De trabajar para otros a construir su propio emprendimiento: la historia de Rocío y Pochoclos Dulces 7

Rocío Belén Acosta creó Pochoclos Dulces 7 después de dejar trabajos que le demandaban buena parte de su tiempo para poder acompañar la crianza de su hijo. Con experiencia previa en el rubro, decidió comenzar desde cero con su propio carrito y transformar ese conocimiento en un emprendimiento que hoy participa de cumpleaños, fiestas, eventos empresariales y actividades institucionales. Pero detrás del pochoclo y de los colores que lleva a cada celebración hay una historia de trabajo, independencia, maternidad y compromiso con la comunidad.

Hay emprendimientos que nacen a partir de una oportunidad comercial y otros que aparecen como respuesta a una necesidad concreta de la vida cotidiana. La historia de Pochoclos Dulces 7, el emprendimiento de Rocío Belén Acosta, pertenece a este segundo grupo: comenzó cuando su hijo tenía un año y ella decidió reorganizar su vida laboral para poder dedicarle más tiempo sin dejar de generar ingresos. Antes de iniciar su propio proyecto, trabajaba para tres negocios diferentes y, según explicó durante una entrevista en el programa Enlace de Noticias, la modalidad laboral ya no resultaba compatible con las necesidades de su familia. “Por el tema de los tiempos que demandan los niños, decidí arrancar un emprendimiento”, contó Rocío, quien encontró en una actividad que ya conocía una posibilidad para trabajar de manera independiente. La decisión significó comenzar nuevamente desde cero, pero también le permitió construir una actividad económica sobre sus propios tiempos y posibilidades.

Rocío no llegó al mundo de los pochoclos sin experiencia, ya que anteriormente había trabajado para otro emprendimiento dedicado a la actividad y allí comenzó a conocer los secretos del oficio. Esa experiencia le permitió familiarizarse con la preparación del producto, el funcionamiento de los eventos y el trato con los clientes, hasta que decidió dar el paso de adquirir su propio carrito. “Sí, es mío. Se compra de cero”, explicó al recordar los comienzos del emprendimiento, dejando en claro que la construcción de Pochoclos Dulces 7 implicó una inversión inicial y un proceso de aprendizaje que fue desarrollando a partir de su experiencia anterior. Con el tiempo, ese carrito se transformó en la herramienta principal de trabajo y en la imagen que identifica al emprendimiento en cumpleaños, fiestas y diferentes actividades. La decisión de independizarse estuvo directamente relacionada con la posibilidad de manejar sus propios horarios y, sobre todo, de poder estar presente en la crianza de su hijo.

Actualmente, el servicio de Pochoclos Dulces 7 se adapta a diferentes tipos de celebraciones y no se limita exclusivamente a la venta del producto. Rocío trabaja en cumpleaños infantiles, fiestas de 15, eventos empresariales, inauguraciones y actividades organizadas por instituciones, además de preparar bolsitas individuales que pueden utilizarse como souvenirs. “Me piden mucho”, contó al referirse a las bolsitas de pochoclos que prepara especialmente para cumpleaños y que pueden llevar la identificación del evento o del emprendimiento. También realiza colaboraciones con instituciones y espacios comunitarios, como merenderos a los que dona bolsitas de pochoclos, y participa de actividades vinculadas con la comunidad educativa. En ese sentido, el carrito se convirtió en una herramienta laboral pero también en una forma de vincularse con distintos espacios de la ciudad.

Esa dimensión social aparece particularmente vinculada con el jardín al que concurre su hijo, donde Rocío forma parte de la cooperadora y decidió colaborar con una actividad destinada a los niños. Según explicó, se ofreció para preparar pochoclos durante una jornada para los alumnos del jardín, que actualmente cuenta con 87 niños, y calculó que el servicio demandaría aproximadamente una hora y media. La iniciativa forma parte de una manera de entender el emprendimiento que excede la búsqueda de una ganancia económica, porque también utiliza aquello que sabe hacer para colaborar con espacios de los que forma parte. “Me ofrecí a colaborar con eso”, explicó al referirse a su participación en la actividad. Esa disposición a colaborar aparece también en las donaciones que realiza a merenderos y constituye una parte de la identidad que Rocío fue construyendo alrededor de su emprendimiento.

