Maite Acosta: “El arte, al menos hoy, en nuestro contexto, está siempre tejiendo redes”

La artista visual y docente dialogó con Mauricio Banchero, alumno de su taller Punto Inquieto, en Enlace de Noticias. Habló sobre su manera de entender la práctica artística, la importancia de la curiosidad y el encuentro con otros, su trabajo con la pintura y la experiencia detrás de su serie de cielos.

La artista visual y docente Maite Acosta pasó por Enlace de Noticias, donde mantuvo una entrevista con Mauricio Banchero, alumno de su taller Punto Inquieto. La conversación recorrió distintos aspectos de su trabajo artístico y docente, pero también abrió una reflexión sobre la manera en que el arte puede convertirse en un espacio de búsqueda, conexión y encuentro con otras personas. Acosta explicó que sus diferentes actividades —la producción de obra, la docencia, la divulgación y la gestión— no funcionan como compartimentos separados, sino que forman parte de una misma práctica.

Punto Inquieto nació hace más de dos décadas, cuando Acosta y una amiga comenzaron a dar clases de dibujo a partir del estudio de la figura humana. El nombre surgió, según explicó, de ese espíritu de inquietud y de la multiplicidad de intereses que compartían ambas docentes, pero también tiene una relación directa con el lenguaje visual: el punto, la línea y el plano como elementos básicos para comenzar a construir una imagen. Hoy, el taller funciona como un espacio en el que los límites entre dibujo y pintura no están necesariamente definidos y donde cada persona puede investigar a partir de sus propios intereses. “Lo más importante para mí es habilitar el espacio para que cada persona pueda introducirse a la práctica”, sostuvo Acosta.

Esa concepción también atraviesa su propia producción. Aunque actualmente trabaja principalmente con pintura al óleo, la artista explicó que sus búsquedas pueden desarrollarse sobre diferentes materiales y soportes y que durante distintos períodos trabajó también con instalaciones, intervenciones espaciales y registros vinculados con lo que vivía cotidianamente. Para Acosta, la práctica artística no está aislada del resto de su vida: una lectura puede convertirse en una clase, una conversación con otra artista puede derivar en una actividad colectiva y el trabajo desarrollado en el taller puede abrir nuevas preguntas para su propia obra.

En ese punto, la artista se alejó de la imagen del creador trabajando de manera solitaria y reivindicó el carácter colectivo de las prácticas artísticas. “Es muy difícil sostener nuestra práctica artística, docente, de gestión. Sí o sí necesitamos de otras personas para todo lo que hacemos”, afirmó. Acosta señaló que las obras se piensan siempre en relación con un espacio y con otras personas, ya sea en una institución, un museo, una galería, un centro cultural o incluso en el espacio público, y destacó especialmente las instancias de intercambio en las que distintos artistas se reúnen para analizar y pensar sus trabajos.

Pintar como una necesidad

Uno de los momentos centrales de la entrevista estuvo dedicado a su vínculo con la pintura y, particularmente, a los cielos que forman parte de una de sus investigaciones recientes. Ante la pregunta de qué le provoca pintar, Acosta fue directa: “El motor es el deseo de pintar, es prácticamente hoy una necesidad vital”. Explicó que actualmente encuentra un particular placer en trabajar con el óleo, explorar el color, superponer capas y dejar una huella corporal sobre la superficie, una búsqueda en la que el color ocupa un lugar central.

Los cielos aparecen allí como una forma de acercarse a elementos de la naturaleza que, aunque pueden observarse permanentemente, resultan imposibles de capturar por completo. La artista habló del agua, el aire y el fuego como materias en movimiento que generan una experiencia casi hipnótica y explicó que pintar el cielo supone también intentar retener algo de esa belleza y de las sensaciones que produce. En esa búsqueda trabajó durante un año en la serie “Pensar Cielos”, acompañada por Roberto Echen en una clínica en la que revisaba periódicamente los trabajos que iban apareciendo.

