En su columna de política internacional, Adriana Rossi analizó la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, advirtió sobre las contradicciones en la estrategia norteamericana y señaló que el escenario global sigue abierto, con riesgos latentes y sin definiciones concretas.
La escalada del conflicto en Medio Oriente volvió a poner al mundo en estado de alerta en los últimos días, con amenazas, movimientos militares y negociaciones que evidencian un escenario inestable y difícil de interpretar. En su columna de política internacional, la analista Adriana Rossi trazó un panorama complejo donde se cruzan intereses geopolíticos, disputas de poder y estrategias que no siempre resultan claras.
“Hay líneas directrices, pero a veces es muy difícil desentrañarlas”, planteó Adriana Rossi, al referirse a las idas y vueltas en la postura de Estados Unidos. En ese sentido, fue especialmente crítica con el accionar del presidente Donald Trump, a quien describió como contradictorio incluso en sus propias declaraciones. “Se contradice a sí mismo, incluso en un mismo texto”, señaló.
A diferencia de la posición estadounidense, Adriana Rossi consideró que la estrategia de Israel aparece más definida. “Es muy clara: busca dominar en Medio Oriente, no tener contrincantes como Irán y avanzar territorialmente”, explicó, en alusión al concepto del “Gran Israel”, una idea que —según indicó— forma parte del ideario de sectores de la derecha israelí y que implica una expansión territorial de gran escala.
En este contexto, el rol de Estados Unidos aparece atravesado por múltiples tensiones. Por un lado, el histórico alineamiento con Israel como aliado estratégico en la región; por otro, la necesidad de evitar una escalada que derive en un conflicto de mayor magnitud. “Israel es la punta de lanza de Estados Unidos en Medio Oriente, pero al mismo tiempo Washington intenta mostrarse como eventual pacificador”, analizó.
Uno de los puntos centrales del conflicto sigue siendo el programa nuclear iraní. Rossi recordó que existió un acuerdo internacional para limitar el enriquecimiento de uranio, que se desmoronó tras la salida de Estados Unidos en 2017. “Si ese acuerdo se hubiese sostenido, probablemente no estaríamos en esta situación”, afirmó.
Las negociaciones actuales, sin embargo, muestran un escenario de alta complejidad. Mientras Estados Unidos busca imponer condiciones desde una posición de fuerza, Irán rechaza puntos clave como la entrega de uranio enriquecido o el control sobre el estratégico Estrecho de Ormuz. “Son temas donde no hay acuerdo y que siguen trabando cualquier posibilidad de avance”, explicó.
Rossi también puso el foco en las tensiones internas que atraviesa Estados Unidos. “Hay un malestar creciente en la población, por el costo económico de la guerra y por la llegada de soldados muertos”, señaló, y vinculó este escenario con el aumento de precios y la presión inflacionaria que impacta directamente en la vida cotidiana.
En paralelo, advirtió que una eventual retirada o negociación podría ser leída como un signo de debilidad. “Si Estados Unidos retrocede, deja de ser visto como la gran potencia hegemónica”, sostuvo, lo que complejiza aún más la toma de decisiones en un contexto político interno también atravesado por disputas.
El escenario internacional tampoco ofrece señales de alineamiento claro. Europa, según indicó, evita involucrarse directamente en el conflicto, mientras refuerza su preparación ante otras amenazas, como el vínculo con Rusia. “Nadie quiere escalar, pero todos se preparan”, resumió.
En este marco, la analista advirtió que el mundo atraviesa un proceso de reconfiguración más amplio. “No se trata solo de un conflicto puntual, sino de un momento de reordenamiento global que va a llevar tiempo y que probablemente incluya tensiones, conflictos y escenarios de inestabilidad”, planteó.
Finalmente, Rossi dejó una definición que sintetiza el clima actual: “El estado de guerra, de conmoción y de conflicto también forma parte de un proyecto de dominación”. Una mirada que pone el foco no solo en los actores involucrados, sino en las lógicas más profundas que atraviesan el escenario internacional.
De este modo, la coyuntura en Medio Oriente se presenta como un tablero abierto, donde las negociaciones conviven con la amenaza de escalada y donde las decisiones de las grandes potencias siguen marcando el pulso de un conflicto sin resolución a la vista.