“Acá la municipalidad no existe”: el reclamo de un pescador de la Bajada Colacho en medio de la crecida

Pablo Rodríguez vive desde hace 40 años en la Bajada Colacho de Pueblo Esther. Mientras el agua avanza y los vecinos de otras zonas reciben asistencia, él denuncia el abandono del Estado municipal. “No viene un concejal, no viene nadie. La municipalidad cero”, sostuvo en Radio Enlace. A pesar de todo, como pescador, ve la crecida como un ciclo necesario para la reproducción de los peces.

La crecida del río Paraná avanza sobre las zonas costeras de Pueblo Esther y los vecinos de la Bajada Colacho observan el agua con preocupación. Pablo Rodríguez, pescador y vecino del lugar desde hace cuatro décadas, describió en Radio Enlace una situación que, por ahora, no obligó a evacuar a las familias, pero que ya anegó las calles y se acerca a las viviendas. “Algunos vecinos ya les ha llegado el agua, yo todavía no la tengo, pero en cualquier momento la vamos a tener cerca. Habrá llegado a cuatro casas nomás, pero están en la vereda. Las calles ya están anegadas”, relató.

Según sus cálculos, el agua está a unos diez metros de la línea de las casas. Una madre decidió mudarse a la casa de un familiar “por estar más cómoda”, pero nadie fue evacuado formalmente. La situación, sin embargo, podría complicarse si las lluvias continúan. “No sé, yo como pescador estoy tranquilo. Lamentablemente las cosas que le han pasado a otra familia tienen que suceder porque la creación del pescado tiene que reproducirse. No se olviden que tuvimos muchas bajantes, como tres años sin agua, el pescado se moría porque no tenía dónde reproducirse. Hoy, para la humedad y todo eso, para lo que es la fauna, es necesaria una crecida así. Cada diez años siempre viene una grande”, explicó.

Esa mirada, la del hombre que convive con el río y conoce sus ciclos, contrasta con la urgencia de quienes viven en la zona urbana. “El pescador se crió arriba del agua. Es feo para la gente que no es pescadora, que lamentablemente ha vivido o tiene que vivir porque no tiene otro lugar en zonas bajas. Y nunca preguntan antes de edificar si alguna vez inundó, hasta dónde vino la creciente. Hay gente inconsciente que va y hace casas en el suelo, en vez de averiguar antes”, reflexionó. Él mismo, en cambio, contó que intentó rellenar el terreno y comprar camiones de escombro para levantar el camino, pero la ayuda municipal nunca llegó. “Siempre he tratado de progresar, pero hay gente que no lo piensa igual que yo”.

“La municipalidad cero, los concejales ni existen”

El reclamo de Pablo Rodríguez fue directo hacia las autoridades locales. “La municipalidad no la veo hace un montón. No viene un concejal, no viene nadie. La municipalidad cero, los concejales ni existen. La verdad, acá esta bajada es la bajada de Pueblo Esther. Creería que la tendrían que tener un poco más ordenada. Yo vivo hace 40 años acá, toda la vida se pidió para que arreglen la bajada y hoy tenemos un camino de barro. No la arreglan, le tiran piedra y cuando llueve se lava o los autos patinan. No les costaría nada tirar un poco de asfalto. Tienen el poder, tienen los medios, tienen las maquinarias. Tuvimos que insistir un mes entero para tener unas camionadas de tierra”, denunció.

En contraste, destacó la labor de los bomberos y de la CAO. “Estoy agradecido con la gente que viene a preocuparse, tanto como la CAO, los bomberos que han venido a ayudar. Ellos fueron los primeros que vinieron aquí a ver cómo estaba la situación. De parte de ustedes, de la radio, que también quieren hacer esto viral para que la gente esté al tanto. Esta bajada está medio olvidada por el municipio”, agregó.

Los peligros de la crecida

La crecida no solo trae agua. También trae peligros. “El río está más peligroso. Tiene mucha más presión, mucho caudal, hay muchos troncos, camalote. Lo que trae el río es muchas cosas que han estado varadas por mucho tiempo”, señaló Rodríguez. Y advirtió sobre la presencia de animales. “No he visto ninguna víbora todavía, pero no va a faltar la oportunidad. Uno tiene que estar con los lugares ordenados, limpios, no hacer montoneras de leña, no poner las cosas en alto y tratar de no darle lugar a las bichas. Siempre mirar al suelo, a los costados. Eso se lo da años y años de haber vivido en el lugar, los padres, los abuelos, uno mismo lo enseña a cuidarse”.

Sobre los mosquitos, que en la zona urbana ya son una molestia, Rodríguez contó que en la Bajada Colacho todavía no son un problema. “Acá no hay mosquitos. Hasta hoy no estoy usando un espiral. Para los chicos que salen a jugar afuera se les pone repelente por las dudas, pero no somos de poner espirales y no hay tantos. Deben ir para el pueblo, porque acá no queda ninguno”, dijo entre risas.

Un pedido para después de la crecida

Pablo Rodríguez no pidió ayuda de emergencia. Pidió algo más simple y más duradero: que las autoridades se acuerden de la Bajada Colacho cuando el agua baje. “Qué lindo que sería que esto llegue a oído del municipio para que puedan hacer una contención. Siempre se acuerdan cuando está el peligro. Cuando está bajo, que tienen la posibilidad de ayudarnos, no vienen. Se acuerdan a última hora. Eso tendrían que reflexionar un poco y decir: ‘Maestro, después de esta crecida, cuando baje, ocupate un poquito’. No son muchas familias. Hay cuatro casitas nomás que viven acá. No es mucho el esfuerzo que tienen que hacer”, cerró.