“Nos quedamos huérfanos de ese pogo colectivo”: el recuerdo de Raúl Carrizo sobre lo que significó el Indio Solari para una generación

Raúl Carrizo recordó el impacto cultural del Indio Solari y Los Redondos en una generación de argentinos. Reflexionó sobre la representación social, el fenómeno ricotero y el significado del pogo como experiencia colectiva.

Hablar del Indio Solari es hablar de mucho más que música. Para miles de seguidores en todo el país, su figura y la de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota trascendieron el rock para convertirse en una forma de entender una época, una identidad cultural y una manera particular de habitar la realidad social argentina.

Raúl Carrizo, seguidor de la banda desde su adolescencia, sostiene que el fenómeno ricotero no puede explicarse únicamente desde los discos o los recitales. Para él, Los Redondos construyeron algo que ninguna otra banda logró con la misma intensidad: un sentido de pertenencia colectiva.

“Los Redondos acompañaron un proceso político y social muy fuerte. Había otras bandas, pero ellos tomaron un camino político-cultural que generó un grado de representación que pocas veces se vio en la música argentina. Representaban una forma de hacer cultura, una forma de mirar el mundo y de pararse frente al poder”, recordó.

Según Carrizo, una parte fundamental de esa conexión surgía de la propia historia de la banda. Lejos de los grandes sellos discográficos y de los circuitos comerciales tradicionales, Los Redondos construyeron una identidad propia que reforzó el vínculo con su público.

“Era una banda que se hizo desde abajo y que aun siendo masiva conservó una independencia muy fuerte. Había una mística alrededor de ellos, alrededor de Patricio Rey, que nos permitía también construir nuestro propio alter ego. Era un juego cultural muy interesante porque todos sentíamos que éramos parte de algo más grande.”

El pogo como expresión colectiva

Para quienes nunca asistieron a un recital ricotero, resulta difícil comprender qué representaba esa multitud cantando al unísono, especialmente durante “Jijiji”, la canción que se transformó en el cierre ritual de los conciertos y en el escenario del llamado “pogo más grande del mundo”.

Carrizo relaciona esa explosión colectiva con el contexto social de los años noventa y principios de los 2000.

“Veníamos de una hiperinflación, de promesas de futuro que nunca terminaban de concretarse, de mucha frustración y mucha desigualdad. Los Redondos eran ese lugar donde podíamos gritarle al poder, descargar la impotencia y sentir que todavía era posible cambiar algo. Ese pogo liberaba tensiones, fracasos e impotencias sociales.”

En ese sentido, considera que la dimensión del fenómeno excedía ampliamente la música.

“No era solamente un recital. Era un espacio donde miles de personas sentían que formaban parte de una misma historia. Hoy no existe un referente cultural con esa capacidad de convocatoria y de representación. Por eso muchos sentimos que nos quedamos huérfanos de algo.”

La coherencia como legado

Más allá de las canciones, Carrizo destaca la coherencia como uno de los rasgos más importantes de la trayectoria del Indio Solari.

“Lo que siempre aprendí de él fue la coherencia. No se trata de una estética o de una postura determinada, sino de haber sostenido una forma de vivir y de pensar durante toda una vida. Incluso cuando cambió musicalmente o cuando empezó a experimentar con nuevas herramientas, siguió siendo fiel a sí mismo.”

Para el seguidor ricotero, esa capacidad de reinventarse sin perder identidad fue una de las claves que permitió que distintas generaciones siguieran encontrando significado en su obra.

“Muchos lo criticaron cuando cambió su sonido o cuando empezó a explorar otros formatos artísticos. Pero justamente ahí estaba la coherencia: seguir creando, seguir buscando cosas nuevas y no quedarse viviendo de la nostalgia.”

Una huella que permanece

A más de cuatro décadas del nacimiento de Los Redondos, las canciones siguen sonando en autos, bares, radios y reuniones de amigos. Para Carrizo, esa permanencia demuestra que el fenómeno trasciende el tiempo.

“No ha habido nadie que eclipse la capacidad de representación que tuvieron el Indio y Los Redondos para una juventud que muchas veces se sentía desahuciada. Hoy vivimos tiempos muy individualistas y quizás por eso se extraña tanto esa sensación de pertenecer a algo colectivo.”

Y concluye con una imagen que resume el sentimiento de miles de seguidores: “Lo que se extraña es ese pogo colectivo donde sentías que eras parte de un mar de gente capaz de tumbar cualquier pared.”