50 años después, los lápices siguen escribiendo

A 50 años de la Noche de los Lápices y del inicio de la última dictadura cívico-militar, Bianca, integrante de “Los Lápices Siguen Escribiendo”, reflexiona sobre la persecución al movimiento estudiantil, la memoria y el compromiso de las nuevas generaciones con la democracia.

Hoy, en “Seguimos Escribiendo”, queremos tomar un momento para reflexionar sobre una fecha que nos atraviesa de lleno como estudiantes y como pibes.

Este año se cumplen 50 años de aquel 24 de marzo de 1976, el día en que las Fuerzas Armadas derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. Pero eso no fue simplemente un cambio de gobierno o un golpe más en la historia; fue el inicio de la dictadura cívico-militar más sangrienta de nuestro país, disfrazada bajo el nombre de “Proceso de Reorganización Nacional”, cuando en realidad lo que se instaló fue el terrorismo de Estado.

En este marco, se cumplen 50 años de “La Noche de los Lápices”, 50 años del intento de disciplinamiento al movimiento estudiantil, pero pregúntenos a alguno de nosotros si la dictadura lo consiguió; la respuesta es no, porque acá estamos y seguiremos estando.

Durante esos años oscuros, miles de secuestros y desapariciones avanzaron sobre la Argentina. Las Fuerzas Armadas persiguieron y oprimieron a los que ellos llamaban “subversivos” o rebeldes: cualquier persona que consideraran peligrosa o contraria a su proyecto político, económico y social. Y en esa lista, gran parte eran estudiantes secundarios y universitarios.

Es fundamental entender que no los perseguían por haber cometido un delito. Los perseguían por sus ideas, por su militancia, por su participación y por soñar con algo distinto. Como bien dijo Emilce Moler, sobreviviente: “No nos secuestraron solo por el boleto. Éramos jóvenes politizados que queríamos un país más justo”.

Montaron una red sistemática, con aproximadamente 800 centros clandestinos de detención, tortura e interrogatorio a lo largo y ancho de todo nuestro país. Buscaron silenciar a una generación entera a través del miedo.

Hoy nos faltan 30.000 compañeros desaparecidos.

Por eso, hablar de esto hoy en la radio no es mirar el pasado con melancolía. Es un compromiso con el presente. Recordar a esos pibes que tenían nuestra misma edad, que caminaban por pasillos como los nuestros y que defendían la participación estudiantil, es lo que nos da la fuerza para cuidar la democracia todos los días. Frente al olvido y al silencio, los estudiantes de hoy decimos más fuerte que nunca: Memoria, Verdad y Justicia. Nunca Más.