BREVE HISTORIA DE POR QUÉ ALBERTO SALDÁN ODIA A LOS PAPAS.

Por Oscar Di Terlizzi

Alberto Saldan, el otrora reconocido comentarista de fútbol, se preparaba para contar una de sus conocidas historias sobre curiosidades deportivas. No pudo ni quiso negarse a la invitación que le hizo Eugenia Kombar, su antigua compañera de Cable Hogar Rosario. Ella, llevaba unos años trabajando para radio El mundo de Buenos Aires y le consiguió, luego de la tenaz insistencia de él, la posibilidad de salir al aire en el programa de la primera tarde. La idea era que contara una de sus  crónicas casi irreales,  recopiladas a lo largo de muchos años.

En aquella lluviosa jornada del saliente verano 2012 afrontó el viaje a la capital para tratar de recuperar algo de la fama que algún día tuvo y de paso intentar de reavivar la llama amorosa de los viejos tiempos  con la periodista.

Ya instalado en el estudio, repasó la crónica que instantes después desarrollaría. De fondo, el locutor de turno pasaba al aire el noticiero; la temperatura, el tránsito, el dólar y la elección del nuevo Papa eran las notas destacadas. El Papa…, se paralizó. La figura del santo padre, sea quien fuese el hombre, nunca le trajo suerte. Varios de los pontífices de los que se acuerde a lo largo de sus cincuenta y dos años solo le trajeron sensaciones negativas. Se quedó con la mirada extraviada atrapando recuerdos contra la cercana pared, que lo llevaron a aquel viernes santo de cuando tenía unos seis años.

Su abuela lo había sorprendido comiendo un sándwich de salame y queso que le preparó  su hermano mayor y los castigó a ambos prohibiéndoles recibir huevos de pascua para el domingo. “¡Gilipollas!¡Si se entera el Papa nos excomulga a todos! ¡¿Cómo van a romper la Cuaresma justo hoy?!”, les gritó a ambos mientras les sacaba los bocados que les quedaban para dárselos a los perros, “ellos no son cristianos,pueden comer”, justificó.

     ¡Y a los doce!, se dijo

Cuando falleció el obispo de “no se dónde “, se suspendió, por orden papal, toda actividad no religiosa de la diócesis de Rosario. Ésto, incluía la final del torneo barrial que organizó la capilla de la zona. Siempre se  comentó que por única vez, iban a estar unos tipos de las inferiores de Vélez buscando nuevos talentos, y él se veía como uno de los candidatos. Nunca pudo tener otra oportunidad.

Y eso no fue lo peor, pensó mientras estrujaba una inocente hoja de papel que nada tenía que ver con su pasado . Estando en quinto de secundaria a solas con Alejandra en la casa de la abuela de ella…era su oportunidad.  Hasta ese momento, solo había podido filtrar algunas furtivas caricias por sobre la ropa con la complicidad de las sombras de la plaza López. Pero allí, con la excusa del trabajo práctico estaban a solas en aquella vivienda, aprovechando la internación de la anciana. Rememoró el momento que entre beso y beso la llevó al dormitorio de la nonna y en ese supremo instante, el mural de Paulo VI, los observó rigurosamente desde la cabecera de la cama. “¡No puedo seguir!”, lo frenó ella sacándole su mano que estaba por debajo de la blusa. “El Papa nos mira, no puedo”. Paso seguido, la chica se acomodó la ropa y le pidió que se retirará, que tenía que pensar en la relación que llevaban y que por ahora no le hable. Pero más frustración sintió al volver a pasar por el quiosco donde unas horas atrás había comprado tres Jockey largos sueltos y una caja de preservativos Camaleón. Al sacar la billetera para pagar una caja de chicles Adams, se le cayeron delante del hombre los condones. “¡Jah!”, le exclamó el quiosquero, que no solo le había vendido los profilácticos sino que también lo vio pasar con Alejandra un rato antes. ”¡¿Qué pasó campeón!? ¿Se suspendió el cumple y te sobraron los globos?”, le comentó en forma burlona mientras le daba el vuelto de mil.

Nunca había olvidado esa humillación, descubrió  en ese momento que todavía le dolía. “¡Saldán!”, lo sacó la voz de un productor del trance en el que estaba. “Mire Alberto, acaban de elegir a un papá argentino, a Bergoglio. Por eso, nos va a tener que disculpar pero estamos preparando un especial, ya nos contactamos con la sra. que le vendía las medias aquí en Bs. As. y nos va a dar una exclusiva. Usted es hombre de los medios, sabrá comprender…”. Fingiendo calma, juntó sus apuntes, se acomodó la corbata y lentamente salió del estudio. Ya en la puerta y mientras esperaba un taxi para ir al departamento de Eugenia, le llegó un sms, “¡Felicitame! Estoy saliendo para Ezeiza, me mandan de la radio a Roma por lo del papa ”. Inmediatamente le llegó otro, ”Lo dejamos para la próxima. ¡Besos!“.

Guardó el celular en el bolsillo interior del saco y allí palpó un blister de pastillas azules, las miró y largó desde sus entrañas, “¡los papas y la puta que los parió!”.