En una nueva entrega del podcast, Andrea Lípari recorre un relato de Alejandra Kamiya sobre dos niñas que construyen un mundo propio a través del juego, los secretos y la imaginación. Una historia sobre la amistad, las desigualdades, la separación y las huellas que permanecen cuando el tiempo transforma los vínculos.
En una nueva edición de Herbario Sonoro, Andrea Lípari vuelve al bosque de la mano de la escritora argentina Alejandra Kamiya para compartir Los restos del secreto, un relato que forma parte de su universo literario. La historia sigue a Guillermina y Belinda, dos niñas que, en el paisaje rural de la pampa, inventan personajes, recrean escenas y transforman los objetos cotidianos en elementos de un universo donde todo puede adquirir un significado diferente.
Con una cortina convertida en capa, cajas de cigarrillos que funcionan como accesorios y elementos recuperados de su entorno, las niñas representan historias que conocen o imaginan. En ese espacio, los juegos les permiten ensayar otras vidas, explorar sus preguntas y construir una realidad propia. La imaginación no aparece como una simple distracción infantil, sino como una manera de abrir posibilidades frente a un mundo adulto que establece límites y decide por ellas.
La amistad entre Guillermina y Belinda encuentra uno de sus lugares centrales en una casa que construyen lentamente en el monte, rama por rama. Ese refugio se convierte en su secreto compartido: un espacio donde pueden estar juntas, lejos de las miradas ajenas. El relato se detiene en el sentido de esa palabra y en la ambivalencia que encierra: los secretos pueden proteger, pero también aprisionar; pueden unir a las personas y, al mismo tiempo, separarlas de quienes no forman parte de ese mundo íntimo.
Sin embargo, la vida de las niñas está atravesada por decisiones y conflictos que exceden su voluntad. Cuando el padre de Belinda le prohíbe seguir yendo a la escuela con Guillermina, la relación queda condicionada por las tensiones entre las familias y las jerarquías sociales del entorno rural. La separación modifica su vida cotidiana, pero no consigue borrar el vínculo: las dos continúan encontrando formas de reunirse y de sostener, mediante el juego, ese territorio compartido que el resto del mundo parece no comprender.
Con el paso de los años, las circunstancias vuelven cada vez más difícil ese encuentro. Guillermina termina lejos, en Corrientes, mientras Belinda permanece en el pueblo. Las cartas se convierten entonces en una medida del tiempo y en el principal hilo que mantiene unidas sus historias. Belinda conserva las fotografías, recuerda los juegos de la infancia e imagina aquello que las imágenes no pueden mostrar. La distancia transforma la relación, pero también confirma la persistencia de una memoria compartida.
El desenlace vuelve sobre el título del relato. Cuando Belinda recibe la noticia de la muerte de Guillermina, regresa al campo y busca el lugar donde habían construido su refugio. La casa ya no está, pero sus restos se han integrado al monte, a la tierra y a los árboles. Lo que alguna vez fue un secreto de dos permanece en el paisaje, como una huella de aquella historia que el tiempo no pudo borrar por completo.
A través de la obra de Alejandra Kamiya, Herbario Sonoro propone un recorrido por la infancia, la amistad y las formas en que las personas construyen sus propios mundos. También invita a pensar qué queda de los vínculos cuando la vida impone distancias y pérdidas, y cómo los recuerdos, las palabras y los lugares pueden conservar aquello que ya no está.
El episodio cuenta con la lectura de Andrea Lípari y forma parte de este espacio de Radio Enlace dedicado a la literatura, la escucha y el encuentro con las historias. Podés escuchar esta y otras entregas de Herbario Sonoro en Portal Enlace.





