El equipo Cansat de la EETP N.° 643 “Granaderos de San Lorenzo” fue seleccionado entre doce equipos de Argentina, Brasil y Uruguay para el evento internacional de diseño de satélites más importante de Latinoamérica. El prototipo, del tamaño de una lata de gaseosa, tomará imágenes y medirá monóxido de carbono para detectar incendios forestales. Competirán del 24 al 27 de noviembre en la Universidad Nacional de San Martín. “Es una reafirmación de nuestro método de trabajo”, sostuvo el profesor Marcelo Aimetta.
La Escuela de Educación Técnica Profesional N.° 643 “Granaderos de San Lorenzo” de Roldán volverá a mirar al cielo. El equipo Cansat de la institución fue seleccionado para participar del Cube Design 2026, el evento educativo de diseño y desarrollo de satélites más importante de Latinoamérica, que se realizará del 24 al 27 de noviembre en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y reunirá a doce equipos de Argentina, Brasil y Uruguay. Es la tercera vez que los estudiantes roldanenses se destacan en certámenes de tecnología aeroespacial, tras haber participado en las ediciones 2022 y 2023 de CANSAT Argentina, organizado por la CONAE.
El profesor Marcelo Aimetta, uno de los docentes a cargo del proyecto, dialogó con el programa Enlace de Noticias y explicó el alcance de la convocatoria. “Es la primera vez que se hace en Argentina, porque se estaba haciendo en Brasil los años anteriores. Es un concurso internacional. Nosotros ya habíamos participado en CANSAT, que organiza CONAE, en las dos ediciones anteriores, la primera en 2022 y la segunda en 2023. En 2023 quedamos entre los cinco finalistas que lanzan el satélite. Así que ya es la tercera”, relató. La selección para el Cube Design, según contó, fue sorpresiva: “La verdad, no nos esperábamos esta selección. Volver a estar en los primeros lugares, esta vez en un evento internacional, es una reafirmación del método de trabajo del equipo”.
Un satélite del tamaño de una lata de gaseosa que huele el humo
El prototipo que llevarán a la UNSAM es un CANSAT: un satélite educativo que cabe en el volumen de una lata de gaseosa y que debe ser lanzado con un dron para cumplir su misión. “Es un satélite muy pequeñito, del tamaño de una lata de gaseosa. Tiene que entrar todo ahí: el paracaídas, el mecanismo de disparo, las comunicaciones”, detalló. El objetivo de este año es ambicioso: detectar incendios forestales. “Lo que hace es tomar imágenes con una pequeña cámara en la parte inferior, y después toma lecturas de monóxido de carbono y de gases contenidos en los humos de los incendios forestales. Tiene un GPS que geolocaliza la imagen, entonces a la imagen le pone dónde la está tomando junto con las lecturas de gases. Te puede detectar un incendio y decir dónde está”, explicó.
El lanzamiento se realizará a 100 metros de altura mediante un dron. “Mientras desciende con el paracaídas va tomando la imagen y la lectura”, describió el docente. Todo el proceso —desde el diseño en 3D y el circuito electrónico hasta la programación del mecanismo de apertura del paracaídas— es un trabajo de meses que los estudiantes realizan en horario extraescolar, aunque articulado con los conocimientos de la tecnicatura. “Diseñar en 3D, hacer el circuito electrónico, planificar, trabajar en equipo, son habilidades que van desarrollando dentro del currículum oficial, pero a su vez es un trabajo paralelo, porque acá tenemos objetivos que cumplir”, sostuvo.


“Todos tienen recursos, nosotros los conseguimos por nuestra cuenta”
A diferencia de otros concursos que reciben kits o financiamiento de las empresas, en esta oportunidad gestionar sus propios recursos. “En nuestro caso no nos dan nada. Todos los recursos los encontramos por su cuenta”, afirmó el profesor. “La ventaja que tenemos es que hace bastantes años que trabajamos en esto, hemos llegado a la mayor instancia de los concursos y ya nos conocen en todos lados. Es un poco más sencillo conseguir recursos porque pedimos y los conseguimos, pero es toda cuestión de gestionar, hablar con una persona, hablar con otra, buscar financiamiento”. El costo de los materiales ronda los 300 mil o 400 mil pesos, una cifra menor si se la compara con un sensor satelital real, pero significativa para una escuela pública.
El equipo está integrado por estudiantes de segundo año en adelante. “A veces los invitamos, a veces vienen solos. Hay otro equipo trabajando en un auto a control remoto, chicos de segundo año que recién empiezan, que han diseñado una aplicación en el celular para comunicarse con el auto”, contó Aimetta. El entusiasmo, dice, es tal que a veces tiene que frenarlos: “Estarían todo el tiempo. A veces me dicen ‘vamos hoy’ y les digo ‘no, pará, porque no puedo, tengo que dar clases’”.


Una escuela que apuesta a la ciencia y la tecnología
La EETP N.° 643 tiene orientación en Técnico en Equipos e Instalaciones Electromecánicas y viene desarrollando una labor sostenida en proyectos de innovación. Además del Cansat, la escuela construyó un auto eléctrico que compitió en el Desafío Eco YPF y un equipo de estudiantes diseñó una máquina que selecciona tapitas por color mediante una cámara. “La idea es seguir el avance de la tecnología, porque nuestro rubro es uno de los que van a la velocidad. Un año al otro queda obsoleto lo que sabías”, reflexionó el docente.
Aimetta también se refirió a los desafíos de la educación técnica. “Tenemos varias realidades dentro de la escuela. Hay materias que es difícil llevarlas adelante, como formación ética, historia, geografía. Los chicos hablan de cualquier cosa delante mío, agarran la fotocopia, le sacan una foto y me resuelven las preguntas. Porque no les interesa la temática. El esfuerzo no les interesa en algunos casos, porque tienen todo resuelto de una manera muy sencilla”. Frente a ese diagnóstico, los proyectos prácticos aparecen como una herramienta para despertar vocaciones: “A todos les interesa, pero si vos les mostrás otra cosa, la agarran y les encanta”.
Sobre el final, el profesor dejó una reflexión sobre el rol docente. “A veces llevo un agotamiento a mi casa que no me puedo recuperar para el otro día. Dar clases implica un costo emocional y de energía enorme si te dedicás realmente y preparás las clases y le prestás atención a los chicos, que no son chicos que viven en una nube, tienen problemas en su casa, hay problemas económicos, vienen y te cuentan cosas. Es complejo y duro”. Aun así, el desafío de poner un satélite en el aire, aunque sea por unos minutos, parece justificar el esfuerzo.




