La peluquera y estilista de Pueblo Esther obtuvo el cuarto puesto en la categoría de peinado de salón y el primer puesto en peinado de novia en una competencia organizada por la Cámara de Peluqueros de Rosario, realizada en el Metropolitano. En diálogo con Enlace de Noticias, Jimena Carrizo repasó su trayectoria, habló sobre su especialización en colorimetría, las nuevas tendencias, el cuidado del cabello y el desafío de ofrecer trabajos personalizados que puedan sostenerse en el tiempo. Además, contó que está próxima a finalizar su formación como instructora para comenzar a dictar cursos de colorimetría.
La peluquería y la estilística tienen detrás mucho más que una cuestión estética. Para Jimena Carrizo, estilista de Pueblo Esther, cada trabajo implica estudiar, capacitarse, conocer las características del cabello y, sobre todo, aprender a escuchar qué necesita cada persona que llega al salón. Esa mirada sobre la profesión tuvo recientemente un reconocimiento en una competencia realizada en el Metropolitano de Rosario, organizada por la Cámara de Peluqueros de Rosario. Jimena participó junto a otras colegas y consiguió dos resultados destacados: el cuarto puesto en la categoría de peinado de salón y el primer puesto en peinado de novia. El logro llegó mientras transita además el tercer año de una formación de instructorado para maestría, con el objetivo de comenzar próximamente una nueva etapa vinculada a la enseñanza de la peluquería.
El resultado en la competencia representa para Jimena una instancia importante dentro de un recorrido profesional que comenzó cuando todavía era adolescente. Contó que empezó a estudiar peluquería a los 16 años, mientras cursaba la escuela secundaria, y que desde mucho antes ya imaginaba que ese iba a ser su oficio. “A los nueve años ya decía que iba a ser peluquera”, recordó durante la entrevista. Con el paso del tiempo, aquella primera formación fue complementándose con práctica, experiencia y una capacitación constante, hasta convertir la peluquería en una profesión en la que hoy combina el trabajo cotidiano con la formación académica. Para ella, aprender también implica equivocarse, reconocer esos errores y continuar incorporando conocimientos, especialmente porque se trata de una actividad en la que se trabaja con procesos químicos que pueden afectar seriamente la fibra capilar si no se realizan correctamente.

Colorimetría: mucho más que elegir un número de una caja
Una de las principales especialidades de Jimena es la colorimetría, una disciplina que, según explicó, requiere mucho más conocimiento técnico del que puede imaginar una persona que simplemente elige un tono mirando una caja de tintura. “Tienen mucha matemática la colorimetría”, explicó, al señalar que un colorista debe analizar el tono que tiene el cabello, la base sobre la que va a trabajar, los pigmentos y las cantidades necesarias para alcanzar determinado resultado. Con los años, esa experiencia permite dejar de depender exclusivamente de los números de las tinturas y comenzar a crear colores a partir de bases neutras y pigmentos específicos. Para Jimena, esa posibilidad de crear y personalizar es justamente una de las partes más interesantes de la profesión.
En esa búsqueda de personalización, una de las técnicas en las que viene especializándose consiste en mantener el color natural de base de la clienta y realizar iluminaciones estratégicas, particularmente en aquellas zonas donde aparecen las canas y generan mayor incomodidad. El objetivo es evitar que la persona tenga que concurrir al salón cada pocas semanas para cubrir el crecimiento, diseñando un trabajo que pueda mantenerse durante varios meses. “Entonces ahí tenés que ser más, digamos, natural y ver qué le queda bien a la clienta”, explicó. La propuesta que ofrece puede permitir que determinadas intervenciones se mantengan entre cuatro y seis meses, siempre dependiendo de las características del cabello y del diseño realizado.
Esta forma de trabajar también se relaciona con una de las ideas que atraviesa toda la entrevista: la comodidad de la clienta. Jimena sostiene que no siempre se trata de seguir una tendencia o reproducir exactamente una imagen que aparece en redes sociales, sino de encontrar una alternativa que funcione para la persona en su vida cotidiana. En ese sentido, busca diseñar colores y cortes que no obliguen a realizar un mantenimiento permanente y que puedan sostenerse durante el tiempo que transcurre entre una visita y otra. La tendencia, para ella, no debería estar por encima de las características individuales de cada persona.

