Desde hace más de dos décadas, Laura Bassett encuentra en la vitrofusión una forma de expresión que combina técnica, paciencia e imaginación. En diálogo con Enlace de Noticias, la artesana detrás de “Artesanías con Colores” compartió cómo llegó al oficio, el proceso creativo detrás de cada obra y los desafíos que enfrenta hoy el sector artesanal en un contexto económico complejo.
Hay materiales que parecen tener límites claros. El vidrio suele ser uno de ellos. Frágil, rígido y transparente, podría parecer un elemento difícil de transformar. Sin embargo, para Laura Bassett, artesana y creadora de “Artesanías con Colores”, el vidrio es exactamente lo contrario: una materia prima capaz de convertirse en infinitas formas, colores y objetos que nacen de la imaginación.
Desde hace más de 25 años trabaja la técnica de vitrofusión, un oficio artesanal que consiste en cortar, esmaltar y fundir vidrio a altas temperaturas para crear piezas únicas. Durante una entrevista en Enlace de Noticias, Laura abrió las puertas de ese universo creativo que construyó a lo largo de décadas de trabajo constante, experimentación y búsqueda artística.
“Es vidrio común, transparente. Yo uso vidrio de dos o tres milímetros, lo corto, lo esmalto con pigmentos especiales y después va al horno a unos 800 grados. Ahí sucede la magia. El horno transforma los colores y funde todo para dar lugar a la pieza terminada”, explicó.

Un oficio que nació casi por casualidad
Como ocurre con muchas historias vinculadas al arte y la artesanía, el comienzo no estuvo marcado por un plan preciso sino por la curiosidad. Laura recuerda que sus primeros pasos llegaron a través de conocidos que estaban explorando la técnica y que, en aquellos años, prácticamente todo fue aprendizaje autodidacta: “empezamos de cero, sin saber nada. Alquilábamos un horno en Rosario y hacíamos las primeras pruebas. Eran cosas bastante espantosas si las miro hoy”, contó entre risas. Sin embargo, aquella etapa inicial fue fundamental para despertar una pasión que terminaría acompañándola durante gran parte de su vida.
Incluso recuerda una frase que terminó funcionando como un desafío personal: “hasta que una vez mi compañero me dijo: ‘Esto me parece que no es para vos’. Y justamente eso fue lo que me impulsó. Pensé: ¿cómo que no es para mí? Voy a demostrar que sí”, relató. Lo que comenzó como una prueba terminó convirtiéndose en una profesión y en una forma de vida.

Cuando el horno hace la magia
A diferencia de otras técnicas vinculadas al trabajo con vidrio, en la vitrofusión la intervención principal ocurre antes de que la pieza ingrese al horno.La artesana corta el vidrio, diseña la composición, aplica los pigmentos y luego deja que la temperatura haga su trabajo: “una vez que entra al horno ya no lo toco más. Es diferente al vidrio soplado o a otras técnicas donde se trabaja el material mientras está caliente. Acá todo se prepara antes. Después hay que esperar”, explicó.
Esa espera, lejos de volverse rutinaria después de tantos años, sigue generando la misma expectativa: “cuando pinto los colores se ven opacos, sin brillo, como una témpera. Recién cuando el vidrio alcanza la temperatura adecuada aparece el color real. Por eso siempre hay algo de sorpresa cuando abrís el horno. La ansiedad sigue siendo la misma que tenía con mis primeras piezas”, contó.
Quizás allí radique una de las razones por las que nunca se cansó de trabajar con esta técnica: “no me aburro nunca. Siempre aparecen cosas nuevas para hacer. Siempre hay una idea diferente, una combinación distinta o una forma nueva de resolver algo”, aseguró.
La creatividad también nace de las dificultades
Uno de los momentos más interesantes de la entrevista surgió cuando Laura recordó la pandemia. Como tantos trabajadores independientes y artesanos, tuvo que adaptarse a un contexto de restricciones, dificultades para conseguir materiales y una enorme incertidumbre económica. Pero en lugar de detenerse, decidió experimentar: “en esa época no podíamos movernos mucho y necesitaba seguir trabajando. Me acuerdo que iba a buscar restos de vidrio que descartaban quienes fabricaban aberturas. Después directamente les pedí que me los guardaran”, recordó.
Con ese material reciclado desarrolló algunas de las piezas de las que hoy se siente más orgullosa: “encontré unos vidrios muy gruesos y empecé a trabajar de una manera diferente. En lugar de usarlos planos, los coloqué verticales. Hice unos platos con tiras de vidrio pintadas en los bordes y cuando salieron del horno pensé: ‘Mirá lo que hice’. Fue una de esas veces donde realmente te sorprende el resultado”, relató.
La experiencia refleja una característica habitual en muchos artesanos: la capacidad de transformar las limitaciones en oportunidades creativas.

Artesanía, reciclaje y sustentabilidad
El aprovechamiento de materiales descartados no es una excepción en su trabajo. Laura explicó que frecuentemente reutiliza botellas de vidrio y otros elementos que pueden tener una segunda vida a través de la vitrofusión: “a veces corto botellas, las aplasto, vuelvo a cortarlas y las transformo en otra cosa completamente distinta. Siempre trato de reciclar todo lo que puedo”, señaló.
La práctica no sólo reduce costos en un contexto donde los insumos aumentan permanentemente, sino que también incorpora una dimensión ambiental a la producción artesanal: “el vidrio no es lo que más aumentó, pero los pigmentos sí. Cada vez que tengo que comprar materiales encuentro nuevos incrementos. Por eso también uno aprende a aprovechar al máximo lo que tiene”, explicó.
El desafío de sostener la artesanía
La conversación también permitió abordar la realidad actual de quienes viven del trabajo artesanal. Laura reconoció que las ventas han disminuido en los últimos tiempos, una situación que atraviesa a gran parte del sector: “se nota una baja. La realidad es que a todos nos está costando mucho y las artesanías no son productos de primera necesidad. Cuando una familia tiene que ajustar gastos, generalmente lo primero que se recorta son este tipo de compras”, afirmó.
Al mismo tiempo, observa cambios dentro de las propias ferias y espacios de comercialización: “hoy aparecen muchos emprendimientos distintos. Algunos son artesanales y otros tienen más que ver con la reventa o con otros tipos de producción. Son realidades diferentes”, señaló.
Pese a ese escenario, continúa apostando por el trabajo manual y por la creación de piezas únicas que conservan la impronta de quien las produce.
El valor de crear con las manos
Detrás de cada objeto que sale del taller de Laura Bassett hay horas de trabajo, prueba y error, aprendizaje y observación. Pero también hay algo más difícil de medir: la satisfacción de transformar una idea en un objeto concreto.
Después de 25 años trabajando con vidrio, todavía conserva la capacidad de asombro que caracteriza a quienes hacen del arte una forma de vida. Y quizás esa sea la verdadera esencia de “Artesanías con Colores”: demostrar que incluso un material tan cotidiano como el vidrio puede convertirse en una pieza única cuando encuentra las manos adecuadas para darle forma.
Mientras cada nueva creación espera su turno para entrar al horno, la historia vuelve a repetirse. Hay pigmentos, hay vidrio, hay paciencia y hay expectativa. Porque después de tantos años, Laura sigue sintiendo la misma emoción al abrir la puerta del horno y descubrir qué sorpresa le tiene preparada el fuego.





