Los Zapata y Zapata Concert: una historia familiar atravesada por la música

La agrupación integrada por Leonel Zapata, Darío Zapata y Bety Meini de Zapata repasa su recorrido artístico, la convivencia entre folklore y rock nacional, el rol de los músicos locales y la vigencia de la música como hecho cultural en permanente transformación.

La música en la familia Zapata no apareció como un plan ni como una decisión estratégica: estuvo siempre ahí. En la casa, en los ensayos, en la radio, en los instrumentos apoyados contra la pared. Con el paso del tiempo, esa presencia cotidiana se transformó en un proyecto artístico que hoy convive en dos formatos: Los Zapata, con un repertorio ligado al folklore, y Zapata Concert, orientado al rock nacional.

Darío Zapata y Bety Meini se conocieron jóvenes, unidos por la música, y ese vínculo dio origen a una familia donde el arte fue parte del día a día. Leonel creció en ese entorno, entre canciones, viajes y escenarios, hasta que la música dejó de ser solo un paisaje y se convirtió en un camino propio. “Nunca fue algo impuesto, la música estaba en casa y se fue dando sola”, recuerda Leonel.

Hoy, Leonel combina la experiencia escénica acumulada desde la infancia con la formación académica: cursa el Profesorado de Música en Rosario, en el Instituto Guastavino. Para la familia, ambas dimensiones se complementan. El estudio aporta herramientas, pero el recorrido vivido sobre los escenarios también forma, moldea y deja huella.

A lo largo de los años, Los Zapata participaron en distintos festivales y certámenes de alcance regional y nacional, como el Pre Cosquín y el Pre Baradero. En 2024, el Concejo Municipal de Pueblo Esther los reconoció como Ciudadanos Destacados, un gesto que recibieron con sorpresa y gratitud. No tanto por el premio en sí, sino por lo que simboliza. “Siempre estuvimos disponibles para tocar donde hiciera falta, sin pensar en reconocimientos”, expresa Bety.

Ese compromiso con la comunidad aparece como una constante en su recorrido. Instituciones, escuelas, clubes, festivales solidarios: los músicos locales suelen estar presentes cuando hay que acompañar. Sin embargo, advierten que ese rol no siempre es valorado. “Muchas veces somos los artistas del lugar los que sostenemos la actividad cultural cotidiana”, señalan, marcando una realidad compartida por muchos músicos de la región.

La falta de espacios estables para la música en vivo llevó a la familia Zapata —como a tantos otros artistas— a apostar por la autogestión. Recuerdan con entusiasmo experiencias recientes en la costanera de Pueblo Esther, donde músicos locales se organizaron de manera independiente para tocar. “Cada uno aportaba lo que tenía y se armaba algo muy lindo, con mucha respuesta de la gente”, cuentan.

Para ellos, esas iniciativas no solo generan espectáculos, sino que fortalecen el entramado cultural local. “Hay músicos muy buenos en la ciudad, de todos los estilos. Cuando no hay espacios, los creamos entre nosotros”, afirman, con la convicción de quien entiende la cultura como un trabajo colectivo.

En ese camino, también aparece una reflexión sobre la música como oficio. Más allá de la vocación, remarcan que detrás de cada presentación hay horas de ensayo, formación, inversión en instrumentos y logística. “Todavía cuesta que se entienda que la música también es trabajo”, sostienen, sin tono de queja, pero con claridad.

La convivencia entre folklore y rock no es una contradicción, sino una síntesis natural de su historia. Los Zapata y Zapata Concert no responden a una división estética rígida, sino a una organización práctica. “El rock y el folklore siempre convivieron en nuestra vida”, explican. De hecho, recuerdan que el rock fue una de las primeras experiencias compartidas, con bandas y programas de radio en Rosario durante los años noventa.

Desde su mirada, los géneros dialogan más de lo que se oponen. El folklore nutre al rock y el rock resignifica tradiciones. “Muchos referentes del rock argentino tienen una raíz folklórica muy fuerte”, señala Dario, entendiendo la música como un territorio en constante transformación.

Cada salida a tocar fuera de Pueblo Esther también se vive como una forma de representación. “Cuando tocamos en otros lugares siempre surge la pregunta de dónde somos, cómo es la ciudad”, cuentan. En ese gesto simple, la música se vuelve identidad y puente.

Actualmente, Zapata Concert continúa presentándose en distintos escenarios de la región con un repertorio de rock nacional pensado para públicos diversos y familiares. El próximo domingo se presentarán en el polideportivo de Alvear y lanzaron un nuevo material audiovisual grabado en su propia sala.

Con una trayectoria construida desde la constancia, el vínculo familiar y la autogestión, Los Zapata siguen apostando a la música como forma de encuentro, memoria y construcción cultural, reafirmando que el arte local no solo existe, sino que se sostiene y se proyecta.