La especialista cuestionó el uso del índice de masa corporal como parámetro de salud y criticó a los profesionales que reducen el dolor físico al sobrepeso. “Hay cuerpos que duelen sin que la medicina encuentre una causa orgánica. Ahí aparece un síntoma que habla de otra cosa”, explicó.
Valeria Baldoncini arrancó la columna con una pregunta simple y directa: ¿cómo nos relacionamos con nuestro propio cuerpo? La psicóloga, que también da clases en la carrera de nutrición de la UCA, notó algo preocupante. La gente habla mucho del cuerpo, pero no siempre entiende lo que el cuerpo dice.
“Desde la psicología sabemos que no todo puede ser dicho con palabras. Al cuerpo le pasa lo mismo”, explicó. Puso un ejemplo clínico clásico. Un paciente siente dolor en una pierna. Va al traumatólogo. Se hace estudios. No encuentra nada. “Pero a mí me duele”, insiste el paciente. Entonces, ¿qué pasa? Vaeria lo dijo claro: el cuerpo habla. Y muchas veces la medicina biológica no alcanza para entenderlo.
La psicóloga recordó los inicios del psicoanálisis. Freud trabajó con mujeres histéricas. Sus cuerpos mostraban síntomas. Dolores, parálisis, molestias. Los neurólogos de la época no encontraban explicación orgánica. “Ahí apareció el síntoma como un mensaje”, señaló.
La charla derivó en una crítica contundente. La especialista cuestionó el índice de masa corporal (IMC). “No sirve ni para saber cuánto va a llover hoy”, dijo. Contó la historia de ese indicador. Un matemático lo inventó en Estados Unidos, en plena guerra, para calcular seguros de vida. No tenía nada que ver con la salud. “Es peso sobre altura al cuadrado. Nada más”, resumió.
Pero el problema es otro. Muchos médicos usan ese número para diagnosticar. “Te duele la rodilla. Tenés sobrepeso. Andá y solucionalo”, ironizó. El paciente se va con el mismo dolor, pero ahora también con una culpa extra. “Llegó con dolor y se fue con una carga más”, dijo.
Lo mismo pasa en otras especialidades. “Vas a la ginecóloga. Te duelen los ovarios. Bajá de peso”, ejemplificó. La psicóloga pidió cautela: el peso puede influir, pero es un factor más, no el único. Y advirtió que reducir todo al número de la balanza genera frustración y, en muchos casos, dispara trastornos de la conducta alimentaria.
Valeria Baldoncini también habló de la sobreinformación en redes sociales. Dijo que hoy la gente ya no sabe qué comer. Un profesional dice una cosa. Otro, lo contrario. Ambos son médicos. “La gente vive con miedo de comer algo”, alertó. Y propuso cambiar una sola pregunta. En lugar de preguntar “qué comés”, preguntar “por qué lo querés comer”. La respuesta cambia todo. No es lo mismo comer solo, angustiado, feliz, apurado o en familia. “Todo eso modifica la alimentación”, afirmó.
La columna tocó un tema sensible: los trastornos de la conducta alimentaria. Valeria Baldoncini dijo que hay manuales de diagnóstico claros, como el DSM-5. Pero advirtió que muchos pacientes llegan al nutricionista con un problema de salud mental. “Vengo porque tengo mucha ansiedad”, le dicen. Y el profesional se queda mirando. “Yo soy nutricionista, no sé de ansiedad”, explicó. Por eso pidió derivar a tiempo. No todo lo que pasa con la comida es un problema de nutrición.
La psicóloga comparó la salud en Argentina con la de Estados Unidos. Hace 15 días volvió de un viaje. Habló con un colega norteamericano. La lógica allá es otra. “Este es un país que se te enferma y luego te vende la cura”, le dijo el colega. Allá es normal tener pastillas para la presión y el colesterol en el baño, al lado del dentífrico. Allá ir al psicólogo te deja afuera del sistema. “No entrás más en ningún lado”, contó Baldoncini. Por eso muchos buscan terapia virtual y privada, para que no se sepa.
Valeria cerró con una idea clara: el cuerpo no es solo biología. También es lenguaje, contexto, emociones, economía, descanso. “Si no dormís bien, si trabajás doce horas, si hacés dos horas de tráfico, tu cuerpo lo sufre. El cortisol se dispara. Pero eso no aparece en una simple ecuación de peso sobre altura”, dijo.
La columna no dio recetas mágicas. Valeria evitó los consejos fáciles. En cambio, invitó a hacerse una pregunta: ¿cómo construyo mi propia salud? ¿Qué concepto de cuerpo tengo? ¿Lo cuido? ¿Lo escucho? ¿O solo lo juzgo por lo que pesa?
“El cuerpo humano es el mismo acá que en Estados Unidos. Sin embargo, la forma de tratarlo es radicalmente distinta”, reflexionó. Y dejó flotando una inquietud. En Argentina estamos yendo al modelo de salud de Estados Unidos. Y “peligrosamente”, advirtió.