La jornada permitió poner en discusión cómo el uso cada vez más extendido de celulares y dispositivos digitales está modificando los hábitos de niños, niñas y adolescentes. Juan Martinelli, coordinador de Cultura de General Lagos, planteó la necesidad de recuperar la lectura, el juego y los espacios de encuentro como herramientas para fortalecer la atención, la comunicación y los vínculos, sin convertir el debate en una condena a la tecnología ni en una búsqueda de culpables.
La campaña “Leer Funciona” comenzó a tomar forma en General Lagos a partir de una preocupación que fue apareciendo en diferentes instituciones de la localidad: las dificultades cada vez mayores para sostener la atención, comprender textos, desarrollar la oralidad y acompañar los procesos educativos de niños y adolescentes en un contexto atravesado por el uso permanente de dispositivos digitales. La iniciativa, impulsada desde el área de Cultura de la comuna y articulada con instituciones educativas y otros espacios de la comunidad, busca abordar el problema desde una perspectiva amplia y propositiva. En diálogo con Enlace de Noticias, Juan Martinelli, coordinador de Cultura de General Lagos, explicó que el proyecto nació después de conversaciones con distintas instituciones que coincidieron en advertir cambios significativos en los últimos años. “Cómo cuesta todo más mantener la atención y si no mantener la atención, transmitirles cualquier conocimiento, cualquier enseñanza se complica”, señaló Martinelli al describir una preocupación que, según aclaró, excede ampliamente a la localidad y forma parte de un fenómeno de alcance mundial.
El nombre de la campaña no fue elegido al azar. Juan Martinelli explicó que la intención fue evitar que la propuesta se convirtiera simplemente en una campaña contra el celular o las nuevas tecnologías y, en cambio, ofrecer una alternativa concreta frente a un escenario que muchas familias y docentes viven cotidianamente. “Queríamos ser propositivos”, explicó, y sostuvo que la lectura constituye una actividad particularmente completa porque permite trabajar capacidades que pueden verse afectadas por el consumo permanente de contenidos digitales. Según su planteo, leer contribuye a recuperar la atención, la memoria, la imaginación y la paciencia, pero además permite ejercitar una capacidad básica: comprender un código abstracto y construir significado a partir de él. Por eso, la propuesta no apunta exclusivamente a quienes ya tienen incorporado el hábito de leer libros, sino que busca ampliar la mirada sobre qué significa leer y recuperar diferentes formas de acercamiento a la palabra escrita.
Una problemática que atraviesa a las escuelas y a las familias
Uno de los puntos centrales de la propuesta es que “Leer Funciona” no pretende colocar toda la responsabilidad en la escuela. Martinelli planteó que la primera infancia constituye una etapa fundamental para el desarrollo de las capacidades comunicativas y que en ese proceso la familia tiene un papel determinante. Leer un cuento antes de dormir, conversar con los hijos o compartir una actividad sin la presencia permanente de una pantalla son prácticas que, desde su perspectiva, contribuyen tanto al desarrollo del lenguaje como a la construcción de vínculos. “La formación no sólo de transmitirle vocabulario cuando le decís no, sino de construir un vínculo, construir confianza para toda la vida”, explicó. En ese sentido, la campaña busca construir una red que incluya a las instituciones pero también a las familias, porque el problema no puede ser abordado desde un único sector.
La experiencia previa que permitió poner en números parte de esta preocupación fue un relevamiento realizado en noviembre del año pasado en la Escuela de General Lagos. La encuesta estuvo dirigida a estudiantes de segundo ciclo —cuarto, quinto, sexto y séptimo grado— y también a sus padres y madres, con el objetivo de conocer cómo se relacionaban los chicos con el celular y cuáles eran las percepciones de las familias. El proceso no estuvo exento de dificultades: algunos padres no autorizaron la participación de sus hijos, otros enviaron las encuestas sin completar y hubo estudiantes que nunca llevaron la autorización correspondiente. Para Martinelli, incluso esas dificultades terminaron ofreciendo información sobre la problemática que se estaba intentando estudiar. “Habla de que nos está faltando atención, nos está faltando comunicación en esta hiper comunicación justamente que provee el celular”, reflexionó.
Los resultados del relevamiento aportaron algunos datos que fueron utilizados como punto de partida para las charlas. El 80% de los estudiantes encuestados ya contaba con un celular propio, mientras que un 7% señaló que lo tenía desde los seis años. Además, un 52% de las familias manifestó que hubiese preferido esperar antes de entregarles un teléfono celular a sus hijos, mientras que un 70% indicó que la principal razón para hacerlo estaba relacionada con la comunicación y la seguridad. Entre los chicos encuestados, el 60% señaló a TikTok como su aplicación preferida. Martinelli consideró que estos datos permiten discutir no solamente la edad a la que los chicos reciben su primer teléfono, sino también qué tipo de dispositivo se les entrega y qué posibilidades de acceso a internet supone.
“No se trata de retar” a las familias
Uno de los aspectos que Martinelli consideró más importantes fue evitar que este debate termine transformándose en una acusación hacia padres y madres. El coordinador de Cultura reconoció que se trata de un tema incómodo porque muchas familias recurren al celular como una herramienta para organizar la vida cotidiana en contextos de trabajo, cansancio y múltiples responsabilidades. Por eso, las charlas fueron pensadas como espacios para “parar la pelota”, reconocer que existe un problema y comenzar a buscar alternativas posibles. “Hay que correrse de esta cuestión de retar o estigmatizar o señalar a las maternidades, a las paternidades de hoy por hoy. Estamos en un mundo muy complejo”, sostuvo. La idea es que la conversación permita acompañar a las familias en lugar de generarles culpa.
