Oscar Romanini: “La prevención del suicidio es una responsabilidad colectiva”

En la columna de salud del doctor Juan Carlos Singereisky en Radio Enlace, el doctor Oscar Romanini habló sobre la prevención del suicidio, el aumento de las situaciones de vulnerabilidad entre jóvenes y la necesidad de recuperar redes de contención. Advirtió que la salud mental debe ser entendida como parte inseparable de la salud y reclamó estrategias comunitarias que involucren a las familias, las escuelas, los clubes y al Estado.

Hablar de suicidio sigue siendo difícil. Durante años, el silencio estuvo acompañado por la idea equivocada de que abordar el tema podía incentivar estas conductas. Sin embargo, en el marco del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, el doctor Juan Carlos Singereisky y el doctor Oscar Romanini plantearon exactamente lo contrario: es necesario hablar, pero hacerlo desde la prevención, el acompañamiento y la comprensión de una problemática que no puede quedar reducida a las páginas policiales.

Durante la columna de salud de Radio Enlace, Oscar Romanini remarcó desde el comienzo que se trata de una problemática compleja y multicausal, que requiere abandonar la estigmatización de quienes atraviesan situaciones de sufrimiento. “La prevención es una responsabilidad colectiva”, sostuvo, y señaló que no alcanza con pensar exclusivamente en el entorno familiar o en los equipos de salud: también son necesarias estrategias comunitarias capaces de detectar situaciones de vulnerabilidad y generar redes de apoyo.

Jóvenes, soledad y ruptura de los vínculos

Uno de los principales ejes de la conversación fue el aumento de las situaciones de sufrimiento entre adolescentes y jóvenes. Para Oscar Romanini, detrás de esta problemática aparecen factores que exceden a una persona en particular: la soledad, la pérdida de vínculos, la falta de acompañamiento y las dificultades para acceder a una atención adecuada.

En ese sentido, Juan Carlos Singereisky planteó que el fenómeno también obliga a los adultos a preguntarse qué está ocurriendo con las generaciones más jóvenes. La ruptura de los lazos familiares, la falta de apoyo estatal, las dificultades económicas y la ausencia de proyectos pueden dejar a muchos jóvenes con cada vez menos recursos para afrontar situaciones de angustia. Y puso el foco en un concepto que consideró especialmente gráfico: la anomia, entendida como la pérdida o debilitamiento de las normas y del contrato social que organizan los vínculos. Desde esa perspectiva, sostuvo que el suicidio no puede analizarse únicamente como un problema individual, sino también como una expresión de una sociedad en la que muchas personas pueden sentirse cada vez más aisladas.

“Los chicos estadísticamente manifiestan que se sienten solos”

La conversación también puso en discusión el lugar de las familias. Singereisky señaló que muchos adolescentes manifiestan sentirse solos, mientras que Romanini destacó la importancia de recuperar la capacidad de observar y escuchar.

No se trata solamente de detectar situaciones extremas. Los gestos, los cambios de hábitos, los silencios, las actitudes y las formas de relacionarse también pueden constituir señales que requieren atención. “La mesa familiar, las reuniones familiares, el mirar, el observar, el estar atento” forman parte, según Romanini, de una red cotidiana de prevención que muchas veces se ha debilitado.

Pero el especialista insistió en que la responsabilidad no puede recaer exclusivamente sobre padres y madres. La prevención necesita articular a las familias con escuelas, clubes, organizaciones comunitarias y equipos de salud, incorporando la salud mental como una dimensión inseparable del bienestar general.

En ese punto apareció una dimensión particularmente vinculada con la vida cotidiana de las comunidades: el papel de los clubes y los espacios de encuentro. Tanto Romanini como Singereisky recordaron que, para generaciones anteriores, la vida social de niños y adolescentes estaba mucho más vinculada con el barrio, los clubes, el deporte y los vínculos entre familias. Esos espacios podían funcionar como lugares de pertenencia y también como ámbitos donde un adulto podía advertir que algo no estaba bien.

