Dos estudiantes de la Escuela Sara Bartfeld Rietti se destacaron en un certamen del prestigioso Instituto Balseiro

Tamara Quiroga, de Pueblo Esther, recibió una mención especial, mientras que Guillermina Tracanelli, de Villa Gobernador Gálvez, quedó entre las 12 finalistas de todo el país y obtuvo una beca para realizar una estadía de formación en Bariloche. Ambas cursan quinto año en la Escuela Sara Bartfeld Rietti y fueron acompañadas durante el proceso por docentes y directivos de la institución.

La noticia llegó a la Escuela Sara Bartfeld Rietti como uno de esos resultados que exceden una competencia y terminan convirtiéndose en una experiencia colectiva. Tamara Quiroga, de Pueblo Esther, y Guillermina Tracanelli, de Villa Gobernador Gálvez, participaron del certamen anual que organiza el Instituto Balseiro para estudiantes de los últimos años de la escuela secundaria. Las dos fueron reconocidas: Tamara recibió una mención especial y Guillermina quedó entre las 12 seleccionadas de todo el país, reconocimiento que además le permitirá viajar a Bariloche para realizar una estadía de formación.

La convocatoria proponía este año trabajar sobre políticas públicas científicas y tecnológicas en Argentina. Los estudiantes debían elaborar un ensayo original y creativo y, como parte del proceso de investigación, realizar entrevistas a investigadores y especialistas. En la escuela, el trabajo fue acompañado por docentes y directivos, pero cada estudiante tuvo libertad para elegir desde qué perspectiva abordar el tema.

“Cada uno podía abordarlo de una manera distinta”, explicó Guillermina al recordar cómo comenzó el proceso. En la institución, según contó la directora Emilia Carletti, primero hubo alrededor de siete estudiantes interesados y finalmente cinco continuaron trabajando en la propuesta. El trabajo era individual, aunque la escritura, las entrevistas y las distintas instancias de investigación fueron compartidas y discutidas con profesores y directivos.

Las elecciones de Tamara y Guillermina terminaron siendo muy diferentes, y justamente allí aparece uno de los aspectos más interesantes de la experiencia. Tamara decidió alejarse de las ciencias exactas y trabajar desde las ciencias sociales y la historia. Su investigación abordó el desfinanciamiento científico y el Proyecto Huemul del Instituto Balseiro, pero además incorporó una discusión sobre el lugar de la historia como ciencia.

La decisión no fue automática. De hecho, contó que al principio ni siquiera quería participar porque tenía que compatibilizar el certamen con las materias de la escuela. “Yo no quería trabajar para el certamen del Instituto Balseiro porque me quería ocupar más de las cosas escolares, de aprobar materias”, recordó. Incluso admitió que no le interesaban especialmente la química ni la física. Sin embargo, decidió buscar otro camino: “Voy a escribir sobre la ciencia social porque a mí me gusta la ciencia social y me gusta mucho la historia”. Allí apareció también el acompañamiento de Emilia, quien la alentó a sostener esa elección. “Si vos querés escribir ciencia social, escribí. Si vos querés escribir historia, escribí”, fue el mensaje de la directora.

Para Emilia Carletti, esa decisión también permitió poner en discusión una idea que muchas veces aparece cuando se habla de ciencia: la de reducirla exclusivamente a disciplinas como la física o la química. “La ciencia social es también decir: las ciencias sociales son ciencias”, planteó, y destacó especialmente el trabajo de Tamara junto a la profesora de Humanidades Cristina Aviano sobre por qué la historia puede ser considerada una ciencia y para qué sirve como tal.

Guillermina, en cambio, partió desde un interés que ya venía desarrollando desde los primeros años de la escuela. Su investigación tomó como eje a Sara Bartfeld Rietti, la científica cuyo nombre lleva la institución, y abordó su trayectoria, las políticas públicas de la década de 1980 durante el gobierno de Raúl Alfonsín y su comparación con el escenario actual, además de incorporar cuestiones vinculadas al género.

“Yo siempre tuve interés por la química”, contó Guillermina. Desde segundo año participa en olimpíadas científicas y, según relató, desde entonces comenzó a anotarse en todas las propuestas académicas que impulsaba la escuela. Cuando conoció la convocatoria del Balseiro, no dudó: “Cuando este año nos ofrecieron la convocatoria, ni lo dudé, me anoté”.

El certamen no consistía solamente en sentarse a escribir. Las estudiantes tuvieron que investigar, buscar fuentes, realizar entrevistas y adaptar sus trabajos a un formato académico con citas y distintos requisitos.

“Escribir un ensayo con un formato, con citas, con un montón de cosas”, recordó Tamara al describir el desafío. Guillermina realizó tres entrevistas, mientras que Tamara hizo dos, y ambas contaron con el acompañamiento del profesor de Física Emanuel Alifir y del resto del equipo docente.

