El doctor Lisandro Benítez Gil, de la Asociación de Mastología de Rosario, pasó por Enlace de Noticias en el marco del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama. Desmitificó la idea de que la enfermedad es hereditaria, explicó por qué el autoexamen no reemplaza la mamografía y advirtió sobre las demoras del sistema de salud. “El cáncer de mama es el principal cáncer de muerte en la mujer”, recordó.
En el marco del Octubre Rosa y del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, el doctor Lisandro Benítez Gil, de la Asociación de Mastología de Rosario, conversó con el doctor Juan Carlos Singereisky sobre controles, prevención y avances médicos. La entrevista se centró en un mensaje que el especialista repitió varias veces: la necesidad de que todas las mujeres se controlen, sin excepciones.
“Empiezo porque me parece que es una palabra rara. No hacemos prevención y ese es un primer mensaje que después podemos explicar mejor para ubicar esas energías a las pacientes”, planteó Benítez Gil. Según explicó, lo que se busca es el diagnóstico precoz, es decir, descubrir temprano la enfermedad para poder tratarla y curarla con mayor eficiencia. “Recién acabo de vivir dos o tres situaciones en el consultorio que muestran que no es la prevención, es como un descarte del problema y eso es un ejercicio subjetivo que tienen que hacer las mujeres y que hay que reconocer”, agregó.
El especialista contó que este año decidió llevar el mensaje a los clubes de barrio, donde las mujeres están con sus problemas y sus cotidianianidades. “No es la primera vez que voy a los clubes de barrio. Lo que pasa es que no tenía un ejercicio de mostrar todo lo que uno hace. Al hacerlo, existen estas revoluciones que son buenísimas, y de hecho ya me están mandando dos clubes más de barrio para ir”, contó. “Es muy hermoso ir a donde la gente está, donde las mujeres están con sus problemas, con sus victorias, con sus cotidianidades, y no que sea el lugar impoluto del consultorio. Me parece que el mejor lugar es donde cada una vive”, reflexionó.
Desmitificar la herencia
Uno de los ejes de la charla fue la idea instalada de que el cáncer de mama es hereditario. “No es correcto. El cáncer hereditario, el que viene porque mi mamá o en mi familia hay una predisposición que a mí me tocó, ronda del 5 al 10 por ciento de los casos. O sea, un pedacito del asunto. El más frecuente es el esporádico, en cualquier mujer. Por lo tanto, todas las mujeres tienen que controlar después de cierta edad, 40, 50 años según las recomendaciones y los países”, explicó.
Benítez Gil también advirtió que llevar una vida saludable no reemplaza los controles médicos. “Al ser una enfermedad no hereditaria, cualquiera tiene riesgo estadístico. Termina siendo tan frecuente como el 10-15 por ciento de la población a los 70-80 años. Es un montón. Así que el mensaje es que se tienen que controlar todas y punto”, sostuvo. Y agregó: “Aunque yo esté en actividad, coma bien, tenga una rutina interesante, eso no hace que pueda dejar de controlarme”.
La mamografía y el sistema de salud
Consultado sobre la importancia de la mamografía, el especialista fue preciso: “Reduce la mortalidad por cáncer de mama, pero la reduce un poco, no tanto como uno supone. Y tampoco reduce la mortalidad general. Entonces es una estrategia que hay que pensarla en conjunto con toda una disponibilidad y una estructuración que va pegada a la solución de problemas después de los hallazgos. Porque no es solamente el screening, sino también tener un tratamiento eficiente lo que hace que las mujeres se curen”.
En ese punto, la charla derivó hacia las dificultades del sistema de salud. “A la mujer le pedimos que se cuide y se controle en el medio de tantas cosas que se le piden: en su laburo, en su dedicación, en su maternar, en su ser sostén de muchos lugares. Y venimos nosotros y encima le decimos: ¿cómo no te controlaste?”, planteó Ingeresky. Benítez Gil coincidió: “Ni hablar si sos una mujer que tiene cinco hijos y que de casualidad llegás a darle de comer a la mamografía en tu escala de valores. Todo eso no lo estamos pensando universalmente”.
