Endeudamiento familiar: “La gente se endeuda para poder comer”

La concejala Carina Cappelletti advirtió sobre el crecimiento del endeudamiento de las familias y su impacto en el comercio de cercanía. Señaló que las deudas ya no responden principalmente a consumos extraordinarios, sino a la necesidad de afrontar alimentos, servicios y gastos básicos, y reclamó que el Congreso discuta medidas para aliviar la carga financiera.

El endeudamiento familiar se convirtió en una de las problemáticas económicas que más impactan sobre la vida cotidiana y, según planteó la concejala de Pueblo Esther Carina Cappelletti, sus efectos ya pueden observarse también en la economía local. En diálogo con Radio Enlace, la edil sostuvo que la discusión no debería quedar limitada a los ámbitos nacional o provincial porque sus consecuencias llegan directamente a las familias y a los comercios de cercanía. “Hay un tema que acá está reflejándose permanentemente en la cotidianeidad”, señaló al referirse a una situación que, aunque no tenga una resolución directa desde un Concejo Municipal, considera necesario poner en discusión.

Cappelletti marcó además un cambio que considera central respecto de otros períodos de crisis. Históricamente, explicó, las familias recurrían al crédito para afrontar gastos extraordinarios, como mejorar la vivienda, cambiar el automóvil o financiar una celebración, mientras que actualmente el endeudamiento está cada vez más asociado a la subsistencia. “El problema es que hoy el endeudamiento de las familias tiene que ver con la subsistencia, tiene que ver con el acceso al alimento, tiene que ver con el pago de servicios”, afirmó. Para la concejala, esa transformación permite dimensionar la gravedad del fenómeno más allá de las estadísticas.

Un nivel de endeudamiento que Cappelletti califica de histórico

Durante la entrevista, Cappelletti hizo referencia a distintos datos que atribuyó a informes económicos y particularmente al Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Según los números mencionados por la concejala, durante la crisis de 2001 los niveles de endeudamiento familiar habían alcanzado picos de entre el 3% y el 4%, llegando excepcionalmente al 7%. En cambio, sostuvo que actualmente el nivel nacional se ubica entre el 12% y el 17%, una situación que calificó como “histórica” y “impresionante”.

La concejala también señaló que, de acuerdo con los datos que estaban analizando, en Argentina habría alrededor de seis millones de personas endeudadas. Otro de los números que destacó es que aproximadamente el 35% de esas deudas sería irrecuperable, es decir, que las familias no tendrían posibilidades reales de cancelarlas en las condiciones actuales. Cappelletti explicó que el problema se agrava porque sobre las deudas vencidas se acumulan intereses, generando una situación que puede transformarse rápidamente en una bola de nieve financiera.

Otro aspecto que consideró especialmente preocupante es la edad de quienes están quedando atrapados en este circuito. Según los datos mencionados durante la entrevista, una parte importante del endeudamiento se concentra entre personas de alrededor de 25 años, lo que implica que el problema afecta especialmente a jóvenes que comienzan su vida laboral y económica. Cappelletti también llamó la atención sobre el crecimiento de las billeteras virtuales como mecanismo de acceso rápido al crédito, debido a que permiten obtener dinero con pocos requisitos pero pueden aplicar tasas de interés muy elevadas.

De la tarjeta para llegar a fin de mes al Veraz

Para la concejala, una de las claves para comprender el fenómeno está en la pérdida del poder adquisitivo. Cuando los ingresos ya no alcanzan para cubrir todo el mes, explicó, muchas familias recurren a la tarjeta de crédito para financiar los últimos días antes de cobrar nuevamente. El problema aparece cuando esa operación se repite mes tras mes y la deuda comienza a acumularse. “Al no llegar a fin de mes, la gente que hace tarjetilla esos diez días que le faltan para comprar comida”, explicó Cappelletti, quien advirtió que esa dinámica termina llevando a muchas personas a situaciones de morosidad.

