En su columna de salud mental en Enlace de Noticias, la psicóloga Valeria Baldoncini analizó el fanatismo desde la teoría de Sigmund Freud. Explicó cómo se construyen los vínculos con líderes y grupos, el papel del afecto, la pérdida del pensamiento crítico y los riesgos de la violencia cuando la diferencia deja de ser aceptada.
El fanatismo atraviesa distintos ámbitos de la vida cotidiana. Se expresa en la política, el deporte, la música e incluso en algunos fenómenos culturales que involucran especialmente a los adolescentes. Sin embargo, detrás de esas conductas existen procesos psíquicos que pueden ayudar a comprender por qué algunas personas desarrollan una identificación tan intensa con un líder, un grupo o una idea.
Ese fue el eje de la columna de salud mental que la psicóloga Valeria Baldoncini desarrolló en Enlace de Noticias, donde retomó algunos conceptos de Sigmund Freud presentes en Psicología de las masas y análisis del yo, una obra publicada hace más de cien años que, según explicó, continúa ofreciendo herramientas para comprender fenómenos actuales.
Durante la entrevista, Valeria Baldoncini explicó que una de las características del fanatismo es la dificultad para sostener una mirada crítica frente al objeto de admiración.
La profesional aclaró que es posible sentirse identificado con una idea, un partido político, un equipo de fútbol o un artista sin que eso implique necesariamente caer en el fanatismo. La diferencia aparece cuando desaparece la posibilidad de cuestionar: “hay mucho fanatismo, pero también dentro de ese fanatismo hay personas que dicen: ‘Sí, todo bien con tal persona, pero acá se equivocó’. Tienen capacidad de razonar y de criticar. No estaríamos hablando de fanatismo.”
Según explicó, cuando esa capacidad crítica desaparece y la persona deposita toda su confianza en un líder o en una idea, comienzan a intervenir otros mecanismos psicológicos.
Uno de los conceptos centrales desarrollados por la psicóloga fue el de “empobrecimiento del yo”, retomando la teoría freudiana. Valeria Baldoncini sostuvo que las personas más vulnerables al fanatismo suelen presentar dificultades para construir una identidad propia o sostener deseos personales: “hay un empobrecimiento del yo en todo lo que tenga que ver con el fanatismo. ¿Por qué? Porque hay un yo débil, un yo que no puede identificarse con cuestiones propias, con deseos propios; un yo impotente. Ese yo es perfecto para el fanatismo porque es una persona muy vulnerable.”
En ese sentido, explicó que los liderazgos suelen ofrecer respuestas simples a personas que atraviesan esa fragilidad. “Están estos líderes que dicen: ‘Vení, yo te voy a querer, yo te voy a decir qué seguir. No hagas trabajar a tu yo, dejalo ahí tranquilito que yo le doy todo lo que necesita’.”
Consultada sobre si este fenómeno también puede observarse en la política, la profesional respondió que sí, aunque hizo una distinción importante entre militancia y fanatismo. Explicó que existen personas comprometidas políticamente que conservan capacidad de análisis y de autocrítica, mientras que el fanatismo aparece cuando esa posibilidad desaparece. “Si volvemos a lo político, generalmente esas masas con las que no podés discutir, sea de un lado o del otro, son personas vulnerables. Hay personas vulnerables para caer en una adicción, hay personas vulnerables para tener una depresión porque es una estructura psíquica. Y ahí volvemos a ese yo empobrecido.”
La adolescencia y la búsqueda de identidad
Otro de los ejes de la conversación estuvo relacionado con las adolescencias. La psicóloga explicó que se trata de una etapa en la que las identificaciones cumplen un papel central y donde es habitual que los jóvenes desarrollen fuertes intereses por bandas musicales, equipos deportivos, series o comunidades culturales.
“A mí me encanta hablar de las adolescencias. Esa es una época perfecta para el fanatismo. ¿Qué adolescente no es fanático de algo? En nuestra época eran las bandas de música… volvemos a lo mismo: las identificaciones.” No obstante, remarcó que esas situaciones requieren acompañamiento antes que estigmatización. “La familia tiene que poder hablar con ese chico. Uno puede discutir una idea sin ir a la pelea. Explicar con amor, acompañar, poner un límite sin romper el vínculo” recomendó.
Hacia el final de la columna, Valeria Baldoncini retomó la vigencia del pensamiento de Freud para comprender por qué resulta tan difícil modificar las convicciones de una persona fanática: “a más de cien años de su publicación, Freud permite comprender por qué este fanatismo actual no depende solamente de las ideas, sino de ese lazo afectivo. Poder recalcar eso nos va a dar un poquito más de luz para entender por qué ese otro es así.”
La profesional sostuvo que, frente a posiciones profundamente fanáticas, muchas veces la discusión racional pierde eficacia, ya que el vínculo con el líder o con el grupo responde principalmente a factores emocionales.
Como reflexión final, dejó una invitación a sostener siempre una mirada propia. “Está bueno el fanatismo, pero tampoco hay que dejar de ser uno, tener una opinión propia y ser crítico.” De esa manera, la columna propuso mirar el fanatismo no solamente como una conducta individual, sino como un fenómeno complejo donde intervienen la historia personal, la construcción de la identidad, los vínculos afectivos y la necesidad humana de pertenecer.





