Empezó a tocar la batería a los tres años, dice que su amor por la música nació “desde la panza” de su mamá y este 11 de julio volverá a formar parte del homenaje a Oscar Moro en el Anfiteatro de Rosario. Con una personalidad desbordante, pasión por el rock y una madurez que sorprende, Gino Minicucci representa el futuro de una generación que encuentra en la música un lugar para crecer.
Hay chicos que responden preguntas, y otros que cuentan historias. Gino Minicucci pertenece a ese segundo grupo. Tiene apenas diez años, pero habla con la seguridad de quien ya encontró aquello que quiere hacer durante toda la vida. Sonríe, recuerda nombres, agradece a quienes lo ayudaron y habla de música con una naturalidad que sorprende incluso antes de verlo tocar.
Este viernes 11 de julio, volverá a ocupar un lugar entre decenas de músicos en el tradicional homenaje a Oscar Moro, el legendario baterista de Serú Girán y Los Gatos. Lo hará como integrante de la Legión de Bateristas, representando a Pueblo Esther en uno de los encuentros más importantes del país para quienes sienten pasión por los tambores.
Pero su historia empezó mucho antes: “mi amor por la batería fue desde la panza de mi mamá. Ella escuchaba mucha música y cuando era bebé mi papá me puso una canción de rock. Ahí empezó todo”, contó con la convicción de quien no necesita pensar demasiado para responder porque esa historia ya forma parte de su identidad.
Una batería armada por su papá y un sueño que empezó a los tres años
Mientras muchos chicos apenas descubren sus primeros juguetes, Gino ya golpeaba parches. A los tres años, su padre le construyó su primera batería y desde entonces nunca dejó de practicar.
Con el paso del tiempo llegaron las clases con el profesor Gastón Arias, las horas de ensayo y, hace poco más de un año, el ingreso a la Legión de Bateristas, una experiencia que le permitió compartir escenario con músicos de todas las edades: “hace dos años empecé a estudiar con mi profesor y el año pasado me compraron mi batería. Tenerla en casa hace que pueda practicar todos los días”, explicó.
Habla de la batería como otros chicos hablan de un videojuego favorito. Con entusiasmo. Con detalles. Con la felicidad de quien disfruta cada ensayo.
Rock desde chico y una admiración por los grandes
Su género preferido no deja lugar a dudas. Le gusta el rock. Escucha clásicos, conoce bandas y tiene referencias musicales poco habituales para alguien de su edad. Cuando le preguntaron qué músicos admira, respondió sin dudar: “me gusta mucho Pink Floyd.”
Más adelante recordó que el año pasado participó del homenaje a Oscar Moro interpretando “No llores por mí, Argentina”, de Serú Girán, y adelantó que este año volverá a subir al escenario, aunque el repertorio permanece en secreto: “no lo puedo decir porque es sorpresa”, respondió entre risas, cuidando el misterio de un espectáculo que reunirá a decenas de bateristas tocando al unísono.
Más allá del talento, Gino tiene muy claro que la música también exige estudio. Durante la entrevista explicó la importancia de mantener el tiempo, respetar las entradas y coordinar cada golpe junto a los demás músicos. Agradeció especialmente el trabajo de los organizadores de la Legión de Bateristas, quienes hacen posible que decenas de percusionistas puedan tocar como si fueran uno solo: “hay que comenzar correctamente, terminar correctamente y entrar todos en el tiempo justo. Gracias a los profesores podemos lograr esa coordinación perfecta”, señaló.
No solo batería: también guitarra y una banda en camino
La música ocupa cada vez más espacio en su vida. Además de la batería, Gino estudia guitarra y recientemente participó del acto escolar por el Día de la Independencia interpretando el Himno Nacional junto a dos compañeros. Mientras uno tocaba el piano y otra compañera el tambor, él acompañó con la guitarra.
Pero sus proyectos no terminan ahí. Junto a su amigo Tiziano ya comenzaron a imaginar una banda propia. Incluso ya eligieron el nombre: Gelatina Rock. “Estamos empezando a armarla. Queremos hacer rock argentino”, contó con entusiasmo, mientras imaginaba incorporar más músicos al grupo.
Quienes lo escuchan hablar descubren rápidamente que la música no es una actividad más dentro de su rutina sino que forma parte de su vida cotidiana. Cuenta que su mamá escucha a Alejandro Lerner, aunque él prefiere el rock. Pero las diferencias musicales nunca fueron un problema: “a veces cantamos juntos en el auto”, contó sonriendo.
También disfruta vivir en Pueblo Esther. Habla de las plazas, de salir en bicicleta, de caminar hasta encontrarse con sus amigos y de una tranquilidad que considera parte de su infancia.
Durante la charla hubo algo que llamó tanto la atención como su capacidad musical: su personalidad. Cada respuesta llegó acompañada por una sonrisa, un agradecimiento o una reflexión propia. Cuando surgió la posibilidad de crear una cuenta en redes sociales, respondió que todavía es chico y que prefiere esperar, aunque reconoció que, cuando llegue el momento, será su papá quien la administre.
También contó que uno de sus profesores ya anticipó que probablemente obtenga la máxima calificación en Música este año. No parece sorprenderle demasiado.Lo dice con humildad y sin perder esa naturalidad que atraviesa toda la conversación.
La música también como compromiso
El próximo homenaje a Oscar Moro tendrá, además de su valor artístico, un fuerte componente solidario. La entrada será libre, pero se invita al público a colaborar con un alimento no perecedero. Cuando le preguntaron por esa iniciativa, Gino respondió con la misma sencillez con la que habla de sus ensayos: “también ayudamos a la gente que está en la calle, que cada vez es más”, la frase resume algo que va mucho más allá de la música.
El futuro ya empezó
Hay talentos que necesitan muchos años para hacerse visibles. Y hay otros que aparecen desde muy temprano. Gino Minicucci todavía no cumplió once años, pero ya encontró un lenguaje propio arriba de una batería, comparte escenario con músicos adultos, sueña con formar su banda y transmite una pasión difícil de enseñar.
Quizás dentro de algunos años sea uno de esos nombres que otros chicos mencionen cuando les pregunten quién los inspiró a tocar. Por ahora, él solo quiere seguir haciendo lo que más le gusta: sentarse frente a los parches, marcar el tiempo y dejar que el rock haga el resto.
Este 11 de julio, cuando vuelva a sonar el homenaje a Oscar Moro en el Anfiteatro de Rosario, entre decenas de baterías habrá una que volverá a recordar que los grandes sueños no siempre empiezan de grandes. Algunos comienzan, simplemente, con un niño de diez años que asegura haber escuchado el primer golpe de batería antes incluso de nacer.
Gracias Gino por regalarnos tu increible personalidad!