Un carrito que se adapta a cada evento

El trabajo de Rocío también implica adaptarse a las preferencias de quienes contratan el servicio y, especialmente, a los pedidos de los más chicos. Por eso, además de los pochoclos, el carrito incorpora golosinas y distintas opciones que permiten acompañar las celebraciones con una propuesta más amplia. También cuenta con una máquina pequeña para preparar algodón de azúcar, que puede realizarse en el momento o presentarse dentro de un recipiente cuando se utiliza como souvenir. “Depende si lo quieren para el souvenir o en el momento”, explicó, mostrando cómo el servicio se adapta al tipo de evento y a las necesidades de cada cliente. La propuesta incluso puede incorporar pochoclos teñidos de distintos colores para acompañar la temática elegida para una fiesta o celebración.

Entre los productos que quedaron asociados a los antiguos carritos de golosinas aparecen también las tradicionales manzanitas acarameladas, aunque Rocío explicó que decidió discontinuarlas porque requieren una venta inmediata. Una vez preparadas, no pueden conservarse durante varios días sin perder calidad y eso puede generar desperdicio si no encuentran comprador en la jornada. “Lo que tiene es que cuando se quema con el caramelo, cuando lo preparás, no puede ser de un día para el otro”, explicó. Esa experiencia también muestra una de las dificultades menos visibles de los pequeños emprendimientos gastronómicos: detrás de cada producto existe una inversión en materia prima que debe cuidarse para evitar pérdidas. Por eso, Rocío optó por concentrarse en productos que pueda producir y comercializar con mayor previsibilidad.

El carrito tampoco permanece siempre en un punto fijo, aunque buena parte de la actividad de Rocío se desarrolla en eventos previamente contratados y en las inmediaciones de la escuela. El traslado es manual y esa tarea representa uno de los aspectos que busca mejorar con el paso del tiempo, incorporando modificaciones que permitan hacer más sencillo el movimiento del carro. “Estoy modificándolo para que los años pasen y que sea un poco más fácil trasladarlo”, explicó durante la entrevista. Con 31 años, Rocío reconoce que todavía tiene mucho camino por recorrer con su emprendimiento y que una de las claves será encontrar formas de hacer más eficiente el trabajo físico que demanda trasladar y montar el carrito.

Una receta propia y una búsqueda de alternativas

Uno de los aspectos particulares de Pochoclos Dulces 7 está en la preparación del producto. Rocío explicó que sus pochoclos no siguen exactamente la receta tradicional utilizada por otros vendedores, porque decidió buscar una alternativa que le permitiera reducir el uso de aceite. “No son la receta de todos los pochocleros, porque yo busqué algo más saludable”, contó. Según explicó, sus pochoclos no llevan aceite de girasol y la decisión surgió inicialmente por una cuestión práctica, ya que el aceite también terminaba afectando su ropa y dificultando la manipulación del producto durante las jornadas de trabajo. Después de investigar y probar alternativas, encontró una forma de prepararlos sin necesidad de utilizarlo.

La receta terminó convirtiéndose así en una característica distintiva del emprendimiento. El producto mantiene el sabor y la textura que los clientes esperan de un pochoclo dulce, pero se diferencia de otras preparaciones por la forma en que es elaborado. La propuesta también puede adaptarse a diferentes temáticas y colores, algo especialmente valorado en cumpleaños infantiles y fiestas donde cada detalle suele estar vinculado con la decoración elegida. Esa posibilidad de personalización le permite a Rocío ofrecer un servicio que combina el producto gastronómico con una experiencia visual y recreativa. De esta manera, el emprendimiento fue encontrando una identidad propia a partir de pequeñas decisiones que comenzaron como necesidades prácticas y terminaron transformándose en parte de su propuesta comercial.

