Casa Alfredo: una historia de cercanía, trabajo y adaptación en tiempos de cambio

Con más de tres décadas de trayectoria en Pueblo Esther, Casa Alfredo logró consolidarse como uno de los comercios de referencia de la región combinando atención personalizada, incorporación permanente de nuevas tecnologías y una fuerte apuesta por el desarrollo local. En una extensa entrevista con Enlace de Noticias, Marcos repasó la evolución de la empresa familiar, reflexionó sobre los cambios que atravesó el comercio en los últimos años y compartió una mirada que trasciende la venta de electrodomésticos para poner el foco en las personas, la confianza y la construcción de vínculos duraderos.

Hay comercios que venden productos. Otros, con el paso del tiempo, terminan formando parte de la historia cotidiana de una comunidad. En Pueblo Esther, hablar de Casa Alfredo es hablar de varias generaciones de vecinos que encontraron allí desde el primer televisor para una casa nueva hasta el lavarropas que resolvió una urgencia familiar, pasando por el celular de un hijo, la heladera para un emprendimiento o el asesoramiento de alguien que conoce a sus clientes por el nombre. Esa relación, construida durante décadas, es la que Marcos considera el principal patrimonio de la empresa.

En diálogo con Enlace de Noticias, el referente de Casa Alfredo repasó el recorrido de un negocio que supo transformarse junto con los cambios tecnológicos, económicos y culturales sin resignar aquello que, a su entender, continúa siendo la esencia del comercio de cercanía: la confianza: “nosotros siempre decimos que lo más importante no es vender un producto. Lo importante es que la persona se vaya con la solución que realmente necesita. Muchas veces eso significa recomendar algo distinto de lo que vino a buscar. Si el cliente se va conforme, vuelve. Y ese vínculo vale mucho más que una venta”, explicó.

Hay entrevistas que terminan hablando de mucho más que del rubro al que pertenece el entrevistado. La conversación con Marcos, referente de Casa Alfredo, comenzó repasando la actualidad del comercio de electrodomésticos, pero rápidamente derivó en una radiografía social sobre cómo cambió la vida cotidiana de las familias argentinas.

A través de ejemplos simples, recuerdos de clientes y situaciones que se repiten todos los días detrás del mostrador, el comerciante fue describiendo una transformación silenciosa: la del consumo que dejó de estar vinculado a los proyectos de crecimiento para concentrarse, cada vez más, en resolver necesidades urgentes.

En ese escenario, asegura, el comercio también cambió de función: “muchas veces les digo a las chicas que trabajan con nosotros que no están vendiendo solamente un lavarropas o un celular. Están solucionando un problema. Cuando a una familia se le rompe un electrodoméstico indispensable, nosotros tenemos que ayudarla a resolver esa situación. Ese tiene que ser nuestro trabajo”, explica.

Para Marcos, uno de los cambios más profundos de los últimos años aparece en la forma en que las personas utilizan el crédito. Recuerda que durante mucho tiempo las cuotas permitían acceder a bienes que representaban mejoras concretas en la calidad de vida: una moto para ir a trabajar, un televisor, un celular, la construcción de una vivienda o incluso las vacaciones familiares.

Hoy, afirma, esa lógica prácticamente desapareció: “el crédito es importante para todos. Para el que quiere comprarse un auto, una casa o empezar a construir. Antes uno podía proyectar: comprar un terreno, hacer la casa, pintar, llamar al plomero, al gasista, comprar los electrodomésticos. Hoy eso está totalmente cortado. La gente ya no puede mirar para adelante; vive el día a día”, reflexiona.

Esa imposibilidad de planificar tiene consecuencias que, según sostiene, van mucho más allá del comercio. Afecta la capacidad de las familias para imaginar un futuro, limita las oportunidades de los jóvenes y termina golpeando a toda la cadena económica: “lo que siempre remarcamos es que antes la gente sacaba un crédito para comprar una moto, un celular, un auto o el televisor que quería poner en el comedor. Hoy la gente va con la tarjeta de crédito a comprar comida.”

La pérdida de pequeños sueños cotidianos

A lo largo de la entrevista, Marcos insiste en que la crisis económica no solamente se refleja en los grandes indicadores, sino también en pequeñas escenas de la vida diaria.

Habla de reuniones familiares que cambiaron de menú, de compras que se postergan indefinidamente y de objetos que ya no se reemplazan cuando dejan de funcionar correctamente: “el trabajador tiene derecho a mejorar su calidad de vida. No puede trabajar diez o doce horas solamente para llegar a fin de mes. También tiene derecho a comprarse ropa, unas zapatillas, hacer un viaje con su familia o disfrutar del ocio. Hoy todo eso se fue perdiendo”, sostiene.

La comparación que utiliza resulta tan sencilla como contundente: “siempre cuento que antes las juntadas familiares eran con asado; ahora son con pollo. Parece una pavada, pero muestra cómo fueron cambiando las cosas.”

