La institución de nivel inicial de Pueblo Esther cumple una década de historia y lo conmemora con una serie de actividades que involucran a familias, docentes y vecinos. Su directora, Carina Mangussi, repasó el recorrido de estos diez años, la construcción de la identidad institucional y el desafío de sostener una escuela pública abierta a la comunidad.
El Jardín de Infantes Cupulún, ubicado en el barrio Cozzoni de Pueblo Esther, está celebrando su 10° aniversario y lo hace con un fuerte énfasis en la memoria, la identidad y la participación comunitaria. Su directora, Carina Mangussi, definió este año como un tiempo de “muchas emociones”, marcado por la evocación de lo construido desde 2015, cuando el nivel inicial se independizó del primario por decisión ministerial, dando nacimiento a una institución con vida propia.
“Todas las actividades que iniciamos desde principio de año, conjuntamente con el equipo docente, la asociación cooperadora y la comunidad, están pensadas para recuperar nuestra historia y fortalecer la identidad del jardín. Queremos que noviembre, en el cierre pedagógico, sea un gran festejo colectivo donde podamos mostrar lo transitado en estos diez años”, explicó Carina Mangussi en diálogo con Radio Enlace.

Un nuevo edificio y una comunidad activa
El jardín funciona desde hace tres años en su edificio actual de barrio Cozzoni, un espacio que la directora describió como “maravilloso” y que permitió ampliar y mejorar las condiciones para el desarrollo pedagógico. Hoy cuenta con una matrícula de 160 niños y niñas, repartidos en turnos mañana y tarde.
El aniversario encuentra al Cupulún consolidado como una institución con fuerte inserción social. La comunidad educativa no solo acompaña la vida diaria del jardín, sino que también participa activamente en las iniciativas que buscan dejar huella. Una de ellas fue la elección de la bandera institucional, proceso en el que intervinieron las distintas salas y familias, y que derivó en una votación abierta. En breve, esa bandera flameará por primera vez en el mástil del jardín.
Otra propuesta significativa fue la instalación de urnas en distintas instituciones locales, incluida la Municipalidad, para que vecinos y exalumnos puedan dejar recuerdos, anécdotas o palabras sobre su paso por el jardín. “Queremos que ese material forme parte del cierre de este año, porque la memoria colectiva es la mejor manera de celebrar”, subrayó la directora.

La construcción de un nombre con identidad
Un aspecto clave en la vida del Cupulún fue la búsqueda de un nombre propio. Durante 2019, docentes, familias y alumnos participaron de un proyecto destinado a encontrar una denominación que representara la identidad institucional.
“Ese proceso lo llevamos adelante todo el año, con propuestas que se debatieron en cada sala. Se seleccionaron tres nombres, que luego fueron elevados al Ministerio de Educación. Finalmente, en enero de 2023, recibimos el decreto que nos confirmaba como Jardín de Infantes Cupulún”, recordó Mangussi.
El término proviene de un pueblo originario del sur santafesino y significa “arrullo a las infancias”. La iniciativa partió de una familia de la Sala Roja turno tarde, que sugirió la palabra. “Nos pareció maravillosa porque no la conocíamos. Empezamos a investigar y descubrimos que expresaba de manera perfecta nuestro propósito: cobijar a las infancias. Hoy estamos orgullosos de que el jardín lleve ese nombre”, destacó la directora.

Cooperadora, familias y apoyo local
La historia del Cupulún también está atravesada por el compromiso de las familias. En 2016 se conformó la primera comisión de la asociación cooperadora, que sigue funcionando hasta la actualidad. Aunque es una comisión pequeña, la directora valoró el rol que cumplen los padres y madres que la integran:
“Las familias dedican tiempo personal para cubrir necesidades edilicias, administrativas o materiales que enriquecen las propuestas pedagógicas. La escuela pública se sostiene en el esfuerzo colectivo, y en ese sentido, la cooperadora es un pilar fundamental”.
Además, el jardín recibe apoyo del Fondo de Asistencia Educativa (FAE) de la localidad, que colabora en obras de infraestructura. “Siempre que surge una necesidad, trabajamos en conjunto con el Ministerio de Educación y con el FAE. Muchas veces son las donaciones o los aportes de las familias los que nos permiten dar respuesta a demandas concretas. En la escuela pública, lo imposible se vuelve posible gracias a la comunidad”, expresó Mangussi.
Una década que deja huella
De cara al gran festejo de noviembre, la directora resaltó que este aniversario no es solo una celebración, sino también una invitación a reflexionar sobre el camino recorrido. “En estos diez años construimos una identidad propia, basada en la apertura a la comunidad y en el compromiso con la infancia. Hoy podemos mirar atrás y sentir orgullo de lo que logramos entre todos”, afirmó.
El Jardín Cupulún, que nació como una necesidad educativa de Pueblo Esther, hoy se erige como un símbolo de pertenencia para la ciudad. Un lugar donde cada niño y niña recibe el “arrullo” de la educación inicial, pero también donde cada familia y cada vecino se siente parte de una historia común.
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