Centro de Salud Animal: cómo funciona en Pueblo Esther una política pública que busca garantizar atención veterinaria gratuita

El espacio fue reinaugurado el sábado luego de las obras realizadas tras la tormenta de diciembre de 2025. Silvia Foix, integrante de Patitas de Pueblo Esther, contó en Enlace de Noticias cómo funciona el servicio, qué prestaciones brinda y cuál fue el rol del voluntariado y del Estado municipal para sostenerlo durante estos años.

La reinauguración del Centro de Salud Animal de Pueblo Esther permitió volver a poner en funcionamiento a pleno un espacio que, además de recuperar su infraestructura después de la tormenta de diciembre de 2025, incorporó mejoras para facilitar la atención. Durante una entrevista en Enlace de Noticias, Silvia Foix, integrante de Patitas de Pueblo Esther, explicó cómo se organiza el servicio y cuáles son las prestaciones que se brindan de manera gratuita a los vecinos. El centro cuenta actualmente con consultorio, quirófano, sala de espera y un espacio interno de comunicación que permite desarrollar las distintas tareas con mejores condiciones.

El funcionamiento actual es el resultado de un proceso que comenzó mucho antes de la apertura del centro. Según explicó Silvia, Pueblo Esther lleva 12 años de trabajo municipal sostenido en materia de cuidado animal, mientras que el Centro de Salud Animal funciona específicamente desde hace cuatro años. La política incluye atención veterinaria gratuita, atención de casos complejos, vacunación antirrábica, desparasitación y castraciones sin límite establecido, además de campañas que recorren distintos barrios de la ciudad.

Uno de los aspectos que la referente de Patitas destacó es que el modelo no se limita a las campañas de vacunación o castración. La atención veterinaria primaria es universal para los vecinos de Pueblo Esther, independientemente de su situación económica, y permite atender también a animales cuyos responsables no pueden afrontar una consulta particular. Para Silvia Foix, esa concepción forma parte de una mirada integral de la salud pública, porque el cuidado de los animales también está relacionado con la prevención de enfermedades que pueden afectar a las personas.

El servicio se complementa con jornadas semanales y actividades especiales. Con la reapertura del centro se retomaron las castraciones de los miércoles, mientras que también se mantiene una jornada mensual destinada a absorber parte de la demanda pendiente. A eso se suman dos días semanales de atención veterinaria y las jornadas de vacunación que se realizan durante los fines de semana en distintos barrios, además de la vacunación antirrábica y la desparasitación que se efectúan en el propio centro.

La castración es, además, uno de los puntos en los que el municipio fue modificando su modalidad de trabajo. Foix explicó que inicialmente se contrataban profesionales para realizar jornadas y se abonaba por cada animal intervenido, mientras que el funcionamiento actual incorpora una veterinaria dentro de la estructura municipal, con un sueldo que contempla las tareas de atención y castración. La profesional también recibió capacitación específica y, de acuerdo con la experiencia relatada durante la entrevista, el objetivo es aumentar progresivamente la cantidad de animales que pueden ser atendidos en cada jornada.

El Centro de Salud Animal tampoco funciona como reemplazo de la atención veterinaria privada. De hecho, Silvia Foix sostuvo que ambas prestaciones pueden coexistir y que el trabajo público incluso contribuye a generar mayor conciencia sobre la responsabilidad de los tutores. El programa no incluye determinadas prestaciones, como la vacunación séxtuple para cachorros, que son derivadas al sector privado, mientras que para estudios específicos —radiografías, análisis o consultas con especialistas— se recurre a profesionales privados y, cuando corresponde, se afrontan esos gastos mediante fondos de la organización.

Otro punto central del modelo es que la atención primaria no está condicionada por la capacidad económica de quien lleva al animal. Silvia Foix explicó que tanto la atención veterinaria como las castraciones forman parte de un servicio gratuito y cuestionó la idea de establecer mecanismos que puedan terminar excluyendo a personas que no tienen recursos. Según relató, la evolución del programa también puede observarse en el cambio de comportamiento de los vecinos: actualmente aumentó la presencia de gatos y animales machos en las jornadas de castración, algo que desde Patitas interpretan como resultado de años de trabajo de concientización.