Para Emilia, esa experiencia tiene un valor que va más allá del resultado final. Los trabajos fueron circulando entre los docentes y también entre las propias estudiantes, generando discusiones, búsqueda de contactos y diferentes instancias de tutoría. “Había intercambios incluso de posiciones”, explicó la directora. El proceso implicó decidir a quién entrevistar, cómo acercarse a los especialistas y cómo resolver los obstáculos que aparecían durante la investigación. Incluso hubo momentos en los que los tiempos de entrega parecían poner en riesgo la presentación del trabajo.

A eso se sumó el carácter selectivo de la convocatoria. Según explicaron durante la entrevista, fueron 597 los trabajos presentados y 53 los seleccionados, entre ellos los de Tamara y Guillermina. Luego, Guillermina quedó entre las 12 estudiantes seleccionadas de todo el país.

Una mención especial y una beca para Bariloche

El reconocimiento tuvo dos resultados diferentes. Tamara recibió una mención especial, mientras que Guillermina obtuvo una beca que le permitirá viajar a Bariloche entre el 17 y el 25 de octubre para conocer el Centro Atómico y participar de las actividades previstas por el Instituto Balseiro.

“Está por viajar a Bariloche”, contó Emilia con orgullo durante la entrevista. La beca contempla además un docente acompañante, seleccionado a partir de los antecedentes de los profesores que participaron del proceso. Este año, según explicó la escuela, la docente elegida pertenece a una institución de San Luis.

La elección generó incluso una situación particular dentro de la escuela, ya que varios de los docentes que habían acompañado de cerca a las estudiantes no podían viajar. “Fue todo un conflicto para nosotros el tema del docente”, explicó Carletti, quien destacó que la experiencia también servirá para organizar mejor futuras participaciones.

Para Guillermina, el viaje será la continuidad de un recorrido que comenzó mucho antes del certamen. Su interés por la química y las olimpíadas científicas ya forma parte de su trayectoria escolar y ahora tendrá la posibilidad de conocer de cerca una de las instituciones científicas más reconocidas del país.

“Queremos decirles: ustedes pueden”

Para Emilia Carletti, el reconocimiento también funciona como una confirmación del proyecto educativo de la Escuela Sara Bartfeld Rietti. La institución tiene alrededor de 480 estudiantes y, según explicó, busca trabajar con esa diversidad sin reducir las expectativas sobre lo que cada adolescente puede hacer.

“Esto habla mucho de la calidad educativa que tiene”, afirmó la directora. Pero inmediatamente aclaró que el objetivo no es solamente acumular premios, sino generar situaciones que permitan a los estudiantes enfrentarse a desafíos y descubrir capacidades que muchas veces ni ellos mismos reconocen.

“Queremos que ellos puedan”, resumió. Y cuestionó también una mirada que suele colocar a los adolescentes únicamente desde sus dificultades: “Sacar este mote de los adolescentes: no pueden nada”.

En ese sentido, Emilia Carletti defendió una escuela que exige y que no confunde acompañar con aprobar todo. “Somos durísimos, pero porque es una forma de exigir”, explicó al referirse incluso a las evaluaciones internas que realizan con sus estudiantes. “Si yo digo todo ‘ay, sí, aplausos y aplausos’, ¿en qué le sumo?”. La frase sintetiza buena parte del espíritu con el que la escuela acompañó a Tamara y Guillermina: no hacer el trabajo por ellas, sino empujarlas a investigar, escribir, preguntar, defender sus ideas y aceptar también las dificultades del proceso.

Dos estudiantes, una experiencia que recién empieza

Tamara y Guillermina todavía tienen un año más de escuela por delante. Ninguna tiene completamente definido qué hará después de terminar la secundaria, aunque Guillermina ya tiene una decisión bastante clara: quiere estudiar Bioquímica. Tamara, en cambio, todavía está explorando posibilidades y contó que comenzará a pensarlo a partir de una próxima Expo Carrera.

La experiencia del Balseiro, sin embargo, ya dejó algo más que una mención y una beca. Para ellas significó investigar sobre temas que les interesaban, enfrentarse a especialistas, aprender a escribir un ensayo con exigencias académicas y descubrir que también es posible hacer ciencia desde caminos diferentes.

Y para la escuela, significó volver a comprobar que los desafíos que sacan a los estudiantes del aula también pueden transformar la dinámica de toda una comunidad educativa. Como planteó Emilia durante la entrevista, estas experiencias “mueven la escuela”: despiertan curiosidad, generan conversaciones entre cursos y muestran que el aprendizaje también ocurre cuando los estudiantes salen de los formatos habituales.

En este caso, además, el resultado tiene una dimensión regional. Tamara representa a Pueblo Esther y Guillermina a Villa Gobernador Gálvez en una experiencia de alcance nacional que pone en primer plano el trabajo, la curiosidad y el compromiso de estudiantes de una escuela técnica de la región.