El vínculo con los chicos, una parte central del trabajo

Más allá del producto, Rocío destacó durante la entrevista un aspecto que considera fundamental en su trabajo: el vínculo que establece con los niños durante los eventos. Su tarea no consiste únicamente en preparar y entregar una bolsita de pochoclos, sino también en generar un momento de interacción en el que busca transmitir determinadas pautas de respeto. “Cuando yo me dirijo hacia ellos es con respeto”, explicó, y contó que procura saludarlos, preguntarles cómo están y enseñarles que también es importante pedir las cosas de buena manera. Para Rocío, ese vínculo forma parte del atractivo del emprendimiento y es uno de los motivos por los que disfruta especialmente trabajar en celebraciones infantiles.

Esa relación cotidiana también generó un vínculo particular con algunos de sus pequeños clientes, a quienes reconoce cada vez que vuelve a encontrarlos en los eventos. La propia Rocío reconoce entre risas que tiene “mis clientes favoritos”, una expresión que muestra el grado de cercanía que puede construirse en una actividad que se repite en cumpleaños, escuelas y celebraciones familiares. Al mismo tiempo, su propia familia convive diariamente con el aroma de los pochoclos, algo inevitable cuando el producto se prepara en su casa antes de los eventos. “Mi hijo sí me pide pochoclos”, contó, y explicó que aproximadamente una vez por semana le prepara a su hijo una porción, aunque la actividad cotidiana también genera que el olor del caramelo, la vainilla y otros sabores llegue hasta la casa de su madre.

El crecimiento a través del boca en boca

A diferencia de otros emprendimientos que basan buena parte de su crecimiento en campañas publicitarias, Rocío encontró en el boca en boca una de sus principales herramientas para conseguir nuevos clientes. Pochoclos Dulces 7 tiene presencia en Instagram y Facebook, pero muchos de los contactos llegan a partir de recomendaciones de personas que ya contrataron el servicio. “Por lo general, lo que uso mucho es mi número de teléfono”, explicó, aunque también señaló que pueden encontrarla a través de sus redes sociales y enviarle mensajes para consultar por los servicios disponibles. Esa modalidad de crecimiento refleja el tipo de vínculo que se establece en los emprendimientos locales, donde una buena experiencia en un cumpleaños o evento puede transformarse en una nueva contratación.

Actualmente, quienes quieran contratar el servicio pueden encontrar a Rocío en Instagram como Pochoclos Dulces 7, donde muestra parte de sus productos y las diferentes alternativas que ofrece. El servicio está pensado para cumpleaños infantiles, fiestas de 15, eventos empresariales, inauguraciones de comercios y distintas actividades institucionales, con posibilidades de personalizar los productos de acuerdo con la temática de cada celebración. La agenda también incluye participaciones en actividades escolares y comunitarias, aunque Rocío explicó que intenta equilibrar el crecimiento del emprendimiento con el tiempo que necesita dedicarle a su hijo. Esa decisión, que estuvo en el origen de Pochoclos Dulces 7, continúa siendo parte de la manera en que organiza su trabajo.

La historia de Pochoclos Dulces 7 muestra cómo un emprendimiento pequeño puede convertirse en una herramienta de independencia económica sin perder de vista las razones personales que llevaron a crearlo. Rocío encontró en una actividad que ya conocía una posibilidad para generar ingresos y, al mismo tiempo, disponer de mayor libertad para acompañar a su hijo. Con el carrito como principal herramienta de trabajo, fue ampliando su propuesta, incorporando nuevos productos, adaptándose a los pedidos de sus clientes y construyendo una identidad propia basada en el trato cercano. Pero también encontró en el emprendimiento una manera de devolver parte de lo que recibe, colaborando con merenderos y con instituciones educativas de la ciudad. En cada evento, detrás de una bolsa de pochoclos, hay así una historia de trabajo independiente que comenzó con una decisión familiar y que continúa creciendo a partir del esfuerzo cotidiano.