Las tendencias: naturalidad y menos contraste
Consultada sobre los colores que actualmente tienen mayor presencia, Jimena mencionó el brunette, con una base de tonos chocolatosos acompañada por iluminaciones más claras y de bajo contraste. También destacó una tendencia hacia colores que buscan generar un efecto más natural, como las denominadas iluminaciones “besadas por el sol”. Sin embargo, aclaró que en su salón intenta no trabajar exclusivamente en función de las tendencias de temporada. Su prioridad es analizar qué busca cada clienta, qué le molesta de su cabello y qué puede resultar más cómodo para su rutina. “Trato de buscar la comodidad de la clienta en base a lo que la clienta busca y lo que le molesta día a día”, explicó.
La misma lógica aplica a los cortes. Jimena explicó que las imágenes que circulan en revistas y redes sociales pueden servir como referencia, pero no garantizan que un determinado corte vaya a tener el mismo resultado en todas las personas. Allí entra en juego el visagismo, una herramienta que permite analizar la forma del rostro, los pómulos, el mentón y otras características para determinar cómo utilizar el cabello con el objetivo de generar una mayor armonía. “Nosotros vamos jugando en donde con el pelo rellenar para que sea un rostro armonioso”, explicó. Por eso, antes de reproducir un corte visto en una fotografía, el trabajo profesional consiste en adaptarlo a las características de quien lo va a llevar.

La sinceridad como parte del trabajo profesional
Uno de los aspectos sobre los que Jimena hizo mayor hincapié fue la necesidad de hablar con sinceridad con las clientas. En tiempos en los que las redes sociales muestran trabajos altamente producidos y editados, considera importante explicar qué hay detrás de determinadas imágenes y qué mantenimiento requieren. “Yo soy muy franca y muy sincera”, sostuvo, al contar que suele explicar cuáles son los beneficios y las dificultades de cada propuesta antes de realizarla. Un cabello puede quedar impecable al salir del salón, pero si ese resultado requiere un peinado o un cuidado específico, la persona tiene que saber que deberá continuar con esa rutina en su casa.
Esa sinceridad también significa saber decir que no cuando un trabajo puede poner en riesgo la salud del cabello. Jimena explicó que con frecuencia llegan personas con acumulación de color oscuro que quieren transformarse inmediatamente en rubias, pero que no siempre es posible realizar ese proceso sin provocar un daño importante. “Lo que nosotros hacemos desde el salón es ofrecerle lo que se puede y lo que no se puede, no”, resumió. La profesional sostuvo que su objetivo es que la clienta pueda conservar un cabello sano y que el resultado sea satisfactorio no solamente el día que sale de la peluquería, sino también en los meses posteriores.
En esa misma línea, advirtió sobre la incompatibilidad entre determinados procesos químicos. Como ejemplo, explicó que una persona que busca ser muy rubia mediante decoloración no debería combinar ese proceso con determinados tratamientos de alisado, porque puede generarse una barrera química que dificulte posteriores trabajos de coloración y termine afectando la fibra capilar. Por eso, ante determinados pedidos, la respuesta profesional puede ser negativa o implicar buscar una alternativa diferente. “Si yo quiero mantenerte como clienta y que tu cabello esté sano y esté lindo, tengo que ser la que te diga no”, afirmó. Para Jimena, esa decisión forma parte de la responsabilidad que implica trabajar sobre el cabello de otra persona.
Peinados: de los trabajos estructurados a una estética más natural
La especialización de Jimena no se limita al color. También trabaja con peinados para eventos, fiestas de 15 años y especialmente novias, incluso con servicios a domicilio para grupos familiares. En ese ámbito también observa un cambio importante en las tendencias. Según explicó, los peinados fueron dejando atrás las estructuras extremadamente fijadas, los rulos muy marcados y las formas excesivamente elaboradas para avanzar hacia propuestas más relajadas y naturales. “Ahora es todo muy tranqui, muy onda al agua, cuanto menos es más”, resumió. Esa transformación también se reflejó en la competencia en la que obtuvo el primer puesto en la categoría de peinados de novia.
El trabajo para una novia, además, implica una planificación particular porque no solamente se busca lograr un peinado atractivo, sino que debe sostenerse durante toda la jornada. Jimena contó que suele trasladarse a domicilio para atender a la novia y a otros integrantes de la familia, armando paquetes para que todo el grupo pueda prepararse para el evento. En estos casos, la preparación previa y la elección de un diseño acorde a la persona resultan fundamentales. La tendencia hacia peinados más naturales no significa, según su mirada, que haya menos trabajo detrás, sino que se busca que el resultado final tenga una apariencia menos rígida y más cercana a la personalidad de quien lo lleva.

