Dolor de pecho: qué señales pueden indicar una urgencia cardíaca y cuándo consultar

En su columna de salud, el Dr. Juan Carlos Singereisky entrevistó al cardiólogo Mariano Athie para abordar uno de los síntomas que más preocupación genera: el dolor de pecho. Durante la conversación, el especialista explicó que, aunque la mayoría de las consultas por este motivo no tienen un origen cardíaco, nunca debe minimizarse el síntoma antes de una evaluación profesional. También describió las características del dolor coronario, los factores de riesgo, otros signos de alarma y la importancia de actuar rápidamente ante un posible evento cardíaco.

El dolor de pecho es uno de los motivos de consulta que más interrogantes genera entre los pacientes y, al mismo tiempo, uno de los síntomas que más fácilmente puede ser interpretado de manera equivocada. En su columna de salud, el Dr. Juan Carlos Singereisky conversó con el cardiólogo Mariano Athie para despejar algunos de los principales mitos y brindar herramientas que permitan reconocer cuándo una molestia puede requerir atención médica urgente. Athie explicó que el dolor de pecho representa una parte muy importante de las consultas cardiológicas y que, afortunadamente, en la mayoría de los casos no tiene un origen coronario. Sin embargo, remarcó que esa conclusión solamente puede establecerse después de evaluar al paciente, conocer sus antecedentes y analizar las características concretas del dolor. “Todo dolor de pecho es cardíaco hasta que se demuestre lo contrario”, sostuvo el especialista, al remarcar la importancia de no realizar diagnósticos por cuenta propia.

No todos los dolores de pecho tienen origen cardíaco, pero ninguno debe minimizarse

Uno de los primeros conceptos abordados durante la entrevista fue precisamente la diferencia entre la frecuencia con la que aparece el dolor de pecho y su verdadero origen. Athie explicó que una gran mayoría de las personas que consultan por este síntoma finalmente presentan cuadros que no están relacionados con el corazón, pero advirtió que esa estadística no permite determinar qué sucede en un caso particular. Para establecerlo es necesario realizar un interrogatorio médico adecuado, considerar los factores de riesgo y, cuando corresponde, complementar la evaluación con un examen físico y estudios como el electrocardiograma. El especialista también cuestionó la costumbre de comparar los síntomas propios con experiencias de familiares, amigos o conocidos, porque un dolor aparentemente similar puede tener causas completamente diferentes. “Todo dolor de pecho es potencialmente grave y potencialmente mortal hasta que un médico lo evalúe”, enfatizó.

La entrevista también permitió derribar uno de los mitos más extendidos alrededor de los problemas cardíacos: la idea de que el corazón “no duele”. Athie explicó que durante un evento coronario puede aparecer dolor y que tiene determinadas características que permiten diferenciarlo de otras molestias, aunque no siempre se presenta de la misma manera. El dolor típico puede sentirse en el centro del pecho, detrás del esternón, y suele tener una característica opresiva, como si algo ejerciera presión. También puede aparecer durante períodos de esfuerzo físico o estrés, cuando el corazón necesita aumentar su demanda de oxígeno. Sin embargo, el especialista remarcó que el cuadro puede presentar diferentes manifestaciones y que por eso resulta fundamental la evaluación médica.

¿Cómo reconocer un dolor que puede ser cardíaco?

Uno de los objetivos centrales de la conversación fue ofrecer elementos concretos para que los oyentes puedan identificar situaciones que requieren una consulta inmediata. Athie explicó que el dolor coronario, conocido como angina de pecho, suele sentirse como una molestia opresiva en el centro del tórax y puede durar varios minutos, desaparecer y luego regresar. En algunos casos puede aumentar progresivamente su intensidad y acompañarse de transpiración, náuseas, vómitos o molestias abdominales. También puede irradiarse hacia otras zonas del cuerpo, como el cuello, la mandíbula, los hombros o los brazos, por lo que el especialista cuestionó otro mito frecuente: que solamente debe considerarse cardíaco si el dolor se extiende específicamente hacia el brazo izquierdo. “Todo lo que sería el mentón o la barbilla o la mandíbula y a los costados en ambos hombros y brazos y en el medio, por supuesto, el pecho, debe ser considerado cardiológico”, explicó.

Otro aspecto que Athie consideró particularmente importante es el momento en que aparece el dolor. Si una persona se despierta con dolor de pecho o presenta esa molestia mientras se encuentra en reposo, la situación requiere especial atención. El cardiólogo explicó que muchos dolores cardíacos aparecen cuando el corazón necesita trabajar más, por ejemplo durante un esfuerzo físico, una situación de estrés o después de una noticia que genera una fuerte respuesta emocional. Pero que un dolor aparezca en reposo no significa que deba restársele importancia; por el contrario, puede constituir una señal de alarma. Por eso, frente a un dolor de pecho inesperado, especialmente si presenta características compatibles con un cuadro cardíaco, la recomendación planteada durante la entrevista fue consultar rápidamente a un profesional.

La presión arterial normal no descarta un problema cardíaco

Otro de los conceptos que se abordaron fue la creencia de que una persona puede descartar un problema cardíaco simplemente porque al medirse la presión arterial obtiene un resultado normal. Athie fue contundente al rechazar esa interpretación y explicó que un infarto o una situación de isquemia pueden producirse aun cuando la presión arterial se encuentre dentro de parámetros normales. Por ese motivo, la medición de la presión no debe utilizarse como único elemento para decidir si un dolor de pecho es importante o no. La evaluación debe considerar el conjunto de los síntomas, los antecedentes y los factores de riesgo de cada paciente. “Error, error”, respondió el cardiólogo ante la idea de que una presión normal permita descartar automáticamente un origen cardíaco.

