Donde habita la magia: el universo de duendes creado por Nibaldo Betancur

Llegó al estudio con una caja llena de personajes. Pero no eran simples artesanías. Eran guardianes, protectores, lectores de libros, guerreros, acompañantes y buscadores de abundancia. Entre historias, rituales y sonrisas, Nibaldo Betancur abrió la puerta a un mundo donde la imaginación sigue siendo una forma válida de habitar la realidad.

Hay personas que fabrican objetos. Y hay personas que construyen universos. Nibaldo Betancur pertenece claramente al segundo grupo.

Cuando ingresó a los estudios de Enlace de Noticias no llegó solo. Lo acompañaban un ejército silencioso de duendes de distintos tamaños, colores y personalidades. Algunos parecían recién salidos de un bosque irlandés. Otros tenían aspecto de guerreros nórdicos. Había lectores empedernidos, protectores de hogares, custodios de niños y hasta especialistas en abundancia.

Todos tenían algo en común: estaban hechos completamente a mano.Y también compartían otra característica más difícil de explicar. Todos parecían tener una historia esperando ser contada.

“Yo soy artesano desde siempre. Nací en General Roca, en Río Negro, y toda mi vida estuvo vinculada al trabajo artesanal. Pero con los años empecé a notar que la gente no solamente compraba un objeto. Buscaba algo más”, cuenta Nibaldo mientras acomoda cuidadosamente cada una de sus creaciones sobre la mesa del estudio. Ese “algo más” terminó convirtiéndose en una búsqueda que lo llevó mucho más lejos de lo que imaginaba.

El artesano y el entregador

Nibaldo no se define únicamente como artesano.Tampoco como artista. Ni siquiera como creador de duendes. Prefiere utilizar una palabra que aparece varias veces durante la conversación: “Entregador”.

“Yo siempre digo que soy el entregador. Estoy en el medio entre el plano del duende y el plano humano. Los duendes pasan por mis manos, por mi mirada, por mi energía, pero después encuentran a la persona que los necesita”, explica. La afirmación puede sonar extraña para quien escucha por primera vez. Pero basta observar la pasión con la que habla de cada personaje para entender que, para él, los duendes no son simplemente un objeto exhibida en una feria.

Cada uno tiene una función. Una personalidad. Una historia. Una misión. Y también una persona esperando encontrarlo: “muchas veces termino un duende y ya sé que está vendido. No sé quién lo va a comprar. No sé dónde va a terminar. Pero sé que ya tiene dueño”, asegura.

Los duendes como espejos

Quizás una de las ideas más interesantes que aparecen durante la charla es la relación entre los duendes y los arquetipos humanos. Nibaldo cuenta que en los últimos años comenzó a interesarse por el estudio de los arquetipos, esos modelos simbólicos que representan distintas facetas de la personalidad.Y encontró una conexión inesperada: “creo que todos los personajes son arquetipos. Son partes nuestras. Algunas las mostramos y otras las escondemos por miedo, vergüenza o por lo que van a decir los demás”, reflexiona.

Por eso cada duende representa algo diferente. Está el irlandés, asociado a la abundancia. El transmutador, vinculado al cambio personal. El mayordomo, que protege los hogares. El vikingo, que actúa como guardián frente a energías negativas. El lector de biblioteca, que ayuda a encontrar ideas y caminos. Y el pequeño protector de niños, uno de los más tiernos de la colección.

Escucharlo describirlos es como asistir a una mezcla de narración oral, mitología popular y filosofía cotidiana. Porque detrás de cada historia siempre aparece una misma invitación: observarse a uno mismo.

Una feria, una conversación y una pregunta inesperada

Durante años recorrió ferias artesanales de distintas provincias. Y fue precisamente en esos encuentros donde aprendió algo que todavía lo sorprende. No todas las personas saben que están mirando duendes: “yo pensaba que todo el mundo los reconocía. Después descubrí que mucha gente se queda mirando y no tiene idea de qué son. Ahí empieza la conversación”, relata entre risas.

Es en ese momento cuando aparece su otra habilidad: la observación. Porque antes de recomendar un personaje, Nibaldo escucha, pregunta, mira. Intenta entender qué está buscando la persona que tiene enfrente. No para venderle algo, sino para descubrir qué historia puede resonar con ella.

La magia de creer

A lo largo de la entrevista aparecen rituales, monedas, llaves, piedras, libros, cerveza y objetos cargados de simbolismo. Sin embargo, Nibaldo insiste en que nada funciona desde la obligación. No hay recetas universales, no hay fórmulas mágicas, no hay dogmas.

“Lo importante es lo que le resuene a cada persona. Si uno espera el momento perfecto para empezar algo, capaz nunca llega. Lo importante es la intención”, explica. Y ssa idea atraviesa todo su trabajo.

Más allá de las historias fantásticas, los duendes parecen funcionar como recordatorios físicos de algo profundamente humano: la necesidad de creer en proyectos, cambios, búsquedas y deseos. Quizás por eso muchas personas vuelven años después para contarle qué ocurrió con el personaje que se llevaron.

Algunas historias hablan de abundancia. Otras de cambios personales.Otras simplemente de compañía. Y también están quienes regresan para decirle que nada funcionó. Ante eso, Nibaldo suele responder con humor porque incluso dentro de su universo mágico existe lugar para la autocrítica y la sonrisa.

Un refugio para la imaginación

En tiempos donde todo parece medirse por la utilidad inmediata, escuchar a Nibaldo resulta casi un acto de resistencia. Habla de imaginación sin vergüenza. Habla de energía sin intentar convencer a nadie.Habla de magia sin exigir que otros crean. Simplemente comparte.

Y quizás ahí radique gran parte del encanto de Elemento Duende. No se trata de demostrar que los duendes existen. Se trata de recordar que todavía existe algo igual de importante: la capacidad de asombro. Antes de despedirse dejó un pequeño duende de compañía en la radio. Un regalo, un gesto, una presencia simbólica que nos acompañará en este camino de comunicar

Y cuando la entrevista terminó, ocurrió algo curioso. Los duendes volvieron a la caja. Nibaldo se fue. Pero la sensación de haber visitado un mundo distinto permaneció durante un buen rato más. Tal vez porque algunos artesanos fabrican figuras. Y otros, como él, construyen historias capaces de quedarse viviendo mucho tiempo después de que termina la conversación.

Gracias por compartir con el equipo de Radio Enlace tu hermoso universo.