El especialista comparó la experiencia argentina con la de otros países. “A mí me gustó vivir en Italia, no porque era rico el café o porque la gente es simpática, me gustó porque todos tenían acceso a cosas que eran lo mínimo indispensable: casa, comida, salud. Y hacía que la comunidad sea más amable y menos violenta, intrínsecamente, porque no existían esas diferencias tan grandes. ¿Qué pasa en esos países? La estructura de salud del lugar, sea público o privada, te llama, te dice cómo y dónde hacer el estudio, y si tenés un problema te dice cómo seguir. Acá cada mujer elige el restaurante o el almacén donde comprar sus productos y no está estratificado el sistema para que una sepa cómo recorrerlo”, sostuvo.
Del diagnóstico al tratamiento personalizado
Benítez Gil explicó el circuito que se sigue cuando una mamografía detecta indicios de un posible tumor. “Entender sus riesgos y la posibilidad de que eso realmente sea cierto. Habitualmente traemos más estudios para caracterizar. Ahí siempre va de la mano la ecografía, que es un estudio que en Argentina es demasiado barato. A partir de la caracterización mamoecológica podemos ir directo a una punción o bien a estudios terciarios, que pueden ser con contraste endovenoso, bajo mamografía o bajo resonancia”, detalló.
Una vez que se tiene la punción, el especialista explicó que hoy se cuenta con datos anatómicos y biológicos. “Además de tener los datos anatómicos, que son las fotos que hablan de tamaños, de extensión, de si están en los ganglios, tenemos datos biológicos. Yo le digo qué característica tiene el bicho. O sea, las células, qué particularidades tienen. Y el conjunto de datos nos permite componer el lugar del problema y ahí instauramos un tratamiento que cada vez es más personalizado, cada vez es para cada una distinto”, señaló.
En ese sentido, anticipó que el futuro del diagnóstico apunta a la biología molecular y a los análisis de sangre. “Yo creo que esto va a terminar en análisis de sangre, probablemente, más adelante. Mostrar esta tendencia y a dónde, a lo mejor, nuestras hijas tengan la suerte, a corto plazo, de hacerse un análisis de sangre y saber si pueden prevenirlo”, dijo.
El autoexamen no alcanza
Sobre el cierre, Benítez Gil fue categórico respecto al autoexamen. “Nosotros promovemos la mamografía, la consulta con el médico de cabecera y el autoexamen, el conocerse al cuerpo propio, que me parece muy interesante como mensaje. Pero la mujer que se autoexamina no está controlada, tiene que ir al médico a hacer los estudios, por favor, porque hay una repetición, hay una noción de que yo me reviso y con eso alcanza. No, chicas, por favor, hacerse la mamografía anual y hacer la consulta con el ginecólogo o ginecóloga”, insistió.
Y agregó: “Reconocer su cuerpo es muy importante, pero con lo del cáncer de mama, la manera de tratarlo adecuadamente es descubrirlo muy chiquitito, antes de que lo podamos tocar. Cuando reconozcan en su teta un nódulo está bien consultar, pero ahí ya llegamos un poco más tarde de lo que he indicado”.
Sobre la frecuencia de los controles, el especialista mencionó que la Sociedad Argentina de Mastología recomienda una vez por año, mientras que el Ministerio de Salud sugiere cada dos años. “Lo que sea, regularmente, y que ese médico o médica te conozca, conozca tus inquietudes y conozca tu físico para poder acompañarte”, sostuvo.
Al cierre de la columna, Ingeresky reflexionó sobre la necesidad de que las mujeres se apropien del derecho a cuidarse. “Si vas al dispensario y no te hacen la seno, yo sé que es terriblemente difícil, pero lo que deberíamos poder hacer es patearle la puerta al director. No me voy de acá hasta que no me den el turno de mi mamografía. Apuesto a que podamos avanzar en ese concepto, apropiarnos del derecho que tenemos a cuidarnos”, cerró.