El servicio también contempla situaciones de animales accidentados o casos sociales y comunitarios. La entrevistada explicó que esa posibilidad está contemplada desde los comienzos del programa y que incluso figura en la ordenanza que regula la prestación, aunque aclaró que el Centro de Salud Animal no brinda un servicio de urgencias veterinarias. Cuando se necesitan estudios o intervenciones que exceden las prestaciones municipales, se articula con profesionales privados y se buscan mecanismos para cubrir esos costos en los casos que corresponda.

En cuanto a la demanda, Foix señaló que el promedio de castraciones se ubica actualmente entre 40 y 60 animales por mes, mientras que la vacunación antirrábica tiene una demanda elevada y obliga incluso a solicitar refuerzos de las partidas asignadas. Las campañas barriales son una herramienta importante para acercar el servicio a los vecinos, pero también se realizan vacunaciones y desparasitaciones durante los días de atención en el Centro de Salud Animal.

Detrás de ese funcionamiento existe una combinación entre estructura estatal y participación comunitaria. El centro cuenta con una veterinaria y personal municipal destinado de manera permanente, mientras que las campañas y jornadas especiales se sostienen también con voluntarios de Patitas y otras personas que colaboran desde hace años. Foix remarcó que el municipio paga a los veterinarios y compra los insumos, pero que la organización cotidiana de buena parte del trabajo continúa siendo impulsada por el grupo voluntario.

Esa articulación, precisamente, es una de las características que Silvia considera fundamentales para que una experiencia de este tipo pueda sostenerse. Patitas comenzó a trabajar hace unos 12 años y, a partir de esa experiencia, también buscó acercar el modelo a otras localidades de la región, con reuniones con funcionarios y la conformación de grupos de voluntarios. La idea que plantea es que las políticas de cuidado animal necesitan una mirada territorial, porque los animales no reconocen los límites administrativos entre una ciudad y otra y los problemas de salud y reproducción pueden trasladarse de una localidad a la siguiente.

Para la referente, uno de los principales cambios fue lograr que el cuidado animal comenzara a ser pensado como parte de las políticas de salud pública. En la entrevista sostuvo que hubo resistencias, incluso de sectores vinculados a la actividad veterinaria privada, pero planteó que la experiencia de Pueblo Esther demuestra que puede existir una convivencia entre ambos sistemas. Su argumento es que garantizar atención primaria, vacunación y castración desde el Estado no elimina la necesidad de recurrir a profesionales privados para otras prestaciones y, al mismo tiempo, permite ampliar el acceso a cuidados básicos.

La otra pata pendiente, según Silvia Foix, es la responsabilidad de los propios tutores. En Pueblo Esther, explicó, todavía existe un problema con los animales que circulan libremente por la vía pública: en muchos casos no son animales abandonados, sino perros o gatos con dueño que salen de sus viviendas. Además del riesgo para los propios animales, especialmente por la presencia de rutas, la circulación sin control puede generar accidentes y otros problemas, por lo que desde Patitas consideran necesario profundizar las campañas de concientización sobre tenencia responsable, recolección de heces y cuidado de los animales.

La experiencia de Pueblo Esther, así planteada, no se reduce a la existencia de un edificio con consultorio y quirófano. Es un esquema que combina financiamiento y recursos municipales, profesionales contratados por el Estado, voluntariado, campañas territoriales, prevención, atención primaria y participación comunitaria. La reconstrucción del centro después de la tormenta permitió recuperar ese funcionamiento y, al mismo tiempo, mejorar las condiciones edilicias para sostenerlo. Para Foix, el desafío ahora es que experiencias de este tipo puedan desarrollarse también en otras localidades, con las adaptaciones que requiera cada territorio.