Entre los factores de riesgo cardiovasculares mencionados durante la entrevista aparecen el tabaquismo, la diabetes, la obesidad y el sedentarismo. Athie explicó que estos antecedentes son fundamentales para que el profesional pueda interpretar correctamente un cuadro de dolor de pecho y determinar qué estudios son necesarios. La evaluación no se basa únicamente en lo que el paciente siente en ese momento, sino también en su historia clínica y en las condiciones que pueden aumentar la probabilidad de una enfermedad cardiovascular. Por eso, dos personas con síntomas aparentemente similares pueden requerir evaluaciones diferentes. El interrogatorio médico, el examen físico y herramientas como el electrocardiograma forman parte del proceso que permite orientar el diagnóstico.

El tiempo es determinante ante un evento coronario

Uno de los puntos más relevantes de la entrevista estuvo relacionado con la importancia de actuar rápidamente cuando existe la posibilidad de una obstrucción coronaria. Athie explicó que, ante una arteria obstruida, existe un período crítico durante el cual es posible intervenir para restablecer el flujo sanguíneo y limitar el daño sobre el músculo cardíaco. Según señaló, existe una ventana de aproximadamente dos horas en la que la intervención resulta especialmente determinante, porque posteriormente comienzan procesos de muerte celular que pueden dejar consecuencias permanentes. “Mientras antes se actúe, mejor”, remarcó el especialista. El mensaje central, en este sentido, es que no debe esperarse a que el dolor desaparezca por sí solo ni intentar determinar en casa cuál es su origen.

Para explicar por qué una obstrucción coronaria puede generar consecuencias graves, Athie describió de manera sencilla la función de estas arterias. Las coronarias son los vasos sanguíneos que nacen de la aorta y llevan sangre, oxígeno y nutrientes al propio músculo cardíaco. Aunque el corazón funciona como una bomba encargada de impulsar sangre hacia todo el organismo, también necesita recibir un flujo sanguíneo adecuado para poder desarrollar correctamente esa función. Cuando una de las arterias coronarias se obstruye total o parcialmente, una parte del corazón puede comenzar a funcionar de manera deficiente y uno de los síntomas que puede aparecer es precisamente el dolor. La gravedad dependerá, entre otros factores, del grado y la duración de la obstrucción.

Falta de aire e irregularidad del pulso, otras señales de alarma

El dolor no es necesariamente la única manifestación de un problema cardíaco. Durante la entrevista, Athie explicó que también pueden aparecer otros síntomas que deben llamar la atención, especialmente cuando se presentan junto con una molestia torácica. La falta de aire o disnea, por ejemplo, puede ser una señal de que el corazón no está funcionando adecuadamente como bomba. El especialista señaló como ejemplo una persona que al subir una escalera comienza a quedarse sin aire de una manera que no resulta habitual para ella. “Eso también es una bandera roja”, afirmó.

También puede aparecer una irregularidad en el pulso, aunque el especialista advirtió que no existe un único patrón que permita identificar un evento coronario. Athie señaló que algunos infartos pueden incluso ser “silentes”, es decir, presentarse sin el dolor típico, particularmente en determinados grupos de pacientes como personas con diabetes y algunas mujeres. Esa posibilidad refuerza la importancia de no reducir la evaluación cardíaca exclusivamente a la presencia de un dolor intenso en el centro del pecho. Otros síntomas, antecedentes y cambios en el funcionamiento habitual del organismo también deben ser tenidos en cuenta. En todos los casos, la decisión sobre la gravedad del cuadro corresponde a un profesional de la salud.

La prevención también forma parte del cuidado cardiovascular

Hacia el final de la columna, Singereisky y Athie dejaron planteada la necesidad de continuar trabajando sobre la prevención y sobre la importancia de que las personas incorporen criterios adecuados para saber cuándo consultar. Una presión arterial controlada o un electrocardiograma normal pueden ser datos importantes, pero no necesariamente permiten descartar por sí solos todas las patologías cardiovasculares. Por eso, el objetivo de este tipo de conversaciones es que los pacientes puedan reconocer señales de alarma sin caer en diagnósticos caseros ni en falsas seguridades. Como planteó Singereisky durante la entrevista, la idea es ir “encasillando ciertas cuestiones para saber cuándo hace falta de urgencia concurrir a un profesional”.

La conversación entre el Dr. Juan Carlos Singereisky y el cardiólogo Mariano Athie dejó así un mensaje central: el dolor de pecho no debe ser ignorado ni interpretado a partir de experiencias ajenas. Aunque la mayoría de las consultas por este síntoma no tengan finalmente un origen cardíaco, solamente una evaluación profesional puede establecerlo con seguridad. Reconocer un dolor opresivo, su posible irradiación hacia mandíbula, cuello, hombros o brazos, la presencia de falta de aire, transpiración, náuseas o la aparición de la molestia en reposo puede ayudar a identificar situaciones que requieren atención inmediata. En una posible emergencia cardiovascular, además, el tiempo constituye un factor determinante para reducir el daño. La recomendación que atraviesa toda la entrevista es sencilla: ante un dolor de pecho que genere dudas, no automedicarse, no compararse con lo que le ocurrió a otra persona y consultar rápidamente a un profesional.