El resultado de ese proceso fueron 130 cielos, realizados en distintos tamaños y trabajados simultáneamente debido a los tiempos de secado del óleo. Acosta contó que podía tener alrededor de 50 pinturas en proceso al mismo tiempo, aplicando distintas capas y registrando las fechas para saber cuánto tiempo llevaba cada una en proceso de secado. Pero el procedimiento técnico no era lo único que hacía variar las obras: también intervenían sus estados de ánimo, la luz natural y hasta el momento del día en que retomaba una pintura.

Esa relación entre pintura y experiencia personal fue otro de los ejes de la charla. Algunos de los cielos comenzaron como estudios de obras de artistas que Acosta quería investigar, pero al retomarlos semanas después la pincelada podía cambiar completamente porque también había cambiado su estado de ánimo. “A veces sí, tal cual, los empezaba y cuando los retomaba no había forma de hacer esa pincelada, porque estaba más ansiosa, o más tranquila, o más inquieta”, relató. También señaló que la pintura puede funcionar como un espacio para tomar distancia del contexto cotidiano: “La pintura sí me permite como armar un mundo paralelo en el que soy feliz”.

Para construir esa serie, la artista recorrió distintas etapas de la historia del arte y estudió obras de diferentes autores. Entre los referentes mencionó a William Turner, cuya representación de las tormentas la impactó por la manera en que la materia, el gesto y el movimiento corporal aparecen en las pinceladas. También recordó especialmente a un artista argentino cuyas obras conoció en el Museo de Arte Contemporáneo de Rosario y que la sorprendió porque, además de su producción conceptual, había trabajado con cielos.

La muestra de esos trabajos puede visitarse en el Centro Cultural Contraviento hasta el jueves 24 de septiembre, según informó durante la entrevista. Acosta señaló que la exposición puede recorrerse de martes a sábados por la tarde y también durante el fin de semana en horario matutino.

Un taller sin una estructura rígida

La entrevista también permitió conocer cómo trabaja Acosta con sus estudiantes. La artista explicó que las clases pueden comenzar a partir de una visita a una muestra, del análisis de obras mediante un proyector o directamente desde el trabajo práctico en el taller. Cada estudiante desarrolla un proyecto propio que puede modificarse de una semana a otra, tanto en el tema como en el material o en la manera de abordarlo.

“Lo que voy aprendiendo más, semana a semana, es un intento de flexibilizar para poder adaptarme a lo que sucede en ese momento”, explicó. Esa flexibilidad, sostuvo, permite que el espacio se adapte a las condiciones y al estado de cada persona, en lugar de imponer una estructura única. Banchero, desde su experiencia como alumno, destacó precisamente esa posibilidad de que el taller despierte nuevas inquietudes y lleve a investigar más allá de las horas de clase.

El propio recorrido de Mauricio sirve como ejemplo de esa dinámica: a partir de una referencia trabajada en el taller sobre Wassily Kandinsky, comenzó a investigar sobre su vida, su manera de crear y las relaciones entre su obra y la música que lo inspiraba. Esa búsqueda terminó llevándolo a escuchar música que hasta entonces desconocía y a construir, en sus propias palabras, una especie de “cartografía” personal de conocimiento e información.

El próximo proyecto de Acosta ya tiene fecha en el horizonte. La artista adelantó que en octubre participará de una nueva muestra junto a Matías Najar y Larry Luciani, colegas con quienes comparte desde hace tiempo procesos de trabajo. La exposición se realizará en el Museo Murray de Pune y actualmente se encuentran trabajando en los últimos detalles del montaje y en la manera en que las distintas obras ocuparán ese espacio.

La charla entre Acosta y Banchero terminó funcionando como algo más que una entrevista sobre pintura: fue también una conversación sobre la curiosidad, la enseñanza y la necesidad de mantener abiertas las preguntas. Desde su taller, su obra y los proyectos que comparte con otros artistas, la docente sostiene una idea del arte como práctica en movimiento, donde aprender, producir, observar y encontrarse con otros forman parte de una misma búsqueda.