Una vez que la persona entra en un registro de morosidad como el Veraz, las posibilidades de volver a acceder al crédito se reducen considerablemente. Esto genera una segunda consecuencia: consumos que anteriormente podían financiarse en cuotas, como ropa o electrodomésticos, dejan de estar al alcance de quienes ya acumulan deudas. Según Cappelletti, así se produce un círculo en el que la familia pierde capacidad de consumo al mismo tiempo que el comercio pierde clientes.

La consecuencia termina trasladándose directamente al comercio minorista. Cappelletti señaló que los comerciantes con los que conversó vienen registrando una fuerte caída en las ventas de ropa y electrodomésticos, rubros que, aunque no forman parte de las necesidades básicas, históricamente contribuían al movimiento económico de las ciudades. “Baja el consumo en los comercios, entonces los comercios de cercanía también entran en un circuito que es, en vez de ser un circuito virtuoso, (…) hoy están absolutamente enviciados en una cosa en donde todo va decayendo”, describió.

El impacto sobre Pueblo Esther y los comercios de cercanía

La situación adquiere una dimensión particular en Pueblo Esther por las características de su estructura económica. Durante la entrevista se señaló que la ciudad tiene una actividad comercial importante y que, a diferencia de otras localidades de la región, no cuenta con un parque industrial desarrollado que permita diversificar significativamente las fuentes de empleo y movimiento económico. Por eso, cualquier caída sostenida del consumo termina teniendo un impacto directo sobre comerciantes y trabajadores vinculados a esa actividad.

A este escenario, Cappelletti sumó la situación de las industrias de la región que emplean o emplearon históricamente a vecinos de Pueblo Esther. Mencionó particularmente a General Motors, que atraviesa un contexto de suspensiones y retiros voluntarios, y a Adient, cuyo cierre también tuvo impacto sobre trabajadores vinculados a la zona. A eso agregó las dificultades que atraviesan pequeñas y medianas empresas regionales, configurando un escenario donde desempleo, suspensiones y caída del consumo se retroalimentan.

Para la concejala, por lo tanto, no puede analizarse el endeudamiento familiar como un fenómeno aislado. La pérdida de poder adquisitivo lleva a las familias a recurrir al crédito, el aumento de la morosidad restringe posteriormente ese acceso, la reducción del consumo afecta a los comercios y la situación laboral agrega nuevas dificultades para recuperar ingresos. “Sumado al desempleo, sumado a las suspensiones, esto se está haciendo una bola muy difícil de parar”, resumió Cappelletti.

Billeteras virtuales, intereses y nuevas formas de endeudamiento

Otro de los puntos de preocupación planteados durante la entrevista fue el crecimiento de las billeteras virtuales como fuente de financiamiento. Cappelletti destacó que el acceso al crédito a través de estas plataformas puede ser mucho más rápido que mediante los mecanismos bancarios tradicionales, pero advirtió sobre los niveles de interés que pueden alcanzar. Según los datos que mencionó, en algunos segmentos la morosidad se ubicaría entre el 25% y el 30%.

La situación es todavía más compleja para los sectores con menores ingresos. Cappelletti explicó que algunas familias directamente no tienen acceso a las billeteras virtuales y terminan recurriendo a prestamistas informales. En esos casos, describió situaciones de mayor vulnerabilidad, con intereses elevados, amenazas y hasta apropiación de tarjetas vinculadas a asignaciones sociales. “Son familias que tienen que empeñar sus asignaciones para poder pagar una deuda con intereses que son impagables”, sostuvo.

Este circuito puede generar consecuencias que exceden ampliamente la capacidad de pago de una cuota. Cuando una familia compromete ingresos futuros para cubrir necesidades presentes, cualquier nuevo gasto inesperado —desde una enfermedad hasta necesidades escolares de los hijos— puede profundizar todavía más el endeudamiento. Cappelletti puso justamente como ejemplo las necesidades de familias con niños escolarizados, que deben afrontar gastos como calzado y otros elementos que no siempre pueden postergarse.

Importaciones y caída del consumo: otro frente para los comerciantes

La concejala incorporó además otro factor que, según su análisis, está afectando a los comercios: el crecimiento de las importaciones de bienes de consumo. Mencionó particularmente productos vinculados con tecnología, informática, ropa y artículos para el hogar, que pueden adquirirse a precios con los que los comercios locales encuentran dificultades para competir. A esto se suma el crecimiento de las compras por internet, que modifica los hábitos de consumo y reduce todavía más el movimiento en los comercios tradicionales.