Lejos de pensar el negocio únicamente desde la venta, Marcos asegura que el objetivo cotidiano consiste en acompañar a quienes llegan con un problema concreto. Por eso insiste en formar a su equipo para que priorice las necesidades reales de cada cliente antes que el monto de la operación.

“A veces una persona viene buscando un lavarropas de diez kilos y la mejor solución termina siendo uno más chico porque se adapta mejor a su casa y a su economía. Lo importante es que se vaya conforme, sintiendo que encontró una respuesta y no solamente que hizo una compra”, explica.

En ese recorrido aparecen historias de varias generaciones. Padres que compraron sus primeros electrodomésticos, hijos que años después volvieron al mismo local y hoy nietos que mantienen ese vínculo construido durante décadas: “hemos visto pasar dos o tres generaciones de clientes. Vinieron los padres, después los hijos y ahora compran los nietos. Eso para nosotros tiene un valor enorme.”

Cambian los productos, cambia la forma de comprar

La evolución tecnológica también modificó profundamente los hábitos de consumo. Si hace algunos años el producto estrella era el televisor de pantalla plana, hoy el mercado exige una renovación constante impulsada por nuevas prestaciones, aplicaciones y sistemas inteligentes.

Sin embargo, Marcos observa que la decisión de compra ya no responde tanto al deseo de incorporar tecnología como a la necesidad: “antes una persona cambiaba la heladera porque ya tenía muchos años y quería darle la vieja a un hijo. Hoy la puerta se rompe y la atan con dos remaches para seguir usándola. Solamente vienen a comprar otra cuando deja de funcionar por completo.”

Lo mismo ocurre con otros productos: “la compra hoy es por urgencia. Si se rompe el celular, la heladera o el lavarropas, hay que resolverlo enseguida. En cambio, otros artículos quedan postergados porque ya no son una prioridad.”

Competir desde la cercanía y no desde el volumen

Frente al crecimiento del comercio electrónico y las grandes plataformas nacionales, Casa Alfredo decidió no competir en igualdad de condiciones con empresas que manejan otra escala logística y financiera.

La estrategia fue diferente. Buscar nichos donde todavía exista un valor agregado basado en la cercanía, la atención personalizada y el acceso al crédito para sectores que muchas veces quedan fuera del sistema bancario: “nosotros no podemos competir con las fábricas que envían directamente al domicilio y ofrecen muchísimas cuotas. Entonces buscamos otra manera de trabajar. Tenemos convenios con cooperativas y con trabajadores que muchas veces no tienen acceso al crédito tradicional. Ahí encontramos un espacio donde realmente podemos aportar algo.”

Otra de las decisiones que marcaron la evolución de la empresa fue la apuesta por la comunicación digital. Marcos explica que hoy el trabajo en redes sociales dejó de ser un complemento para convertirse en una herramienta central del negocio: “tenemos un equipo dedicado exclusivamente a generar contenido. Trabajamos con influencers, hacemos videos, buscamos nuevas formas de mostrar los productos porque sabemos que hoy gran parte del vínculo con la gente también pasa por ahí.”

Un nuevo proyecto para acompañar a emprendedores

Mientras consolida el crecimiento de Casa Alfredo, Marcos también impulsa una nueva etapa para Torre Vieja, el espacio de muebles y decoración que abrirá donde funcionaba el antiguo local comercial.

El proyecto no se limitará a la venta de mobiliario. La propuesta incluye la participación de diseñadores, artesanos y pequeños emprendedores de la región, quienes podrán exhibir sus productos, organizar talleres y utilizar el espacio como una vidriera para dar a conocer su trabajo.

“La idea es que no sea solamente una mueblería. Queremos que también sea un lugar donde los emprendedores puedan mostrar lo que hacen. El que fabrica velas, almohadones, espejos o artículos de decoración va a tener un espacio para exhibirse. Incluso pensamos organizar encuentros y ferias dentro del local. Más que obtener una ganancia sobre esos productos, queremos darles visibilidad.”

Seguir soñando

Sobre el final de la entrevista, Marcos deja por un momento de hablar de estrategias comerciales y vuelve a lo personal. Reconoce que emprender implica convivir con la incertidumbre, con proyectos que funcionan y otros que fracasan, pero también con la tranquilidad de contar con una familia y un equipo que acompañan cada decisión.

“Uno puede tener las ideas, pero solo no logra nada. Detrás está la familia y un equipo de trabajo que acompaña todos los días. Hay momentos en los que uno vuelve con ganas de llorar porque las cosas no salieron como esperaba y otros en los que un proyecto funciona. Nunca recibí un reproche por intentar algo nuevo; siempre encontré apoyo para seguir adelante”, afirma.

Y concluye con una frase que resume tanto su mirada empresarial como su proyecto de vida: “seguimos soñando. No nos van a quitar el sueño de seguir creciendo en nuestra localidad y de que desde acá podamos seguir enviando nuestros productos a todo el país, como lo venimos haciendo.”