emocionales transitorios de cuadros depresivos que requieren intervención profesional.
Valeria Baldoncini explicó que la angustia puede aparecer frente a situaciones cotidianas o procesos vitales complejos, mientras que la depresión implica un padecimiento de salud mental mucho más profundo y sostenido en el tiempo: “la depresión no es simplemente estar triste o no tener ganas de levantarse un día. Es una enfermedad, un trastorno del estado de ánimo que modifica completamente la vida cotidiana de la persona”, afirmó.
En ese sentido, remarcó que muchas veces existe una mirada simplista o minimizadora sobre estos cuadros, que desconoce incluso el componente biológico y químico involucrado: “somos química por naturaleza. Cuando determinados procesos químicos no funcionan correctamente, no alcanza solamente con distraerse o hacer actividades. Hay casos donde el acompañamiento psicológico y psiquiátrico es fundamental”, sostuvo.
La profesional también habló sobre la dificultad que implica trabajar clínicamente con pacientes depresivos y la necesidad de abordar estas situaciones con equipos interdisciplinarios: “cuando uno escucha a un paciente depresivo realmente siente que el discurso te desarma. Son personas que muchas veces no tienen deseo, no encuentran sentido y no cuentan con recursos psíquicos para salir solas de ese lugar”, explicó. Y añadió: “Por eso es tan importante sacar a la psiquiatría del lugar estigmatizante en el que históricamente fue puesta. La medicación, en muchos casos, funciona como un sostén necesario para poder empezar un tratamiento”.
El impacto de las pantallas y la pérdida del encuentro
Durante la conversación también surgió una fuerte reflexión sobre los cambios sociales y vinculares que atraviesan las familias y las nuevas generaciones.
Para la profesional, la hiperconectividad y el uso permanente de teléfonos y redes sociales generaron una paradoja: nunca hubo tantas herramientas para comunicarse y, al mismo tiempo, tanta dificultad para construir vínculos reales: “perdimos la posibilidad de conectarnos con el otro. Hoy nadie toca timbre para ver cómo está un amigo. Todo pasa a través del teléfono”, expresó.
La psicóloga sostuvo que esta transformación afecta especialmente a adolescentes y jóvenes, quienes muchas veces atraviesan situaciones de angustia o aislamiento sin espacios genuinos de escucha: “los adolescentes tienen muchísimo para decir, pero los adultos dejamos de escucharlos”, afirmó. Y profundizó: “No hay que esperar que un hijo venga a contarnos lo que le pasa. El vínculo es asimétrico: somos los adultos quienes tenemos que generar el espacio, convocar al diálogo y habilitar la palabra”.
En ese marco, advirtió sobre la pérdida de rutinas cotidianas que antes funcionaban como espacios de encuentro familiar. “Hoy muchas familias ya ni siquiera comparten la mesa. Cada uno come por su lado y mirando una pantalla distinta. Y eso va rompiendo lentamente los vínculos”, señaló.
“Volver a las bases”
A lo largo de la entrevista, Valeria Baldoncini insistió varias veces sobre la necesidad de recuperar formas simples de encuentro humano y reconstruir espacios colectivos. “Estoy convencida de algo: lo viejo funciona”, afirmó. “Volver a tomar mates, a charlar, a ir a una plaza, a compartir tiempo sin pantallas parece algo básico, pero hoy se volvió revolucionario”.
La profesional también vinculó el contexto social y político con el aumento del malestar emocional y la dificultad para sostener diálogos sanos: “vivimos en una época muy atravesada por la violencia y por discursos donde el otro aparece más como enemigo que como alguien con quien se puede conversar”, analizó.
Un nuevo espacio interdisciplinario en Pueblo Esther
En la última parte de la entrevista, Valeria Baldoncini anunció la apertura de un nuevo espacio de atención integral en Pueblo Esther, donde trabajará junto a otros profesionales de la salud mental y la nutrición.
El equipo estará integrado por psicología, psiquiatría y psiconutrición, con una mirada interdisciplinaria enfocada en abordar al paciente de manera integral: “no somos solamente lo que comemos o lo que sentimos. Somos vínculos, hábitos, historia, cuerpo y emociones. Por eso necesitamos tratamientos que contemplen toda esa complejidad”, explicó.
El nuevo espacio funcionará en calle San Luis 1981 y buscará también desarrollar talleres y actividades comunitarias vinculadas a salud mental, alimentación y calidad de vida.
“La salud mental también duele. Y así como uno consulta cuando le duele una rodilla, también hay que naturalizar pedir ayuda cuando el sufrimiento es emocional”, concluyó.