El resultado, según Cappelletti, es la combinación de dos problemas: por un lado, familias que tienen cada vez menos capacidad para consumir y, por otro, comerciantes que enfrentan una competencia creciente de productos importados y ventas online. En una ciudad cuya actividad económica depende en buena medida del comercio, la combinación de ambos factores puede generar un efecto particularmente fuerte. Por eso, la discusión sobre el endeudamiento familiar también aparece vinculada a la necesidad de sostener el mercado interno y el comercio de cercanía.

Qué se discute en el Congreso sobre las deudas familiares

Cappelletti también se refirió a los proyectos que distintos sectores de la oposición nacional buscan llevar al Congreso para abordar el problema. Según explicó, existen alrededor de 50 proyectos relacionados con el endeudamiento familiar, aunque aclaró que no conoce el contenido de todos ellos. Entre las iniciativas mencionadas aparecen propuestas para regular las tasas de interés, especialmente en el caso de las billeteras virtuales, y mecanismos que permitan acceder a créditos de menor costo para refinanciar deudas.

La concejala sostuvo que el Estado debe intervenir frente a una situación que, a su entender, dejó de ser un problema individual para convertirse en una problemática económica y social de alcance general. En particular, reclamó que se discutan medidas que permitan reducir la carga de intereses y darles a las familias un margen mayor para recuperar parte de su poder adquisitivo. “Las familias puedan respirar un poco”, planteó, al explicar que la intención debería ser que los ingresos no queden completamente absorbidos por las deudas.

En ese punto, Cappelletti cuestionó la idea de que las deudas familiares sean exclusivamente un asunto entre privados. La concejala rechazó particularmente el argumento de que quienes se endeudaron lo hicieron simplemente para comprar bienes no esenciales y sostuvo que esa mirada no refleja lo que actualmente ocurre en muchos hogares. “Es muy cruel que se plantee que el problema de la gente endeudada es que se compró un televisor para ver el Mundial”, afirmó.

El reclamo a los legisladores

Aunque reconoce que un concejal no tiene herramientas directas para resolver el endeudamiento familiar, Cappelletti considera que los representantes locales pueden intervenir políticamente. Su planteo es que los legisladores provinciales y nacionales que representan a los santafesinos sean interpelados para discutir medidas que permitan aliviar la situación. “Hay que pedirle a nuestros legisladores”, sostuvo, al considerar que quienes fueron elegidos para representar a la ciudadanía también deben responder frente a problemáticas que tienen impacto directo en las comunidades.

La discusión, en ese sentido, excede las fronteras de Pueblo Esther. Cappelletti planteó que los representantes locales pueden funcionar como un puente entre los problemas concretos que atraviesan los vecinos y las decisiones que se toman en otros niveles del Estado. Su reclamo apunta a que el endeudamiento familiar se incorpore de manera visible a la agenda política y que se generen mecanismos capaces de reducir la presión financiera sobre los hogares.

“Hay algo que se siente en el bolsillo de cada familia y que eso es innegable”, afirmó hacia el final de la entrevista. Para Cappelletti, más allá de las interpretaciones políticas sobre las causas de la crisis, el impacto cotidiano del endeudamiento constituye una realidad que puede observarse en las familias, en los comercios y en la actividad económica local. “Esto está pasando con el bolsillo de cada familia”, insistió, y llamó a que el tema deje de ser tratado como un problema individual.

En definitiva, el planteo de la concejala apunta a instalar una discusión que combina economía familiar, consumo, empleo y actividad comercial. El endeudamiento, según su mirada, ya no aparece solamente como una herramienta para acceder a determinados bienes, sino como un mecanismo al que muchas familias recurren para cubrir necesidades básicas. Y cuando esa deuda se vuelve impagable, el problema deja de afectar únicamente al hogar endeudado y comienza a impactar sobre toda la cadena económica de la ciudad.