Martinelli también habló desde su propia experiencia y reconoció que el problema del uso excesivo de las pantallas no afecta exclusivamente a niños y adolescentes. Explicó que incluso mientras trabaja frente a una computadora puede experimentar una dispersión permanente provocada por las notificaciones y la multiplicidad de estímulos que aparecen en el teléfono. “Te perdés el foco, perdés la capacidad de concentración, de memoria”, describió, antes de plantear que si ese mecanismo resulta difícil de controlar para un adulto, el desafío es todavía mayor para un niño que está desarrollando sus capacidades de autorregulación. “Cuanto más temprana edad, peor, menos capacidad de autorregulación tenés”, sostuvo.
En ese punto aparece uno de los principales fundamentos de “Leer Funciona”: no alcanza con decirles a los chicos que dejen el celular si no existen otras actividades disponibles que puedan competir con la enorme cantidad de estímulos que ofrece una pantalla. Martinelli propuso recuperar prácticas sencillas que muchas familias ya tienen en sus hogares, pero que muchas veces permanecen guardadas o relegadas. “Hay muchos papás, mamás, hijos que tienen Rastis, que tienen Legos en la casa. No los tengas en una caja guardada, ponelo en un pocillo arriba de la mesa, que estén disponibles”, ejemplificó. También planteó recuperar el hábito de mirar películas juntos y conversar sobre ellas, porque el acompañamiento adulto modifica la experiencia y permite transformar una actividad pasiva en una instancia compartida.
Leer como alternativa y no como obligación
Para el coordinador de Cultura, recuperar la lectura tampoco significa imponer el formato tradicional del libro como única posibilidad. Durante la entrevista explicó que cuando se habla de promover la lectura muchas veces se genera la imagen de una persona leyendo grandes volúmenes de literatura, cuando en realidad el objetivo inicial debería ser mucho más sencillo: volver a ejercitar la lectura. Martinelli recordó que durante su infancia leía revistas como Billiken y otras publicaciones, aunque no necesariamente libros completos, y consideró que esas experiencias también fueron importantes para desarrollar el hábito. “No hablamos de leer para hacer cultos”, aclaró, sino de recuperar el ejercicio de leer, reconocer letras y comprender un código que exige trabajo intelectual.
Incluso los intereses actuales de los chicos pueden convertirse en una puerta de entrada. Durante la conversación surgió el ejemplo de los mangas, que tienen una importante circulación entre adolescentes y jóvenes. Martinelli planteó que, si un chico está interesado en una determinada historia que también tiene una versión audiovisual, se puede intentar acercarlo primero al manga y utilizar ese interés como una forma de recuperar el contacto con el papel y la lectura. “Es una forma también de lectura. Además que ya estás con el papel, es analógico, es otra cosa”, explicó. La estrategia, entonces, no consiste necesariamente en imponer qué deben leer los chicos, sino en encontrar aquellos intereses que puedan funcionar como puente hacia el hábito lector.
Una campaña pensada como red
Otro de los ejes que Juan Martinelli remarcó fue la necesidad de que la iniciativa no quede limitada al área de Cultura. “Leer Funciona” fue concebida como una campaña en red, a partir del trabajo conjunto con instituciones educativas, sociales, deportivas y culturales de General Lagos. El primer paso fue reunir a representantes de esas instituciones para compartir las preocupaciones que estaban apareciendo en cada uno de los espacios y analizar de qué manera podían trabajar en conjunto. “Construir la red es fundamental”, afirmó Martinelli, quien entiende que la cultura no puede pensarse como una actividad cerrada dentro de una institución, sino como un proceso permanente de intercambio de conocimientos.
La experiencia de la primera charla permitió además confirmar la necesidad de continuar con la propuesta. Martinelli reconoció que la convocatoria inicial no fue la esperada, algo que atribuyó en parte a las características del tema y a las propias dificultades para lograr que las familias se acerquen a debatir sobre una herramienta que forma parte de su vida cotidiana. Sin embargo, explicó que las instituciones participantes quedaron conformes y que la intención es repetir las charlas y llevarlas a otros espacios. “Vamos a seguir repitiendo la charla y por mi parte, también disponible para llevarla y llevar el tema a todos los lugares posibles”, sostuvo.
El próximo paso será continuar trabajando con las instituciones educativas y, particularmente, con el nivel inicial. Martinelli confirmó que la propuesta llegará al Jardín N° 361, ampliando el alcance de una campaña que considera especialmente importante para abordar la primera infancia. El objetivo es que la conversación no comience cuando los chicos ya tienen incorporado un uso intensivo del celular, sino que pueda instalarse antes, cuando todavía se están construyendo los hábitos y las formas de relacionarse con el mundo. En ese sentido, la campaña plantea una discusión que excede ampliamente el uso de una aplicación determinada: se trata de pensar qué lugar ocupan las pantallas, la lectura, el juego y el vínculo familiar en el desarrollo de las nuevas generaciones.
Más allá de las diferencias que puedan existir sobre el uso de los teléfonos, el planteo de “Leer Funciona” parte de una certeza compartida por quienes impulsan la iniciativa: el celular llegó para quedarse y no se trata de pretender regresar a un mundo sin tecnología. El desafío está en construir herramientas para que niños, adolescentes y adultos puedan relacionarse con ella de una manera más consciente, sin que las pantallas terminen desplazando completamente otras experiencias fundamentales. En esa búsqueda, la lectura aparece como una de las alternativas posibles, pero también el juego, las conversaciones, las películas compartidas, los espacios comunitarios y cualquier actividad que permita recuperar el contacto humano. “Nadie se salva solo”, sintetizó Martinelli al referirse a la necesidad de que familias e instituciones asuman el desafío de manera colectiva.