Oscar Romanini destacó especialmente la relación que pueden construir los profesores y entrenadores con los chicos. No se trata solamente de practicar un deporte: esos vínculos pueden convertirse en espacios de escucha, afecto y referencia para adolescentes que atraviesan momentos difíciles. Por eso, para el especialista, las estrategias comunitarias deben ampliar la mirada más allá del consultorio.

Hombres y salud mental: el peso de “los hombres no lloran”

Otro de los aspectos que surgió durante la entrevista fue la diferencia entre varones y mujeres frente a las situaciones de sufrimiento emocional.

Juan Carlos Singereisky introdujo la necesidad de observar el problema desde una perspectiva de género y señaló que las estadísticas muestran una mayor proporción de suicidios consumados entre varones. La conversación vinculó esta realidad con los mandatos tradicionales de masculinidad: la obligación de mostrarse fuerte, sostener económicamente a la familia y evitar expresar vulnerabilidad.

La frase “los hombres no lloran” apareció como una síntesis de ese mandato. Romanini y Singereisky plantearon que muchos varones pueden llegar a tener mayores dificultades para pedir ayuda, hablar de lo que les sucede o recurrir a sus vínculos cuando atraviesan una crisis. El planteo no apunta a establecer una única causa, sino a incorporar otra dimensión para comprender el problema: cuando pedir ayuda se vive como una señal de debilidad, la posibilidad de llegar a tiempo a una red de contención también se reduce.

La prevención no puede depender solamente de una campaña

La entrevista también cuestionó las respuestas fragmentarias frente a una problemática que requiere continuidad.

Oscar Romanini expresó sus dudas frente a las campañas que concentran la atención durante determinados días o semanas y luego pierden presencia. Señaló que la prevención necesita recursos concretos: profesionales disponibles, instituciones preparadas y espacios donde las personas puedan ser escuchadas y acompañadas.

Uno de los problemas señalados fue la dificultad para sostener una atención adecuada cuando los profesionales tienen pocos cargos o deben trasladarse entre distintos centros de salud. Para Romanini, esa precariedad dificulta incluso la construcción de un vínculo terapéutico: si un paciente ve a un especialista una vez al mes, puede resultar muy difícil establecer continuidad y conocer realmente su situación.

Por eso, el especialista planteó la necesidad de dar una discusión más profunda y comenzar, al menos, por garantizar algo tan básico como la escucha.

“A escuchar con la oreja y a querer con el corazón”

Hacia el final de la entrevista, Juan Carlos Singereisky hizo hincapié en otro aspecto fundamental: no esperar que una persona llegue a una situación extrema para prestar atención.

El sufrimiento no siempre aparece de una manera evidente. Una persona puede continuar con sus actividades cotidianas, estudiar, trabajar, relacionarse con otros y, al mismo tiempo, atravesar una situación de enorme vulnerabilidad. Por eso, la prevención también implica estar atentos a quienes tenemos cerca y generar condiciones para que pedir ayuda sea posible.

Romanini dejó una reflexión que sintetizó buena parte de la conversación: “A escuchar con la oreja y a querer con el corazón y a brindar una mano siempre que se pueda”.

La conclusión de la columna fue clara: hablar del suicidio no significa alimentar el problema. Significa sacarlo del silencio y abordarlo como una problemática social que requiere prevención, escucha y responsabilidad colectiva. Como señaló Singereisky al cerrar la entrevista, el desafío es dejar de tratar estos casos exclusivamente como hechos policiales y comenzar a pensarlos desde una perspectiva social, sanitaria y comunitaria.

Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis

Si existe riesgo inmediato, es importante no dejar sola a la persona y buscar ayuda profesional o de emergencia de manera urgente. También es fundamental tomar en serio cualquier expresión de desesperanza o intención de hacerse daño y acompañar sin juzgar.