Una peluquería pensada como espacio de bienestar
Hace aproximadamente cuatro años, Jimena decidió concentrar su actividad principalmente en el público femenino. La expansión de las barberías en Pueblo Esther le permitió dejar ese segmento en manos de profesionales especializados, aunque todavía conserva algunos clientes hombres vinculados a familias que ya atendía. “Lo que los chicos hacen es increíble porque también es una moda y la van reinventando”, reconoció al hablar del crecimiento de la barbería y de la cantidad de servicios que actualmente se ofrecen para hombres. En su caso, encontró en el trabajo con mujeres una manera diferente de pensar el salón, no solamente como un lugar donde se realiza un corte o una coloración, sino como un espacio donde la clienta puede relajarse y tomarse un tiempo para sí misma.
Ese concepto se amplió con la incorporación de otros servicios dentro del salón. Jimena contó que una amiga trabaja allí realizando manicura y perfilado de cejas, lo que permite que una clienta pueda resolver distintas necesidades durante una misma visita. “Se queda dos horitas, se toma un café, charla un rato, escucha buena música, se hace las manos, las cejas y sale divina”, relató. La idea es concentrar distintos servicios en un mismo lugar y transformar la visita en una experiencia que exceda el tratamiento específico del cabello.
Una profesión que también enfrenta la crisis
La situación económica también impactó en la actividad. Jimena reconoció que el trabajo disminuyó y que muchas clientas que anteriormente concurrían cada 30 días ahora pueden espaciar sus visitas hasta 45 días. Sin embargo, destacó que la relación construida durante años permite sostener el vínculo con quienes necesitan postergar un turno por razones económicas. En esos casos, explicó que intenta recomendar productos o alternativas accesibles que no interfieran con el trabajo realizado previamente para que la clienta pueda atravesar ese período y regresar cuando pueda. “Sé que la situación del país no está para mucho más”, señaló, al explicar que prefiere preservar el vínculo y la confianza antes que perder a una clienta por intentar forzar un servicio en un momento económico complicado.
Para Jimena, la fidelidad de las clientas también constituye una parte fundamental de su recorrido profesional. Recordó sus comienzos como madre soltera y destacó que muchas de las personas que confiaron en ella durante los primeros años continúan acompañándola. “A veces uno sin nuestros clientes no podría llegar a donde está”, afirmó. Esa relación, construida durante años, es la que hoy le permite sostener su actividad y continuar capacitándose para ampliar sus conocimientos.
Del salón al aula: el próximo desafío de Jimena
Uno de los próximos objetivos profesionales de Jimena es comenzar a formar a otros peluqueros y peluqueras. Actualmente está finalizando un proceso de tres años de formación como instructora para maestría y este año espera completar esa etapa. Ya realizó junto a colegas un curso de verano en Rosario y próximamente comenzarán a incorporarse cursos vinculados con colorimetría. Su decisión de capacitarse específicamente para enseñar parte de reconocer que dominar una profesión no significa necesariamente saber transmitirla. “No es lo mismo trabajar con la cabeza que enseñar”, explicó. Por eso consideró necesario adquirir herramientas pedagógicas que le permitan transformar todo el conocimiento acumulado durante sus años de trabajo en contenidos que puedan ser comprendidos por sus futuros alumnos.
La formación también implica un esfuerzo personal importante. Jimena relató que buena parte de la cursada se desarrolla de manera virtual, con clases y trabajos que debe realizar después de una jornada laboral, mientras que cada dos meses participa de encuentros presenciales. El recorrido, reconoció, no siempre es sencillo desde lo económico ni desde la disponibilidad de tiempo, pero destacó el acompañamiento de sus docentes, compañeras y colegas para continuar avanzando. En ese proceso encontró además una nueva dimensión de su profesión, vinculada no solamente con hacer sino también con enseñar.
El recorrido de Jimena Carrizo muestra así cómo una profesión puede convertirse en un camino de formación permanente. Desde aquella adolescente que comenzó a estudiar peluquería los sábados hasta la estilista que hoy obtuvo un primer puesto en una competencia de peinados de novia, el aprendizaje aparece como una constante. La colorimetría, el visagismo, las nuevas tendencias y los procesos químicos forman parte de una actividad que exige actualización permanente, pero también una relación de confianza con cada cliente. Ahora, con la posibilidad de comenzar a enseñar, Jimena se prepara para sumar otra faceta a una trayectoria construida durante casi tres décadas. Y lo hace con una idea que resume su manera de entender el oficio: capacitarse para poder ofrecer cada vez mejores trabajos y, al mismo tiempo, transmitir ese conocimiento a quienes quieran convertir la peluquería en una profesión.





